Roberto Arlt, escritor, periodista e inventor argentino (1900-1942) creció en el seno de una familia humilde de inmigrantes, y en la adolescencia abandonó su hogar. Desde entonces, se ganó la vida trabajando en diversos oficios, hasta que desde los años 20’ se dedica al periodismo, su fuente de subsistencia más importante desde entonces.
“El jorobadito” es el título de uno de los nueve cuentos que conforman la obra. En ella, nos aproxima a figuras que se hallan en el borde de la sociedad. Son personajes marginados, y el hecho de que la mayor parte de las narraciones estén contadas desde la primera persona, desde el punto de vista de los del margen, implica que nos adentremos aún más en la realidad de dichos individuos.
Además, no solo el mundo externo de los protagonistas es peculiar, sino el mismo universo interior que muchas veces los acecha y crea realidad que difieren de la que perciben los demás. Si algo destaca a Arlt es la creación de caracteres muchas veces envidiosos, condescendientes consigo mismos, manipuladores, que han fracasado en sus propósitos y ha llegado a extremos como el asesinato.
En ese sentido, el autor (punto que tiene en común con otros miembros del grupo de Boedo, al que pertenece) realiza comentarios que son más bien críticas e ironizaciones de ciertas costumbres o dinámicas sociales: el matrimonio, las relaciones falsas, la profesión…
“Me tributaron elogios, más elogios. Tuve la dignidad de recibir a través de sus elogios la noticia de mi fracaso. La historia se repetía. Ellos me festejaban, como yo había aplaudido en otros tiempos a ciertos inútiles que no ofrecían ningún margen de rivalidad posible” (Escritor fracasado).
Punto aparte merece la forma de escribir de Arlt. Con un lenguaje poético y metafórico, lleno de preguntas retóricas, exclamaciones, sinestesias. Recursos que impactan con la realidad oscura narrada en el texto.
Leía un cuento a la noche antes de dormir, y durante el resto del día tenía reminiscencias de él. Reflexionaba sobre las diversas situaciones que me impactaban. Y eso resulta muy meritorio destacar, porque no todos los libros te adentran tanto a su mundo como para que en la cotidianeidad estés pensando en ellos.
En «El jorobadito» de Roberto Arlt el narrador en primera persona nos habla del corcovado del título y su relación con él que culmina en su estrangulamiento (no es spoiler, lo sabemos desde el segundo párrafo). Lo genial del relato es lo poco fiable y despreciable del narrador. Lo que se trasluce a través de la versión del narrador nos hace simpatizar con el pobre jorobado que en su desgracia mantiene la dignidad y demuestra ingenio y respeto por sí mismo (el que no le tiene su «amigo»). El narrador quiere utilizar a su «amigo jorobado» para cortar con su novia (que cree que no le quiere). El comentario que nos regala sobre su opinión sobre el orgullo de ser padre es impagable: «Admito que es más probable que mi destino me lleve a dormir junto a los rieles de un ferrocarril, en medio del campo verde, que a acarretillar un cochecito con toldo de hule, donde duerme un muñeco que al decir de la gente «debe enorgullecerme de ser padre». Yo no he podido concebir jamás ese orgullo, y sí experimento un sentimiento de vergüenza y de lástima cuando un buen señor se entusiasma frente a mí con el pretexto de que su esposa lo ha hecho «padre de familia». Hasta muchas veces me he dicho que esa gente que así procede son simuladores de alegría o unos perfectos estúpidos. Porque en vez de felicitarnos del nacimiento de una criatura debíamos llorar de haber provocado la aparición en este mundo de un mísero y débil cuerpo humano, que a través de los años sufrirá incontables horas de dolor y escasísimos minutos de alegría.» El terrible pesimismo del narrador y su visión sobre el sentido de la vida aquí queda resumido.
Es mi primer acercamiento al autor, que lo conocía pero nunca había leído nada de él.
Usa un tono grotesco, filoso y humano que hizo que no pueda parar de leer. Por lo menos en esta historia tiene un poder de retratar la miseria, la locura y la ternura que existe en los que no “encajan”.
Un cuento muy divertido, con dos personajes magnéticos y un estilo sorpresivo por su frescura, más si se toma en cuenta la antigüedad de publicación. Sin duda alguna iré a buscar más cosas de Arlt.