Una mañana de invierno, el hijo adolescente de Wolfgang Hermann apareció muerto, inesperadamente, en la cama. Este acontecimiento distorsionó toda la vida del autor, el padre, aislándolo de la vida exterior y sumiéndolo en un frío intenso y doloroso. Hermann no pudo escribir sobre aquella terrible pérdida hasta pasados más de diez años... El fruto fueron estas hermosas y estremecedoras páginas. Que no sólo narran aquella experiencia, sino también el proceso de «resurrección» que tuvo que afrontar el propio autor para sobrevivir al dolor, para hacer que la vida volviera a ser, al menos, soportable. «Por el altiplano, encima del lago de la montaña, caminaban de noche un hombre y su hijo adolescente. La luna relucía detrás del bosque, algunos rayos calaban la espesura de troncos y jugaban en sus rostros. Hablaban poco. Sus voces se deslizaban suavemente a ras de la grava del camino y se fundían con el rugido del torrente al que se iban acercando. Parecía que aquel bosque giraba con ellos, mientras la luna seguía sus huellas como si no quisiera perderlos. Daban muy seguros sus pasos y estaban muy cerca el uno del otro bajo la quieta iridiscencia del astro. Y la querencia del padre por el altiplano se trasladaba profundamente al hijo. Fabius y yo éramos aquel altiplano. Cuando el mundo aún existía.»
El luto no es llanto incontenible ni rabia desmesurada. Es el proceso de marchitarse. Sentirse una marioneta, ser atravesado por la oscuridad, proclamarse diáfano, frágil. Este texto más que sublimatorio o catártico, se asemeja más a un ejercicio de austera honestidad, y digo austero porque no hay aspavientos, sí está la tragedia pero no el torbellino. Nos habla sobre la progresiva costumbre de la ausencia. El agotamiento posterior. Y después, bueno, después viene lo más difícil a decir verdad.
Fabius falleció una noche de invierno. Una gripa, un poco de fiebre, durmió todo el día . Las últimas palabras a su padre mientras lo atendía fueron: “Ten cuidado de no contagiarte”. Su padre lo encontró por la mañana, con los ojos idos en los párpados semi cerrados y un pie colgando de la cama. Un hombre joven no debe morir de tan poco.
Fabius amaba la música: “Beyond the Missouri Sky”, la que le llegaba al alma; Fabius quería a Julia; Fabius se sabía un hijo del amor, el que existió entre Anne y su padre; Fabius no atendía la escuela, pero pasaba horas rasgando su guitarra. Fabius se encontraba en una fase de cambios fuertísimos: se había ido a vivir con su padre, había cambiado de escuela y se había mudado a una gran ciudad donde no conocía a nadie.
El Nobel Elias Canetti escribió en sus reflexiones recogidas en “El libro contra la muerte” que “Cobrar conciencia de la muerte parece ser el acontecimiento más grávido de consecuencias en la historia de la humanidad”. Tuvieron que pasar diez años desde la repentina muerte de Fabius, el hijo adolescente de Wolfgang Hermann para que lograra escribir sobre su desgarradora pérdida, tiempo que le llevó tomar distancia, hacer más soportable su dolor, para lograr plasmar con su escritura sus recuerdos de esa experiencia y sus esfuerzos para sobrevivirla.
“Lo que se marchitaba dentro de mí era mi vida. Desde la muerte de Fabius no había respirado hondo ni una sola vez. Los días eran días sin luz, aunque en alguna parte, allá fuera, luciese el sol. Lucía, pero estaba engullido por la tierra.”
Avanzando, retrocediendo, Hermann va construyendo la memoria de Fabius, también hijo de Anna, Anna la novia de la adolescencia, a la que amó, con una amor que no alcanzó para superar los enconos y escollos que casi siempre se les atraviesan a las jóvenes parejas, sin un lugar propio donde cimentar su relación.
Libro corto, hermoso requiem para un niño joven a quien apenas se le abría la vida con todas sus promesas y sinsabores. Libro como herramienta para superar la pérdida, el desconsuelo, el daño, la incomprensión sobre el significado de la muerte.
No conocía a Wolfgang Hermann. “Despedida que no cesa” es el primer libro que leo de los más de 20 que ha publicado en español. Llegó a mis manos por esa manía que he adquirido por la lectura de libros sobre el duelo. El libro es bueno, fuerte, doloroso, pero esperanzador. El largo proceso que tomó el autor buscando una salida al calvario que le sigue a la pérdida de un hijo te permite vislumbrar una ligera luz al fondo.
“Despedida que no cesa” emociona, pero no te desborda. La prosa contenida de Hermann te sujeta. El padre cuenta, pero en la narración percibes una lucha interna sorda para contener su aflicción, una especie de decoro que impone un velo que esconde la magnitud del tormento que sufre; lo percibes, pero no lo lees, Wolfgang reprime al máximo sus emociones, pero no nos imposibilita a acompañarlo en el trance.
La mort d’un enfant doit être le pire supporté par un père, une mère. Déjà, un parent se fait du souci pour son enfant tout le long de sa vie. Ce n’est pas dans l’ordre des choses qu’un enfant parte avant son père et sa mère, surtout lorsqu’il est adolescent. Dans ce récit, l’auteur narre la descente de ce père qui découvre son enfant mort. Il le sait, il l’a senti avant d’entrer dans la chambre. La mort est relatée avec son silence et la découverte du corps.
Le temps passe mais la douleur est toujours aussi présente, elle s’immisce partout, pour cet homme qui n’a pas élevé ce fils mais qu’il retrouvait de temps en temps. Il a vécu, avec lui, dernièrement et cela a été la meilleure expérience de sa vie. L’auteur nous raconte les souvenirs de ce père, entrecoupés de la noirceur due au deuil. Tout est à l’image de ce qu’il vit, la maison, la ville. Il n’a plus goût à rien, il se laisse dépérir. La douleur d’ailleurs le rend malade. Il fait même une Expérience de Mort Imminente où il semble retrouver son fils chéri.
Dans son malheur, heureusement que la mère de son fils est là et qu’elle l’aide. Elle semble forte. Pourtant, elle doit avoir autant de chagrin. On apprend leur histoire. Etre parent jeune n’aide pas forcément.
Cet enfant, pourtant, ne semble pas avoir souffert de la rupture de ses parents. Le lecteur apprend à le connaître grâce à son père, ses amis et sa petite amie. Il sait se faire aimer de tous.
Personnellement, je ne sais pas comment je réagirai si ma fille devait mourir. Le récit ne m’a pas profondément touché car je ne me suis pas reconnue puisque je n’ai pas vécu ce type de situation.
Lu dans le cadre de Masse Critique de Babelio.
Résumé de Adieu sans fin de Wolfgang Hermann
Fabius, jeune homme de 17 ans, vivait chez son père.
Il décède brutalement pendant la nuit. C’est son pèreW qui le trouve.
Commence alors une douleur insurmontable pour cet homme.
Un bijou, à lire toute affaire cessante ! Un texte et une écriture magnifiques, un sujet difficile mais traité avec sensibilité, poésie et sans pathos. Un gros coup de cœur !
Primero viene un fallo físico y mental luego deviene en un vacío espiritual. Lentamente, muy lentamente y a tientas, toda aquella mixtura se recompone. Sana sin darse cuenta nunca del todo, con ayuda de la figura femenina (como una vestal de amor y protección) y se cura y reconcilia consigo culminando en un bello relato de pérdida dolor y amor paterno-filial.