Luisa Josefina Hernández juega con los distintos papeles que se le han impuesto directa e indirectamente a la clase media y a la mujer, sumergiendo a sus personajes en un ambiente de machismos y cinismos que se han ido naturalizando a través del tiempo. Desde degradaciones sociales como patriarcados revestidos de matriarcados, jóvenes circundados por la violencia, y pensamientos descarados, la autora demuestra con una fina maestría el furor enclaustrado y la vida densa implantada.
La novela es interesante, por momentos muy divertida. Se disfruta el lenguaje y el retrato del Distrito Federal de los ¿80, 70? Hay aquí un retrato de la desigualdad desde una familia universitaria de clase media, una crítica velada al machismo (la cosa no ha cambiado gran cosa desde el siglo XX), un señalamiento a diferentes formas de discriminación. También hay personajes típicos del contexto en que sucede la historia, lo que resulta a veces encantador. Recordé a las amistades de mi mamá cuando yo era adolescente. Eso fue lindo. Pero.
El protagonista es antipático, despreciable. Entiendo por qué: la autora pone en él los rasgos que critica. Pero no puedo conectar por completo con una novela narrada y protagonizada por ese pelmazo. No soporto a Celso Viale, vato insufrible.
Tuve que dejarlo de leer en la página 30. Hace mucho no dejaba un libro. Es principalmente diálogo y los personajes hablan de una manera irreal, como si fueran una traducción de home & health, Con palabras rebuscadas y frases perfectamente hechas; los coloquialismos que intena poner brincan por lo raros que se ven.
No le entendí ni a la mitad de las referencias literarias, no se nada de italiano y los personajes son aburridos. La sinopsis de la contraportada tienen poco o nada que ver con lo que de verdad trata. LJH se las sabe todas respecto a los hombres, es una atinada. La admiro y la respeto mucho.