Una extraordinaria meditación sobre la soledad y la muerte, el poder y el erotismo, visto desde la perspectiva histórica de una reina que, habiéndolo perdido todo, se contempla a sí misma y a su época sin temores ni moralismos. Una peculiar visión de los reinos cristianos del siglo XII.
Por fin un libro que he descubierto gratamente. Aunque su contenido en cuanto a la historia si parece que es reflejo de lo poco que se sabe de esos reinos, lo mejor del libro es el monologo de la protagonista como mujer. Ha sido un placer leer una historia vista desde el lado de la mujer, y más en unos siglos donde el papel de esta ni existía.
De verdad, os recomiendo su lectura. No solo he aprendido del carácter de sus personajes de los que algo ya intuíamos por lecturas esporádicas o escuchas de radio, si no sobre todo por el punto de vista que la autora ha querido reflejar de esta reina como mujer. Por su puesto este punto de vista es todo ficticio ya que no hay nada escrito de ella, pero lo he encontrado muy muy acertado.
Conservo todos los libros que he ido comprando o me han regalado a lo largo de mi vida, excepto algunos que presté y nunca me han devuelto. Pero como nunca he tenido casa propia, sin compartir hipoteca, hasta ahora, siempre los he tenido repartidos entre las casas que habito y la de mis padres, que es la única fija. En ella estoy pasando ahora unos días, y decidí venir sin lecturas y echar un ojo a los libros que acumulo aquí para releer. Así es como me fijé en Urraca. Lo leí en la universidad, en la asignatura de Literatura con Marta Sanz como profesora. Apenas recordaba que eran una especie de memorias de una reina en su vejez, así es que le eché mano y he descubierto a “La Temeraria”, Urraca de León, la primera mujer que ocupó trono sin tutelas en Europa y quién sabe si la que inspiró el personaje de Cersei Lannister y la escena del “shame, shame, shame” en Juego de Tronos…
En “Urraca”, Loures Ortiz usa como excusa uno de los encierros a los que la sometieron por ambicionar ser reina y ampliar sus territorios. Durante esos días, Urraca escribe sus recuerdos a modo de crónica gracias a un monje que le pasa a escondidas material para escribir. Mezclando sus conversaciones y lo escrito, Lourdes Ortiz va ordenando la vida de la reina y también la de la mujer. Una mujer criada como heredera que, cuando le llegó el momento, se negó a ceder sus reinos y batalló por mantenerlos y ampliarlos contra su esposo y su hijo. Aunque no siempre ganase. “No es el débil quien reina, sino el lobo; no hay cabida en el corazón de aquel que controla los destinos de los demás para la tristeza o la clemencia, para la compasión o la ternura; uno elige mandar y, si es el mando lo que produce el goce, debe llevar hasta el final las consecuencias de lo elegido. […] sé que, si he perdido, es porque en algún momento vacilé, me equivoqué y dejé de controlar los hilos; he sido torpe y he permitido que otros me tomaran la delantera; no puedo reprochar a esos otros el haber sido más consecuentes que yo misma en el juego del Imperio. Yo he fallado; bajé la guardia; perdí un peón o una torre, cuando la partida aún estaba sin decidir y, en este jaque mate final, constato que no supe aprovechar del todo las enseñanzas de mi padre.”
Ortiz nos retrata a una mujer que es consciente pronto de las debilidades de los hombres y de cómo usarlas a su favor: “Empezó a vacilar; fingí cansancio y, mientras reculaba, dejé que se abrieran las cintas de mi corpiño. Allí, ante la mirada del escudero, mis dos pechos saltaban; nuevo e inesperado, el cuerpo de Urraca parecía ofrecérsele. Guzmán vaciló y yo, aprovechando su turbación y su sorpresa y un torpe movimiento, coloqué la punta de mi espada en su nuez que se agitaba cada vez más deprisa. «Te he vencido. Esta vez te he vencido.» Y a partir de aquel día comprendí que si yo era capaz de aunar el rigor de mi padre con el «saber hacer» de Constanza, no habría nadie que pudiera interponerse en mi camino hacia el Imperio.” Consciente también de cómo funcionaban las cañerías de la corte (“Los monjes aunaban la habilidad de las cortesanas con una sutil dialéctica”) y del riesgo que es un pueblo unido para los poderosos (“Hermandades... siempre que hay hermandad, los míos tiemblan, Roberto, y tiemblan con razón, porque la fuerza de los hombres unidos es como el mar o como el río cuando se desborda y pierde su cauce. Por eso nosotros tenemos que pactar y fomentar la desunión, las rencillas, tenemos que prometer y castigar.”)
“Urraca” es la historia de una heredera que tuvo que ver cómo el nacimiento de un hermano varón acababa con su aspiración a controlar su reino y cómo solo a través de la muerte y el matrimonio podría volver a aspirar a ocupar el trono de Castilla, Galicia y León (“Pensaba que yo, por ser mujer, no podría sostener el Imperio. Me habló de trampas y conspiraciones, de maniobras que se gestaban a sus espaldas y por último concluyó que tras mucho meditar y vacilar había recibido la iluminación de su Dios y él, que se había negado a que viviera su único hijo varón, le había hecho comprender que la única posibilidad de que el Imperio se mantuviera residía en que yo casara con el de Aragón”). Es una crónica de alianzas y traiciones, como lo fue su matrimonio con Alfonso de Aragón, unidos formaban un imperio que todos ambicionaban: “Y juntos éramos excesivamente fuertes como para que los que nos rodeaban pudieran tolerarlo. Si nuestras voluntades hubieran llegado a unirse, como en aquellos meses en que se entendieron nuestros cuerpos, aquel viejo sueño imperial de mi padre habría sido una realidad que no podían admitir ni los nobles, ni los burgueses, ni desde luego los demás reinos. Un Imperio funcionando como máquina poderosa frente a los mezquinos intereses de grupos y clanes.”
