Primera novela de Juan Marsé, Encerrados con un solo juguete cuenta la historia de unos jóvenes de clase media, vástagos de familias descalabradas por la guerra civil. La novela es, sobre todo, el fiel trasunto de la atmósfera enrarecida y gris en que se debaten los muchachos, poseídos por la desidia y las ansias de un confuso despertar a la sexualidad, víctimas de la carencia absoluta de imaginación. El naufragio moral y la muerte repentina de una mujer, encarnación trágica de un destino que ellos odian, reflejará, finalmente, la realidad del mundo en que les ha tocado vivir. Quedó finalista del premio Biblioteca Breve de 1960 (finalmente declarado desierto), y sirvió, sobre todo, para alertar sobre la aparición de un futuro gran talento literario. Aunque la crítica del momento la saludó como una interesante muestra del objetivismo entonces triunfante, el propio autor siempre la ha calificado de "decadente, intimista y subjetiva".
Juan Marsé Carbó nació el 8 de enero de 1933 en Barcelona. Publica su primera novela en 1961. En 1961 se traslada a París y trabaja como ayudante de laboratorio junto a Jacques Monod. En 1965 logra el Premio Biblioteca Breve. En 1978 consiguió el Premio Planeta. Sus novelas también han ganado el premio Ciudad de Barcelona, el premio Ateneo de Sevilla, el Premio de la Crítica y el Premio Europa y Rabos de lagartija. En 1997, recibió el Premio Juan Rulfo, máximo galardón de la letras de México, y en 2008, el Premio Cervantes.
Las obras de Marsé se sitúan en Barcelona, y más en concreto el barrio de El Guinardó, donde pasó su infancia, que coincidió con la posguerra, lo que ha influenciado el modo de escribir del autor a lo largo de toda su vida. Las obras de Marsé están, pues, ambientadas en El Guinardó o en barrios barceloneses próximos a éste, y en época de postguerra o durante el franquismo; en ellas, Marsé analiza la degradación moral y social de la posguerra, las diferencias de clase, la memoria de los vencidos, los enfrentamientos entre trabajadores y burgueses universitarios y la infancia perdida, casi siempre apelando a las técnicas del realismo social, pero experimentando a veces con otros mecanismos narrativos más vanguardistas, siempre con varios grados de ironía.
La primera novela de Juan Marsé no me ha resultado por sí misma especialmente relevante. Resulta una historia que no acaba de cuajar y se queda como el atisbo de algo más. Sin embargo, ese algo más resultó ser la gran obra con la que durante tantos años nos ha deleitado el escritor catalán.
Interesante como lo resultan todas las primeras obras de los grandes escritores.
Encerrados con un solo juguete arranca en la Barcelona de 1949, ya en pleno franquismo, y dejando atrás la época más dura de la posguerra. Nos presenta a un grupo de jóvenes que tratan de encontrar su lugar en el mundo, aunque sin mucha fortuna.
Por un lado tenemos a Andrés, que ha dejado su trabajo en un taller de joyería porque cree que puede aspirar a algo más. Hijo de un hombre, ya fallecido, con firmes ideales, le abruma el hecho de todo el mundo -excepto su hermana- lo compare con su padre y se centra más en su novia Tina y en el despertar sexual que está experimentando.
Tina es uno de los integrantes de la familia Climent, que pese a haber disfrutado de una posición holgada en el pasado ahora pasa penurias después de que el padre tuviera que exiliarse en Brasil tras la guerra. Se trata de una chica sin muchas inquietudes y cuya principal preocupación parece ser no aburrirse y escuchar música en la radio.
Y por otro lado tenemos a Martín, antiguo novio de Tina y examigo de Andrés, que no se resigna a verlos juntos.
Este relación a tres bandas, que acabará siendo a cuatro, es la que que lleva el peso narrativo de la obra, si bien tenemos otros personajes interesantes, como el artista y bohemio Mauricio, la prostituta Julita o el antiguo amigo del padre de Andrés.
La obra nos presenta un ambiente gris y desesperanzador, casi opresivo, con una juventud sin futuro y unos adultos que han perdido el poco porvenir que tenían. Por desgracia, en algunos momentos la novela se hace un poco densa y pesada de leer. Además de abordar ciertas situaciones un poco inverosímiles.
Algunas citas:
Yo tengo como una especie de idea fija, ha crecido conmigo desde la guerra: estamos como en una gran sala de espera de estación, todo es provisional...
Mala cosa odiar la tierra que uno pisa y el aire que uno respira...
Las cosas son como son, o mejor dicho, como nos las han dejado.
Per lo de sin entrar en el recuerdo como una cereza en la boca, aún sin morder. Però també perquè el Martín hauria d’haver acabat podrit a l’infern. He entès el concepte generació perduda. Y terminó empleada en un almacén.
Vuelvo a Marsé, un escritor refugio para mí, un lugar seguro al que retornar siempre para encontrar una manera de contar muy particular que me relaja y tranquiliza. Pero no vuelvo a un Marsé cualquiera, sino al primero. Esta es su primera novela, escrita con 27 años (quizá un poco tarde para lo que muchos escritores suelen comenzar a escribir).
Como toda primera novela ya se vislumbra el escritor que llegará a ser Marsé: sus temas, sus preocupaciones, sus ambientes y sus personajes. Todo lo que será y que llegará de la mano de sus grandes novelas ya está en esta primera. Y como toda primera novela hay cierta duda en el estilo, aun no está pulido. Esta novela presenta un Marsé original, virginal literariamente hablando, primigenio, donde intenta más emular a escritores clásicos a los que admira, copiando estilo y tono narrativo, más que descubriendo los suyos propios. Y eso se nota. Pese a saber que estamos ante una novela de Marsé, el lector que conoce otras de sus obras se da cuenta de que el joven Marsé que escribió esta novela aún está estilísticamente perdido, buscándose. Pero esto da igual, porque de los escritores a los que admiramos hay que leer todo, lo bueno y lo malo, lo que les consagró y con lo que se iniciaron en el mundo mágico de la literatura.