La démocratie a posé l'universalité du principe d'égalité : la communauté des citoyens est régie par le principe de l'égalité formelle des individus, quelles que soient par ailleurs les inégalités sociales, culturelles et autres.La démocratisation, au contraire, est animée par l'ambition d'assurer l'égalité réelle, et non plus seulement formelle, des citoyens. La dynamique démocratique s'est donc traduite par le développement de l'État-providence, qui intervient toujours plus pour satisfaire les besoins économiques et sociaux des individus. Il reconnaît et assure les droits du salarié, les droits à la survie matérielle et au logement, mais également aux soins médicaux, à l'éducation ou à la culture. Or son action est désormais paradoxale : fruit du louable souci d'assurer l'universalité des droits, elle vise, par les "discriminations positives" et autres politiques de promotion spécifique, à défendre les droits particuliers de certaines catégories. L'équité se substitue à l'égalité, le multiculturalisme à l'universalité.Telle est l'épreuve particulière que traversent les démocraties occidentales, confrontées au caractère toujours plus "providentiel" de leurs sociétés. Comment construire une Europe politique sur l'idée et les institutions de la citoyenneté, alors que les nations européennes deviennent des démocraties providentielles ?
Dominique Schnapper (born November 9, 1934 in Paris) was a member of the Constitutional Council of France from 2001 to 2010. She is also a scholar and professor of sociology. Her sociological studies have been largely historical and have ranged from inquiries into minorities and labor to others on citizenship and nations. She has been named a Chevalier of the Legion of Honor, and an Officer of the Ordre des Arts et des Lettres. She is the daughter of the French intellectual Raymond Aron.
He tardado demasiado en leer este libro. En buena medida porque leer ensayos es siempre algo que requiere de concentración y mi lectura estos últimos meses ha sido de transporte público. Otro culpable es seguramente que este trabajo es de una socióloga francesa y, si alguna persona ha tenido la mala dicha de leer autores como Durkheim o Bourdieu, puede hacerse una idea de lo que esto significa: preguntas de 3 líneas, oraciones largas, con muchas comas, paréntesis y anotaciones, etc.
Conforme me quejo del estilo, debo admirar el trabajo intelectual de Schnapper. Ha desgranado minuciosamente la historia, la teoría y la práctica democrática, no de la forma más clara, pero sí concienzudamente.
Este trabajo es hijo de su tiempo y se nota mucho. Defiende el auge de una nueva etapa en las democracias, una que debilita las banderas de aquello que conocemos como estado-nación, una que abandona la identidad nacional tras la globalización para dar lugar a una democracia étnica, en la que las identidades, la tolerancia y el respeto dan forma a los nuevos valores "religiosos" de la política occidental: la igualdad efectiva, la tolerancia y la intervención.
En realidad, este trabajo no deja de ser una excusa de la socióloga para expresar su preocupación por el proyecto europeo que se cocinaba allá por los 2000s. Honestamente leyendo este ensayo he pensado en muchas partes que ha envejecido un poco mal. La pobre Dominique no vio venir el auge de los nuevos movimientos de la derecha, del auge nacionalista y de todos los movimientos que defienden los valores de igualdad formal y libertad tan abrazados por los regímenes liberales y capitalistas.
¿Lo he disfrutado? No en el sentido jovial de la palabra, pero ha sido muy estimulante. He anotado, subrayado y debatido en los márgenes de este libro, que ha acabado feo y magullado de viajar a todos lados.
Como me pasó con otras lecturas de este estilo, debería releerlo para pillar todo lo que esta señorita quiso reflejar, pero paso.