Un libro interesante, que ofrece una perspectiva diferente sobre la vida de Rimbaud y la relación que tenía con su madre. Sin embargo, lo que más aprecié de este libro fue el retrato que la autora hace de las condiciones de vida de la mujer ardenesa y especialmente le agradezco la humanización de Mme Rimbaud, a quien sólo había leído desde las voces masculinas que le dieron fama de "castratrice". Este libro reivindica su derecho de poseer voz y rostro, el cual la autora dibuja con gran habilidad sentimental (aunque, en mi opinión, con poca pericia estética).