Cada día nos pasan múltiples sucesos que no cambian para nada nuestra manera de habitar el mundo. Sin embargo, a veces, repentinamente, un suceso se convierte en un verdadero acontecimiento. A diferencia de los sucesos, los acontecimientos nos forman, nos transforman y, en ocasiones, nos deforman. Desde el punto de vista del autor de este libro, Auschwitz es un acontecimiento que ha roto, que ha desgarrado literalmente la historia del siglo XX.
Después de Auschwitz ya nada vuelve a ser como antes, ni la cultura, ni el arte, ni la literatura, ni la filosofa, ni la ética, ni la pedagogía. Después de la experiencia de los campos de exterminio, del horror de la muerte concentracionaria, es necesario repensarlo todo. Pero Auschwitz no es tampoco solamente un acontecimiento histórico. Auschwitz es un símbolo, el símbolo del mal extremo, el símbolo de las fábricas de la muerte que siguen reproduciéndose hoy en el mundo. Joan-Carles Mèlich, de la mano de filósofos como Emmanuel Levinas, de críticos literarios como George Steiner, de poetas como Paul Celan, de antropologías como Lluís Duch e incluso de testimonios de algunos supervivientes como Primo Levi, entre muchos otros, nos propone en este libro una ética y una pedagogía para nuestro tiempo, una ética y una pedagogía que se alimenten del deseo de que ni el mal ni la muerte tendrán la última palabra.
Sinceramente esperaba algo menos técnico, o tal vez mis conocimiento sociológicos simplemente son insuficientes. Empero, el planteamiento sobre la memoria me ayudó a comprender (¿jusitificar?) por qué tengo un cierto interés, morbo o masoquismo, en conocer las historias de las personas que sobrevivieron, cómo lo hicieron y cuales son sus reflexiones después de experimentar algo tan terrible.
"Auschwitz nos enseña que los que no hemos vivido el horror estamos éticamente comprometidos a transmitir su recuerdo"
También está la descripción que hace de la educación y la lectura.
"¿Cómo se puede tocar a Schubert por la noche, leer a Rilke por la mañana y torturar al mediodía? Enfrentarse seriamente a esta pregunta fundamental que nos formula George Steiner es, desde mi punto de vista, el reto de una ética y de una pedagogía "frente" a Auschwitz. ¿Cómo puede el lenguaje afrontar lo inhumano? Si la literatura, la filosofía, las humanidades... nada pueden hacer para detener la barbarie, ¿por qué educar? ¿Qué sentido tiene educar?
"En la lectura, el discípulo - y todos siempre somos discípulos, siempre somos aprendices, el ser humano es un eterno aprendiz - transforma su vida, la reescribe. El discípulo retorna incesantemente sobre la escritura de su existencia y sobre las formas y maneras de relacionarse con los otros. Pero este tipo de lectura sólo es posible si se es capaz de aprender a leer los silencios de la escritura. Esto quiere decir que hay que ser capaz de transmitir que nunca puede haber del todo una apropiación de sentido, que siempre se puede leer de otra manera el mismo texto, que jamás se puede comprender plenamente el significado del texto, que el texto siempre significa más; que el texto se esconde, se oculta a la mirada, al análisis. En definitiva: para aprender a leer es necesario aprender a guardar silencio."
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Excelente libro sobre cómo educar después de Auschwitz, como los seres humanos podemos llegar a repetir ese holocausto, como debemos cambiar el objetivo de la ética por la preocupación del otro, como desde la filosofía se ha hecho hincapié en el y dejando de lado al otro. Lo que más me gustó fue la reflexión sobre la lectura, sobre todo de los relatos de los que sobrevivieron a Auschwitz, como la lectura es la búsqueda de la interpretación desde la subjetividad del lector.