Siempre es un verdadero placer leer a Landero (1948-), su magnífica prosa, su estilo preciso y limpio, su amplio vocabulario... Solamente por este motivo he disfrutado de esta obra: Entre líneas. El cuento o la vida (2001).
Hablo de obra, porque entiendo que no nos hallamos ante una novela al uso. Su estructura es poco habitual: dos relatos diferentes que se alternan capítulo a capítulo y que en lo formal están marcados por el cambio de primera a tercera persona y en lo tipográfico por el empleo de una grafía cursiva y otra normal.
El argumento es simple. En un relato se nos cuenta la historia de Manuel, maestro de escuela, su infancia rural, no muy feliz, y sus ansias por abandonar el pueblo y de ser escritor. En el otro encontramos también escenas de la vida de una persona que, en principio, no podemos identificar. Los capítulos se suceden como sencillos retazos de vida, narrados sin un orden cronológico, ni otra relación aparente y se quedan escasos para mostrar en complejidad a los personajes y para construir una novela contundente.
Porque lo que veo claro es que esas escenas de la vida de los dos personajes son simples excusas para reflexionar sobre el mundo de la escritura y todo lo relacionado con él: qué significa ser lector, escritor, profesor, conferenciante… Un hilo argumental con el propósito de rendir un emotivo homenaje a este universo, aunque su tono no sea triunfante y refleje, en todo momento, la dureza de esta vida y las dudas de quienes deciden dedicarse a estos oficios. No dejamos de percibir un constante tono de derrota en la vida de Manuel, nuestro maestro de escuela.
Partes de la obra son pequeños ensayos, pero siempre construidos con una habilidad para la síntesis digna de apreciar. Un sucinto taller literario para el que lo quiera apreciar, repleto de referencias literarias, lingüísticas, filosóficas y culturales. Una lección magistral donde aparecen múltiples autores y personajes de sus novelas, en un intento claro de dignificar la profesión de escritor.
Landero ha construido un híbrido entre novela (la vida) y ensayo (el cuento) y por eso nos resulta en cierto modo extraño. A algunos le puede interesar más las lecciones de literatura y otros podrán ir hilando esas escenas de vida de las que hablaba al principio para ir construyendo un mosaico vital hasta llegar admirar el dibujo, la composición final.
Queda a gusto del lector.