Durante años, el centro de acción de Krishnamurti en Occidente fue en la localidad de Saanen, un bellísimo lugar de los Alpes suizos al cual acudían personas de todo el mundo para escuchar su enseñanza. Enseñanza paradójica, pues Krishnamurti invitaba a sus oyentes a prescindir de la autoridad de los maestros: no hacen falta gurús ni principios generales; lo esencial es la propia liberación, el descondicionamiento, la libertad interior. Al hilo de esa libertad, Krishnamurti va enfocando en el presente libro los grandes temas del amor, la religión, las ideologías, el dolor, la belleza, la felicidad, la meditación… Sus palabras son un estímulo y no una imposición. Un estímulo para que cada lector acceda, por sí mismo, a su propia e irreductible realización.
Es un libro cómodo de leer, y de una gran profundidad en su contenido.
El autor va increccendo su discurso desde una humildad característica, que permite comprender con cierta simplicidad su presentación sobre la Libertad Interior, e ir compilando hacia arriba las ideas más complejas.
Le pongo 5 estrellas, por que creo que vale la pena leerlo y aprender del trazado que plantea Jiddu.
No he sido capaz de leer más que unas páginas, me encanta reflexionar y crecer como persona pero no me llegaba lo que leía, es como ir de la mano en el proceso mental de otro que no tiene nada que ver conmigo y en el que, ya de antemano, sabe dónde quiere que yo acabe...
A K. siempre lo leo con cariño porque me trae nostalgia de mi adolescencia, pero lo siento como una brillante estrella lejana fuera del alcance del común de los mortales. El libro es tan claro como difícil de llevar a la práctica, por no decir casi imposible. Su mensaje radical, revolucionario, puro, hace décadas atraía multitudes, pese a permanecer incomprendido en buena medida. No encaja bien con la inmediatez de los tiempos actuales, en los que prima la simpleza y fluidez (en el peor sentido). Por eso me sigue gustando. Hace poco leí a René Guénon, por vez primera y, curiosamente, me he dado cuenta de que ambos son como las dos caras del dios Jano. Una mira a un pasado pre-histórico, en el que sitúa su polo Norte referencial. Otra mira hacia un futuro utópico, dando la espalda a toda la tradición histórica. Sin embargo ambos tienen algo en común fundamental: el rechazo y la denuncia al presente actual, o a la civilización que lo domina. Creo que sendos rostros miran la verdad, cada uno a su manera. Mientras leía el libro no pude dejar de fantasear en una conversación o debate entre estos personajes.