Decirle a alguien en el maldito trópico que no es “ni chicha, ni limonada” equivale a una condena con cierto aire de reproche gélido. Para decírselo a sí mismo, en las orillas sesenteras del quinto infierno John Lennon compuso “Nowhere Man”. Para transmitírselo a quien corresponda, ahora viene David Unger con esta especie de Variaciones Goldberg en las que incluyó doce daguerrotipos y una epifanía.Entre otros hechos literarios, en las placas color sepia hay un niño que suspira, sobre todo, por una langosta llamada Gengis Kan, el tiro al blanco y la ruleta de las ferias aldeanas, un caracol, un alce, una mantarraya, dos leones de bronce sobre los que jugó con su hermano al Rey de la Montaña y una pelota de beisbol que lleva décadas suspendida en una fecha que también emigró. En la epifanía, ese que parece un vendedor de electrodomésticos o un pescador de vacaciones y tiene una sonrisa avergonzada sólo puede ser Gabo (antes del Nobel).Lo mejor de irse, no es el regreso; lo mejor de éste, no es volverse a ir. Lo mejor de la errancia está en los libros vivos que viajeros como Elias Canetti, William Saroyan, Henry Roth y David Unger trajeron de vuelta. (JL Perdomo Orellana)
Como el olor de las cebollas fritas Fernanda Villava
Esta compilación de cuentos no es ni chicha, ni limonada. No es una serie de cuentos inspirados en la cultura guatemalteca, ni es una serie de cuentos sobre inmigración. Tampoco es una antología con tintes judíos. Es todo esto y es mucho más.
Es la evolución de un personaje a través de una vida llena de cambios y de contrastes. Es el crecimiento de un ser humano complejo en algo integral. Es un tejido de historias que conforme suceden estiran el nudo en la garganta y aflojan la puntada con las carcajadas.
Cuento a cuento el escritor logra hacer sentir al lector parte de la familia a la que pertenecen los personajes. El lector se adueña de tíos, abuelos y parientes de manera natural, haciéndolo sentir que los relatos son un anecdotario familiar propio.
Desde el inicio uno quiere conocer a la langosta Gengis Khan, recibir las papeletas con malas noticias que caen de una avioneta y alejarse de la violencia que comienza a apoderarse de Guatemala.
La inocencia del pequeño narrador enternece el corazón mientras Cri-Cri ameniza la historia. Los sentimientos de un niño de cuatro años que tiene que migrar a Estados Unidos marcan al lector con frases como “Olvidar el español-eso es lo que venir a Estados Unidos significa para mí-.
Un poco más adelante el niño comienza a perder la inocencia al reconocer a su padre como viejo y al darse cuenta de las trabas que existen para los inmigrantes.
Con el cuento siguiente volvemos a Guatemala, al folclor y al encuentro de culturas. La abuela con ascendencia egipcia y el abuelo que suele maldecir en árabe se enfrentan en un partido de backgammon. El final de la partida marca el principio de la aventura de dos hermanos que aburridos salen buscando canillas de leche y encuentran de golpe a la violenta realidad.
El tío Abie, un personaje mujeriego, vividor, simpático. Autor de grandes affaires, provocador de ministros religiosos y maestro -para bien o para mal- de los “patojos” en estas historias aparece haciendo de las suyas en pleno shabbat.
“La noche en el Shanghai” es uno de los cuentos más provocadores y oscuros, con escenarios tan bien descritos que puedes respirar la atmósfera del lugar, olisquear el sudor ácido de Conchita, sentir el ambiente turbio y saborear un Pall Mall.
En “El Intocable” el lector no puede ser solamente un testigo pasivo, es un actor pasional frente a las situaciones injustas e irónicas de la vida. Quien lo lea, se convertirá en juez y parte, se le hervirá la sangre y terminará el cuento dándose por vencido.
La compilación termina con una anécdota de cómo el autor conoce al famoso Gabriel García Márquez. Indescriptible.
Los invito a descubrir personalmente los detalles del libro. Aquellos que sazonan las historias y que estratégicamente olvidé mencionar.
This is a novel made out of short stories, which originally appeared in English in different publications at different times, yet put together truly crystallize in a multifaceted yet unified narrative. Each story has its own narrator and point of view, but the same characters appear in different situations, moments of their lives and configurations. Just like playing with a kaleidoscope, every time you shake up the book, new revelations about them help the plot evolve in unexpected and deeper ways.
Thematically, it's a fusion of different motifs: the theme of the Wandering Jew, immigration from Latin America to the US and the theme of growing up. Finding one's own identity is the glue fusing them all together and distinguishes this book from many other Latino narratives of immigration. It's not simply a story of uprooting and finding new life in Miami or Brooklyn and learning another language. As it is clear that the protagonist's grandparents had come to Guatemala themselves from Germany and Turkey, his new life in North America appears as a continuation of an old destiny. Additionally, exile and then going back to the old country problematizes the characters' class identity and family history as many traumatic issues come to the surface because of it.
The last story is an unexpected existential conclusion to the series. It's a testimony of the author/protagonist's two encounters with Gabo, which of course is Gabriel Garcia Marquez. Having found his true Latino identity through Garcia Marquez' The Autumn of the Patriarch, the first book he ever read in Spanish, this chance to meet Gabo and be his guide in New York City could've been expected to be a puff commentary on the author's double life. But it doesn't turn out to be in that predictable way. Gabo is not really interested in the grad students' experience and writing. They literally and figuratively get just the crumbs from the masters table. Only when forced to face his own mortality does he acknowledge, briefly, the importance of David as a person and writer. So David never really has a chance to go back to his Guatemalan roots. He is destined to stay between worlds, ni chicha ni limonada.