Dosificado en entradas de diario, este ensayo autobiográfico de Alberto Giordano atraviesa más de tres décadas de amistad e intercambios literarios. Un encuentro inicial con el programa ético de César Aira a través de una entrevista de 1982, en la que declama: “Jamás utilizaría a la literatura para pasar por una buena persona”, un viaje a Buenos Aires con la misión —encomendada por dos jóvenes profesoras— de invitarlo a dar una conferencia sobre Arlt en Rosario, un viaje compartido a Lima, nacimientos, publicaciones, enfermedades, reconocimientos, la formación de bibliotecas personales, más visitas a Rosario, encuentros en bares, cartas y correos electrónicos.
Alrededor de Aira, Giordano esgrime una improvisación (que es, por definición, puro presente) movilizada por circunstancias cotidianas. A su tracción acuden anécdotas y documentos, de los que se sirve para edificar su mito personal: el de 1992 como “el año en el que ocurrió todo”.
Tomando como base sus posteos en Facebook, el crítico rosarino Alberto Giordano construye esta suerte de diario público, que abarca desde el 2014 hasta junio del 2022 y gira en torno a sus encuentros y desencuentros con César Aira, remontándose hasta el momento en que se conocieron en la década del 90, la amistad que forjaron durante los años, los congresos académicos a los que invitó al escritor, su rol protagónico (y agónico) en la novela Los misterios de Rosario, hasta llegar al presente, a la (des)comunicación durante la pandemia. Al igual que durante las charlas entre Giordano y Aira, el libro oscila constantemente entre lo íntimo y la literatura, entre la vida personal y las lecturas predilectas de ambos. Giordano registra algunas ocurrencias y comentarios de Aira que cualquiera de sus lectores apreciará, desde su opinión sobre algunos escritores argentinos hasta su negativa al envío de audios por Whatsapp ("Pienso que se necesita mucha presencia de ánimo para ponerse a hablar solo delante de un teléfono"). Tres novelas de Aira son mencionadas con insistencia en el ensayo de Giordano, lo cual funciona como recomendación casi publicitaria: El llanto, Cumpleaños y Los misterios de Rosario.
Los libros de Giordano tienen algo único en el modo de reflexionar sobre su escritura, en tanto crítico y académico, y en la manera de acercarse a la literatura en cada uno de ellos. "Los años Aira" está formado por una serie de entradas de diario que registran el vínculo de Giordano y Aira en toda su amplitud. Están sus encuentros, sus charlas, sus correos. Pero también la lectura y relectura de los libros de Aira, sus intervenciones en congresos, entrevistas, la palabra de la crítica, y los pensamientos de Aira sobre sus propias obras. Uno de los rasgos más particulares del texto es cómo construye la intimidad de ese vínculo, nunca producto del exhibicionismo ni del chismorreo curioso. Como dice Aira, la articulación mínima del lenguaje se refugia en la intimidad, y los íntimos se entienden con medias palabras, o sin ellas. Las entradas del diario son breves y no necesitan escarbar de más para transmitir una cercanía asombrosa con la figura de Aira. Uno puede percibir sus gestos, su entonación, el humor, anécdotas y hasta conocer algunos de sus recorridos habituales, sin perder nunca cierta cuota de misterio. Un libro ineludible si te gusta Aira, pero también una pieza curiosa y bella entre las formas de escritura personal.
Entrañable, me dio ganas de darle otra oportunidad a los libros de Aira y hacer las paces con él. Cuando menos porque tal vez sea un buen tipo, y si no lo es, quizá hay algo recontra valioso que me estoy perdiendo por no entrar a su literatura. Y ese algo probablemente sea lo poco importante del lugar donde se autodefine su producción.
// ¿Qué quiero decir aquí con "literatura", para señalar en Aira a un representante eminente? Nada que tenga que ver con valores culturales prestigiosos. "Literatura" remite, en estos apuntes autobiográficos, a la idea de que el lenguaje -una frase o toda una historia- puede convertirse en algo que nos afecta inmediatamente, más acá de lo que significa, con la fuerza necesaria como para deslizarnos por un momento fuera del mundo, y permitirnos entrever la presencia de otros mundos, acaso más reales o más encantadores que el que habitamos. //
14 de diciembre Miércoles. Busqué en Del otro lado libros Los años Aira y mis ejemplares del Diccionario enciclopédico de las cosas que nos gustan.
16 de diciembre En Los años Aira me entero sobre un documental de Rafael Filippelli llamado Retrato de Juan José Saer.
17 de diciembre En la entrada del 15 de enero de Los años Aira queda claro que hay que leer El llanto. Comentario de Jorge Monteleone, personaje que había aparecido ya.
Entradas de diario hipertextual. Entre la reflexión del ensayista olímpico y la confidencia de la que después se arrepiente. Emana lucidez barthesiana. La lucidez tiene que ser algo maliciosa para serlo propiamente. Giordano desborda de fervor lector, que a la vez desborda de la obra a la vida para darle forma. Este libro se lee como se conversa con un amigo. Sin cálculo ni disimulo. ¿Es o se hace? El enigma Aira persiste.