No lo sabés, pero me das la fuerza que requiere mi alma para seguir luchando contra el bienestar en el que vive mi cuerpo gracias a un sistema que desprecio y del que he sacado y saco todo el provecho del mundo.
Las máscaras. Una de las formas de sosiego utilizadas por el ser humano ha sido el desempeñar un papel ajeno, una faceta que engaña y deja ver sus más recónditos anhelos y miedos. Antes de que el binarismo o la apropiación cultural fueran temas recurrentes en los estudios sociales y en la tertulia cotidiana, ya se encontraban ahí las ganas de convertirse en otro, al menos momentáneamente. La aparición del internet facilitó dicho deseo. Tal vez incluso lo exacerbó.
< banano > es sutil en sus ambigüedades: fálico, suave, dulce. En cada una de sus personalidades saca una parte de sí mismo a partir de lo que su interlocutor anhela obtener. Nos dice: no soy lo que yo creo que soy yo sino lo que los otros hacen de mí con el placer de saberse herramienta y operario. Y con la tranquilidad de haberle puesto ya fecha de caducidad a su proyecto.
Los personajes de la novela, sin embargo, estaban aún extasiados por aquella novedad llamada internet. Nosotros, en cambio, somos hijos de una época en la que ya no es una novedad, pero sí el sitio perfecto para escapar. El internet nos define porque entiende que afortunadamente nuestra generación no hereda sueños sino desencantos. Eso nos permite ser libres para darle forma a nuestra esperanza.