Refracciones de luz en la llovizna es una mochila de princesas puede encontrarse se pueden encontrar un gran ropero en un cuarto en construcción en medio del desierto, un letrero que se niega a aceptar la sangre de homosexuales, una crujía de Lecumberri, a Newton destejiendo una bufanda, a un joven panadero guapo, a un albañil que, como Sherezada en las Mil y una noches, carga a su espalda con la mochila de princesas cargada de herramientas. Los seres humanos tendemos a ver en grupos a los que no pertenecemos un monolito, ser así y asá son, desde nuestros prejuicios —muchas veces ni siquiera malintencionados—, formas de vida iguales. Así, por ejemplo, desde la sociedad cis-heteronormada se tiende a creer que es lo mismo tener una orientación homosexual en la Ciudad de México, que en Tabasco, en Chihuahua o Zacatecas, y ni siquiera en estos sitios esa experiencia es semejante —aquí me acuerdo del chiste que dice que no es lo mismo ser joto que gay—. De ahí que, como lector, celebre la aparición de esta Mochila de princesas y que haya sido galardonada con el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2019, Raúl García Rodríguez construye una obra poética que muestra la experiencia de tener una orientación homosexual en un ámbito rural zacatecano. Lo celebro de manera personal porque yo mismo crecí en un ejido de Chihuahua y en ese sentido muchos de los poemas de este libro hacen eco con experiencias propias, y lo celebro como lector, porque es necesario que amplia la diversidad de obras, que aún hoy son pocas, sobre un deseo no heteronormado, obras que la mayoría de las veces se desarrollan en las urbes, y de ellas sobre todo en la Ciudad de México. García Rodríguez divide su Mochila de princesas en cinco compartimentos, en los cuales hace caber hasta una autobiografía, elige construir una voz poética que, aunque llega a hacer denuncia, le interesa, sobre todo, hacer poesía, hacer poesía con la experiencia del deseo homosexual por un lado y del rechazo, por el otro. Desde que se abre la mochila y se llega al Banco de sangre, que está epigrafiado con el anuncio que hasta no hace mucho en los hospitales se negaban a recibir sangre de homosexuales para transfusión. Ante lo cual el poema contesta: No hay leyes que prohíban transfundir sangre de un perfecto mentiroso. En esta bolsa también se encuentra la sangre como moneda, el banco de sangre, a fin de cuentas, tiene sus funciones. Desde la primera línea Raúl García Rodríguez nos ofrece el tono en el que el humor se hilvana entre verso y verso. La segunda bolsa de esta mochila es El juego de las escondidas en el que no nos hemos de encontrar con un closet, si no con un ropero más grande que las puertas de los cuartos, un ropero que debió ser puesto en la casa antes que esta se levantara. Imagino al mueble caliente esperando bajo el sol olfateado por coyotes y picoteado por un pájaro mientras yo adentro esperando que alguien quiera jugar a encontrarme El niño busca el refugio del ropero para esconder su diferencia, diferencia por la que es violentado. Maricón o joto ¿qué palabra pesa más en la espalda estrecha del niño que agachado va ofreciendo atar las agujetas de todos sus compañeros? Y aunque es un refugio, el ropero puede ser también un ataúd, la estrechez por la que puede ser encontrada la muerte, sea por asfixia o por el invento de Samuel Colt. Y hasta en la transfiguración lúdica de esas armas: las pistolas de agua, el niño se sabe diferente, mientras los hermanos juegan a matarse con ellas él escribe su nombre en el suelo, labor fútil, como toda obra humana: El sol y el viento hacían su lento trabajo de borrar las palabras de los hombres
En Etimología del número 41 Raúl García Rodríguez hace un repaso del origen popular de uno de los insultos que se han lanzado contra los hombres que desean a otros hombres: joto y su vínculo con la crujía jota de Lecumberri. Para ello hace un repaso, también, de la fiesta de los 41 y la carga ominosa que la cultura mexicana ha lanzado sobre ese guarismo. El orden y el progreso del porfiriato quebrado por la fiesta de cuarenta y dos travestis, uno de los cuales escapó. La voz poética se lanza contra el poder y reivindica la capacidad de desenmascararlo con la fiesta, con la voz quebrada, con la mano caída. No sólo, sino que pone de manifiesto que para ese poder hay quienes merecen castigo y aparecer en los periódicos y hay quienes permanecen en el silencio, todas aquellas personas que hacían posible que ese mundo funcionara, que hacen que este mundo funcione: No importa la moral o la convicción de quien cuida los jardines
En las dictaduras hay personas que no dibujan sombra invisibles al ojo del policía y de los periodistas Pero si los poderosos hay quienes son más dignos de escarnio, abajo, en el día a día en la cárcel o en la escuela, la mofa se sigue dando: En las secundarias públicas como en la prisión una letra clasifica a los alumnos […] El mismo destino tienen las flores
Espero alguna vez una de esas míticas hogueras de mariposas.
La última bolsa de esta Mochila de princesas es Autobiografía multicolor la voz poética reconstruye su vida y la prohibición del llanto, algo sólo digno de mujeres y mariquitas, como le dice el abuelo que le acaricia la cabeza con sus manos suaves a pesar de haber sembrado toda su vida. Es en este apartado donde la voz poética que construye García Rodríguez devela más su deseo y cómo es vivirlo en un pueblo chico. Aquí es donde nos encontramos con el hijo del panadero al que, siendo tan guapo, se le paga con billetes de alta denominación para que pacientemente nos devuelva la morralla. Este joven contador de barba ligeramente enharinada ojos de carbón humedecido y calor de horno de gas
Calor para llevar a casa -pensé- con la forma gruesa y alargada de un humeante baguette Y en este deseo, en esta aspiración la voz poética empieza a enfrentarse al arcoíris, el símbolo de la diversidad, enfrentamiento que plantea haciendo a Isaac Newton destejer una bufanda de arcoíris y que tiene su raíz en su daltonismo. ¿Quién puede asegurar que los daltónicos no están en lo correcto? Con lo que es no sólo una reivindicación del daltonismo, sino de la pertenencia de las poblaciones minorizadas, dándole una vuelta al prejuicio que sigue diciendo que esas poblaciones son minorizadas porque están en lo incorrecto. Y que en el caso de las personas de la diversidad sexo-genérica porque no acatan la cisheteronorma. Por supuesto que les he hecho una descripción muy somera de lo que contiene esta Mochila de princesas, en la que se nos pregunta: ¿Cómo sería la ciudad que nos construye si también fuera rosa el cemento? ¿Por qué conformarse con lo poco que cabe en una mochila tan pequeña?
(Texto leído en la presentación de Refracciones de luz en la llovizna en la Rectoria de la UAZ el 08 de diciembre de 2022 en el marco del Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde)