Tengo un amigo, cuya profesión es la ciencia, a quien pienso regalarle un ejemplar de mi Manual sadomasoporno. Previa una "Hermano, si no me mandas al carajo a causa de mi supuestamente degenerada narrativa, creo que lo harás con motivo de mis 'dieciséis opiniones sobre la ciencia'". Sin duda me contestará: "Pero Laisek —así me llama—, es imposible que nuestra amistad se termine, después de tantos años, sin ninguna razón". "Espera a leerlo primero", será en tal caso mi comentario final. Bien. Siempre estuve en contra de las modas, tanto en el erotismo como en lo científico. La mayor parte del ibro aparanta ser la narración de un tipo que se las sabe todas, hasta que al final vemos que es una historia de amor. Aquí queda claro lo vulnerable que es uno cuando quiere a otro. Quien se enamora es un inocente. O queda en un estado de inocencia, por lo menos. Es la inversa de El Francotirador de Weber, donde el personaje hace un pacto diabólico. El enamorado, por el contrario, realiza un pacto luminoso, pero, al igual que en la ópera mencionada, le espera "la garganta de los lobos": el horrible desfiladero. En este mundo se perdona todo menos la felicidad. ¿Qué ácido corrosivo podría compararse a los celos y a la envidia de los convencionales? Ellos, los de la moda, los enemigos de todo lo distinto, los que usarán las balas mágicas del Francotirador para matarte.
Alberto Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941, pero pasó su infancia en Camilo Aldao, un pueblo ubicado en el límite entre las provincias de Córdoba y Santa Fe. Tras abandonar sus estudios de ingeniería química, trabajó en diferentes oficios en distintas provincias: fue cosechero, empleado telefónico y corrector de pruebas en un periódico. En 1976 publicó su primera novela, «Su turno para morir», y seis años después su segundo libro, «Aventuras de un novelista atonal». A partir de entonces, escribiría y publicaría un libro cada dos o tres años. La década de los noventa es considerada por críticos y lectores una clave de la producción literaria de Laiseca, pues termina de delimitar una zona de interés y donde la escritura hace cumbre: «La hija de Kheops», «La mujer en la muralla», «El jardín de las máquinas parlantes» y, sobre todo, «Los Sorias», uno de los proyectos más vastos y vigorosos de la literatura argentina.
Su obra completa es extensa y compleja: más de veinte libros en varios géneros, del cuento a la novela, pasando por el ensayo y por textos de género más híbrido. Sus ficciones, que inventan mundos singulares y apelan a la imaginación y a la desmesura, han suscitado la admiración incondicional de numerosos escritores, críticos y lectores.
Este es quizá uno de los libros mas divertidos y más incómodos que he afrontado en mi vida. En él Laiseca explora los límites del humor poniendo al lado de consejos de sadomasoquismo, su visión del sexo y una que otra locura personal. Mis recomendaciones: no se lo tome a pecho, despréndase de sus prejuicios y disfrute. Si usted es muy radical con sus creencias, por favor pase de largo.
Recuerdo haber salido de la facultad el día que se anunció que Manual Sadomasoporno ya estaba en librerías a comprarlo y que luego de pedirlo en la librería me miraran raro. NO sabían ni tenían idea en esa librería enorme de Avenida Corrientes lo que yo estaba comprando. No estaba comprando un manual para aprender sadomasoquismo, estaba comprando un ensayo novelado o una novela ensayada o una ensayela o una noveyada o algo así. Cada tanto releo algunas de las máximas y me rio como el río. Me dejo fluir. Y es que descubrir lo que subyace en este trabajo de Alberto Laiseca es algo maravilloso. Tengo que dejar de escribir, me dieron ganas de volver a leerlo.
Después de leer este libro quiero entrar al cuarto por la ventana haciendo un ruido felino de gato gigante y aproximarme a mi victima con lentitud erótica. 😂
Apuntes dispersos y escolios varios que terminan revelando veladamente una historia de amor. Es un libro secundario en su obra. No falta pero tampoco sobra. No es para empezar a leerlo; más bien es para cuando se ha leído casi todo el cánon laisekiano y se busca algo más.