Alberto es presionado por su familia para que estudie un bachiller que le conduzca al mundo empresarial. Sin embargo, él desea ser actor y, para mostrar su rechazo a los planes familiares, falta periódicamente a clase. En una de esas mañanas conocerá a Clara, una muchacha que pinta en un parque recóndito. Su relación con ella y los problemas de su familia harán que Alberto madure y que acabe aceptando la vida tal como es.
Me encanta este libro. Especialmente porque es un libro juvenil que no intenta imitar el lenguaje y el comportamiento de los adolescentes, aunque sus protagonistas lo sean. Más que la historia, lo mejor son los personajes. Alberto y Clara, aún con sus defectos, despiertan la simpatía del lector. (La evolución del personaje de Alberto es una de la más lógicas que he leído).
Bonita novela sobre el paso de la adolescencia a la madurez. "Podía resultar que ser adulto consistía en conservar las mismas dudas que en adolescente pero sabiendo que no tenían solución"