“Urraca” es el recuerdo de una monarca que también fue mujer deseante (“Aborrecía a Alfonso, pero en cuanto venía hacia mí, mi odio se desmoronaba y brotaba el deseo. Y lo mismo le sucedía a él y por eso los dos pensamos que sólo la muerte del otro nos permitiría recuperar la libertad y la capacidad de movimiento”) y que, a la muerte de su segundo esposo decidió no volver a unirse en matrimonio y controlar sus tierras en solitario, aunque nunca estuviese su lecho frío (“Yo os necesitaba a los dos. Por un lado gustaba de bendecir tu cuerpo, de detenerme en tus caderas, de cosquillear tu espalda alargada de adolescente sin madurar; pero quería también la petulancia y la seguridad de don Pedro, su fuerza, su impertinencia, su abrazo inventivo y prolongado. (…) Duerme ahora el monje a mi lado, despreocupado ya del posible castigo del abad, olvidado de culpas y excomuniones. Para él ha sido bueno y a mí me ha dejado un sabor poderoso, cargado de imágenes... No podía dirigir, sin herirle, sus tanteos de principiante; no supo complacerme, pero me siento bien, como si el deseo se hubiera alejado ya de Urraca y fuera sólo la ternura lo que esperaba de este encuentro, el dar el goce. Los cuerpos no se cuentan... pero vuelven frases, vuelve la luz, el desgarrarse de las telas, el galope, las risas precipitadas, el juego. Don Pedro de Lara me conocía bien y juntos fuimos dioses, ya que sólo los dioses desconocen el límite.”).
This entire review has been hidden because of spoilers.
Primero de nada hay que tener en cuenta que es una novela, no una biografía, así que se permite algunas licencias en relación a la historia. Por lo tanto, no se debe leer como si todo lo narrado fuese verdad. Partiendo de esta premisa, la obra empieza muy bien, con una Urraca poderosa y segura de sí misma que va contando su vida, pero que poco a poco se va perdiendo entre divagaciones poco (o nada) hiladas que producen que el lector se pierda de vez en cuando. Sé que pretende utilizar el estilo indirecto libre para añadirle humanidad a la protagonista, pero si es la "crónica" lo que estamos leyendo... ¿Por qué? Cuando uno escribe no se expresa igual que cuando piensa. Así que eso no me convence. Pese a algunas otras lagunas que he observado, es una novela entretenida, fácil de leer y corta que te presenta a personajes (teniendo en cuenta que eso también es ficción porque no hay tantos datos de esta época ya que los cantares y las crónicas estaban ideologizados) importantes de nuestra historia.
Urraca I de León una reina medieval poderosa, hija de Alfonso VI y Constanza de Borgoña.
Siempre estuvo al lado de su padre aprendió del poder , después de la muerte de su hermano Sancho queda como única heredera.
Está historia es contada por la reina desde su nacimiento hasta que termina en una torre alejada por su propio hijo.
En este libro se cuenta esa intimidad de una familia real que nadie conoce, los desparpajos del padre y de la madre . En una corte donde los hombres no quieren una mujer en el trono. Pero ella demuestra su entereza y lo consigue.
Una novela histórica donde se viven altibajos, intrigas y traiciones al lado de esta mujer que aprendió de la prudencia y de la paciencia logrando al final sus propósitos.
Me gustó mucho ver la otra cara de un ser que a pesar de los oropeles de una corte nos muestra que tenía miedo pero debía luchar hasta morir.
One of the best andalusi\spanish novels, Talking about urraca the daughter of alfonso, and her story. This novel is combining between the muslim cultures and christian culture with a clear identification for each personality and providing more than one example.
"Me canso. Cada vez que la historia requiere un orden, una cronología, unos hechos, la pluma pesa y siento la nulidad de mi tarea. No son batallas lo que quiero contar"
«Era una sencilla receta la que me daba el médico judío; siéntate a la luz de un buen candil, apártate del exterior, cierra las puertas y ventanas y delante del papel vacío juega con las letras, mézclalas, permútalas, trastócalas, hasta que tu corazón se exalte y, cuando te des cuenta de que de esa combinación surgen cosas nunca antes dichas ni sabidas, cosas que jamás hubieras podido conocer gracias a la tradición, concentra tu mente y permite que fluya la imaginación. Y muchas cosas entrarán en ti, gracias a las letras combinadas...»
El personaje de Urraca me recuerda un poco a Semíramis y en ese aspecto resulta muy interesante. Sin embargo, aunque Lourdes Ortiz escribe maravillosamente, se me hizo algo aburrido el libro. Entretenido en cuanto a la propuesta de una reina encerrada que divaga sobre el pasado y se cuestiona el futuro, pero hasta allí.
No soy fan de las novelas históricas pero esta es un descubrimiento. Urraca como personaje histórico me parece fascinante, aunque aquí si caracterización tome tintes muy mágico-fantásticos. Creo que la base histórica está bien construida. Urraca en su cautiverio y a modo de monólogo recapitula su propia vida, sus aciertos y sus errores que la llevaron donde en ese momento está.