Kantor es extraordinario. Su pintura, su teatro, su mundo. Hay que ver a Kantor. También leerlo. Esta edición brasileña reúne manifiestos, proclamas, entrevistas, etc. Tiene momentos fulgurantes, a veces de una visceralidad como hechizada que es parte de su sello creador. Su escritura es como el bastidor algo enfático de su obra plástica/dramática. Leyéndolo, Kantor puede pasar por un dadaísta a menudo adocenado, aunque siempre ingenioso. Viéndolo, es de una riqueza casi monstruosa. Sus ideas y proclamas acompañan a sus maniquíes, maletas, fantasmagorías. Bien está.