Los errores de José Revueltas es una apelación a una equivocación de juicio en un momento determinado, al mismo tiempo que es una alusión a esas acciones incontrolables y a veces ignoradas a las que estamos enfrentándonos siempre. Recibida con severidad por la crítica literaria de hace cincuenta años y en torno al centenario de José Revueltas, esta obra vuelve al catálogo del FCE en una edición conmemorativa que, además de la novela, incluye un prólogo de Philippe Cheron y catorce ensayos donde algunos de los más reconocidos investigadores de la obra revueltiana -entre los que aparecen Sonia Peña, José Manuel Mateo, Eugenia Revueltas y Florence Olivier- analizan cada ángulo político, histórico, filosófico y literario presentes en Los errores.
Un comunista llorando por las incongruencias dogmáticas de lo que debió haber sido una antorcha para derrocar al sistema burgués opresor; Revueltas intenta explicar de una manera mexicana, y no cosmopolita (lo cual es de aplaudirse con el sombrero en mano), qué pasó con el Partido Comunista Mexicano, por qué se contaminó al punto de ser una sombra del traidor de la revolución comunista mundial, el asqueroso y megalómano Stalin. El delirio de persecución; las tautologías estúpidas de "el partido está en lo correcto porque es el partido"; los demás, y cualquiera que esté adentro que cuestione aunque sea un poco, son un enemigo a borrar, o hasta matar, son mecanismos que han plagado a todo espectro político, pero a la izquierda del siglo XX se le metió como plaga sin remedio. Hoy solo basta voltear a ver a la "izquierda" mexicana y se puede ver con claridad tajante cómo "Los errores" siguen ahí: con otros datos, con otras verdades históricas que se vuelven la verdad oficial a base de ignomia y violencia.
Sin duda ningún escritor mexicano ha escrito de forma tan elevada como José Revueltas. En esta obra imprime sentimiento a cada palabra y a cada acción de los personajes, adentrándose en lo más profundo de sus seres. Ojalá un día su obra sea valorada como se merece. Por desgracia aún tiene el estigma de "comunista", y vivir con eso en un país tan reaccionario como México es muy difícil.
Ahora entiendo porque Paz le dijo a Revueltas que debía cortarle la cola a sus palabras. Aunque ese estilo de añadir comparaciones para hacer presente los pensamientos de los personajes. Se me hace sublime. Hay una fuerte influencia de Dostoievski indudable. Mario y su semejanza a Rodion Raskolnikov el prestamista. Una atmósfera turbia.
Revueltas hace algo curioso, conoce profundamente la mente del mexicano. Una conciencia lúbrica y simétrica. Como una sierra que conoce la madera que va a cortar. No es una lectura sencilla, hay que estar concentrado. Poner atención y dejarse llenar de lodo hasta los tobillos.
En mi humilde opinión considero que el estilo de esta novela se torna un poco pesado, lo cual me dificultó un poco su lectura.
El epílogo es muy importante: resulta muy interesante la discusión sobre el dogma en el pensamiento comunista (aunque se puede aplicar a otras áreas, claro).
Increíble libro. No por nada Paco Taibo II habla tan bien. No dudo que 4 manos sea directamente influenciado por este libro.
Mí parte favorita es cuando, atrapado en el tráfico de la ciudad de México, el personaje empieza a filosofar sobre el andar de las sociedades comparandolo abstractamente a las figuras conformantes de coches. WOW
Acontecimientos sucedidos a lo largo de un día previo a la gran huelga. Personajes grotescos, la purga del partido comunista y la cruenta ciudad de México, todo descrito con la ya reconocida maestría de Revueltas.
Voy a poner la conclusión de mi tesis que trata sobre esta novela? La voy a poner me vale.
Mediante estas redundancias, que también están señaladas en nuestros subrayados de las citas, se expresa la imagen de la ciudad en Revueltas: en el reconocimiento dialéctico entre Mario y Olegario que se ven mutuamente como agente y como preso; en un enano que cree que es libre pero está metido en una maleta; la lucidez de las ratas encarceladas que salen en la noche en el puesto del prestamista; el herido que imagina Jacobo en la ambulancia, «creyéndose torturado deliberadamente dentro de una celda en movimiento» (p. 72); una llave presa en una caja de cerillos; un poema de Wolfe; el sueño de Magdalena en un barrio sin salidas; la luz que proyecta a través de la persiana una celda sobre el cuerpo de Lucrecia; las líneas de tiza que dibujan en torno al cuerpo muerto de Victorino como una cárcel; la sentencia final a Mario. Lo que todos estos elementos intentan darnos mediante la redundancia es la imagen de una ciudad que produce la ilusión de libertad; de que los personajes son libres en ella, de que se desplazan a guisa, por gusto, de que, como Elena, sus determinaciones son libres y soberanas.
Sin embargo, para Revueltas la ciudad no es sino otra elaboración, más compleja y grande, de una cárcel: en ella los personajes se sienten vigilados, perseguidos, castigados; desean huir de ella; adueñarse de sus sentidos, de su movimiento; y que cuando no pueden dejar de ser reos se contentan con convertirse en policías.
En la dialéctica del lugar y el espacio la manera en la que hilvana Revueltas estos elementos en la trama de la novela no es más que irónica. Los que querían solo asaltar un lugar (el hampa con el prestamista) terminan por controlar y dominar el espacio absoluto de la ciudad; y los que querían dominar el espacio absoluto de la ciudad terminan por ridículamente solo asaltar un lugar (el cuartel anticomunista).
Vicente Francisco Torres (2003) escribe que «Revueltas [dirá con esta novela] con su visión pesimista [que] la vida toda es una cárcel» (p. 201). Lo que Torres olvida, es que la imagen de la alienación, opresión y fetichización de los personajes no opera en Revueltas como una imagen ontológica ni existencial. No es la vida en su drama existencial la que es una cárcel, ni la ciudad como esencia que se expresa de tal manera. Es una cárcel socialmente producida que se expresa en la lógica de la ciudad sobre todo, pero también en la subjetividad de sus habitantes, de sus relaciones sociales y amorosas, en la elaboración y producción de sus deseos. En todos los aspectos de su vida. Pero elaborada social e históricamente. La Ciudad de México no está encadenada en Revueltas a una visión negativa debido a un pesimismo existencial, sino que se constituye de tal forma al reproducirse como contradicción de la modernidad. Ahí radica su crítica al capitalismo. Las ciudades pueden ser distintas. En un espacio imaginado y relacional, la Ciudad de México, y por ahí las ciudades del mundo, no son fantasmales, enemigas, ni están vacías.
"Escúchenme los que aún están de pie del mismo modo que los caídos. Estamos en el infierno, en el regocijante infierno de la vida humana, de donde no quedará de nosotros nada más que las cenizas. Cenizas de Copérnico, cenizas de Galileo, cenizas de Hegel y de Marx, cenizas de poetas, de grandes pensadores y de simples hombres que nos hemos limitado a alimentar el fuego con la esperanza de convertirlo en llamas no infernales. Porque nos hemos propuesto una loca tarea; la de transformar el infierno mediante su propio combustible [...]"