La capacidad de contemplar no es para todos. Lastima reconocerlo, pero es verdad. Para que el mundo termine entrándote en los poros es necesario recorrer antes un camino arduo, ríspido, que terminará costándote la vida. Aunque en realidad ¿qué camino no termina costándote la vida?
Esta es la andanza de Claire. Quignard lo devela a cuentagotas. Deteniéndose, sin reparar en gasto de palabras, en aquello que luce insignificante, pasajero. Luego, consumiéndolo en una línea, en una simple mención, suelta lo otro que resulta crucial, irreparable, para cada uno de los protagonistas.
Ignoro si el lector sea capaz de conocer a Claire. No sé qué tanto importe. Las relaciones son un poco así, supongo. Las de una época en el colegio, las del trabajo o las de toda una vida: Misteriosas, concuerdo con la palabra. Cambiantes según quién las cuente.
El amor de Claire, por otra parte, lo entiendo aún menos. Su obsesión por un hombre, por espiarlo, parece salida de la nada. Dueña de una vida productiva, acaso con una inteligencia envidiable al hablar tantos idiomas, termina deambulando en torno a la imagen de un hombre casado, sin ostentar más gracia que el de haber coincidido cuando eran niños. Cosas de la vida, será... sin embargo, son tonos inverosímiles, puntos bajos, cuando se trata de literatura.
Contemplar no es para todos, ¿pero es necesario crearse una clase, cierta distancia del vulgo, para lograrlo? Aquí Claire y Paul se resuelven la vida abriendo una laptop por unas horas. Ella recibe una gran herencia de una antigua profesora de piano. La situación común de ganarse un bocado es invisible en el acontecer de sus vidas. Todo les llega. Son capaces de recuperarse del incendio de una casa sin un tronido de dedos, sin un gesto de derrota, y su mayor apuro, después de reconstruirla, es que el bambú recién plantado, se haya comido a los otros frutos y hierbas que esperaban florecer. No sorprende, con esos tonos, de nuevo inverosímiles, que el ritmo de la historia desemboque, inevitable, en los temas del suicidio.
Se siente lejos el lugar en donde pasa todo. Más lejos aún que la soledad de Claire. La solidaridad por ella, por Paul, por su novio Jean, me es tan difícil, casi indiferente.