Tras abandonar Moscú, el escritor y conde Lev Nikoláievich Tolstói regresó a su vieja aldea en la provincia de Tula para organizar en su propiedad de Yásnaya Poliana una escuela para campesinos. Entre su profesorado quiso contar, tal vez guiado por una concepción de la educación como un proceso esencialmente libre, con una serie de estudiantes moscovitas empapados de ideas innovadoras (aunque para algunos fuesen, más bien, revolucionarias e incluso anticlericales). Esta iniciativa, a la que acompañó la creación de una revista educativa un tanto heterodoxa, no tardó en captar la atención de unas autoridades temerosas de que la llama de la revolución prendiera entre los súbditos del Zar. El resultado fue una nefasta y costosa operación de espionaje encomendada al agente secreto Shípov, un «polizonte semianalfabeto que no sabía ni siquiera quién era Tolstói» y que, junto a su siniestro compinche Gyros, llevó a cabo la investigación ciñéndose en todo momento y con exquisito rigor a los principios que habían de guiar todas sus consumo incontrolado de alcohol, persecución de mujeres y un valiente empleo de la mentira. Okudzhava, uno de los escritores rusos más singulares de la segunda mitad del s.XX, se adentra nuevamente con estas satíricas Andanzas en el género de la novela histórica (previamente había escrito Un sorbo de libertad, sobre el «decemberista» Péstel) y, entrelazando fragmentos de misivas oficiales con diálogos delirantes, hechos ciertos con fantasía a raudales, muestra una vez más su dominio del lenguaje y su genuina originalidad, al tiempo que denuncia el profundo arraigo de la mediocridad en los estamentos gubernamentales.
Bulat Shalvovich Okudzhava (also transliterated as Boulat Okudjava, Bulat Okudjava, Boulat Okoudjava, or Okoudzhava; Russian: Була́т Ша́лвович Окуджа́ва, Georgian: ბულატ ოკუჯავა) (May 9, 1924 – June 12, 1997) was a Soviet poet, writer, musician, novelist,singer-songwriter. He was one of the founders of the Russian genre called "author's song" (авторская песня, avtorskaya pesnya). He was of Georgian-Armenian origin, born in Moscow and died in Paris. He was the author of about 200 songs, set to his own poetry. His songs are a mixture of Russian poetic and folksong traditions and the French chansonnier style represented by such contemporaries of Okudzhava as Georges Brassens. Though his songs were never overtly political (in contrast to those of some of his fellow "bards"), the freshness and independence of Okudzhava's artistic voice presented a subtle challenge to Soviet cultural authorities, who were thus hesitant for many years to give official sanction to Okudzhava as a singer-songwriter.
I am not sure I understand why the majority of the Russian peasant characters, in the books I have read so far, yearn to be a sort of vagabond. And because of that, they end to be very miserable. Nonetheless till the story is brought to an end the characters seem to live and die for excitement, and somehow they are literally used up. L'amour toujourswhere did I hear these words pronounced by some delightful creature? In a previous state of existence, perhaps.
"Omul e dirijatde rautate si invidie,de dispret,de ura si frica.Lasate in voia lor,aceste sentimente pot sa-l duca la consecinte nemaipomenite.Aceste sentimente trebuie strunite,adaptate,dirijate si in acest caz ele vor deveni utile"
La sátira política y la reconstrucción histórica se dan la mano en esta genial novela del escritor ruso Bulat Okudzhava para crear una perfecta atmósfera siberiana donde se ponen en evidencia los enormes agujeros burocráticos del régimen zarista. Extremadamente descabellada, burlesca e impredecible, Las andanzas del agente secreto Shípov funciona como una especie de farsa en la que su protagonista, tras haber sido enviado a una remota aldea en la provincia de Tula para investigar las supuestas actividades ilícitas y sediciosas del conde Lev Tolstói, se embarca en una farragosa red de mentiras, contradicciones y medias verdades que tiene como objetivo prolongar su estancia en la zona mientras dilapida tranquilamente en juergas el dinero que le brindan sus superiores. Con un estilo exquisito, unos diálogos inteligentes y divertidos, una galería de personajes demencialmente rocambolesca y un continuo devenir de escenas, situaciones e intercambios de correspondencia que se prestan a una deliberada confusión, Las andanzas del agente secreto Shípov es una novela muy recomendable y entretenida que destila la esencia de la época y nos sumerge en un apasionante juego de persecuciones cuyo final nunca se intuye del todo.
Hay veces que la forma en que está escrito un libro sobrepasa al fondo, a la trama principal de éste. Bulat, que por lo visto fue músico y poeta, creó una obra donde sobresale más el primero que el segundo.
La trama es casi lo de menos, de hecho, ésta cojea un poco en algunos momentos. Pero el autor ruso lo de escribió de una manera deliciosa. Mezcla distintos estilo, a veces es epistoral, otras veces se acerca al teatro (normalmente para hacer diálogos rápidos cargados de humor). Hay pocas descripciones pero suelen ser contener cierta poesía. Por ejemplo: Cuando por fin la ya avanzada tarde se diluyó, consumió su reinado, agotó sus sones y trinos y, ocupando su lugar, inapelable, se aproximó la noche con su frescor y su rocío; cuando los pájaros, antes de entregarse al sueño, dejando de cantar y ya dormían y solo algún ocasional chillido dejaba aventurar que todo aquel mundo seguía sin embargo vivo, o un último ruiseñor, de pronto enloquecido, lanzaba sus trinos, tan intempestivos en el mes de julio, pero que, tal vez espantado, también enmudecía; cuando aun los lobos…
Lo mejor de la novela, sin duda, es que Bulat no suele escribir explícitamente que está pasando sino que da pistas al lector, que atento, debe de adivinar lo que pasa. El autor hace esto muy bien y en ocasiones me parece, si me dejan hacer la comparación, una película de Lubitsch.
Bulat se ríe de todo y todos. La ineptitud de los gobernantes, el (ex)siervo que quiere parecer noble usando sin sentido las tres únicas palabras que sabe de francés, la credulidad de los eslavófilos con la supuesta bondad del pueblo llano…
… No pidas promesas ni diamantes. Huestes celestiales me guardan. No duermas, vida mía, Dios te guarde…
Algo extraño sucede en Yásnaya Poliana. El conde Lev Nikoláievich Tolstói, escritor a ratos pero conde a tiempo completo, parece estar reuniendo profesores de dudosa reputación para alimentar en sus escuelas populares quién sabe qué extraños pensamientos revolucionarios. Esto no puede pasar desapercibido a los ojos de los innumerables servidores de la ley, cargos y responsables varios de la colosal y laberíntica estructura zarista, pero tratándose después de todo de un noble, uno no puede ir por ahí montando escándalo y poniendo a la provincia de Tula patas arriba. Se impone enviar a un agente secreto, alguien de confianza, que ponga negro sobre blanco las cosas. Digamos a Mijaíl Ivánich Shípov.
Shípov es un tipo menudo y despierto, un antiguo siervo del príncipe Dolgorúkov que guarda un buen recuerdo de él. También hay que decir que tiene una cierta afición al vodka. Y también a las mujeres, porque su Matriona no está mal, pero todas tienen algo más que no tiene ella. Para ayudarle le encomiendan a un tipo aún más extraño que él, Amadéi Gyros, un griego que podría ser italiano o vete a saber qué, y del que la única cosa cierta parece ser su enorme nariz, en consonancia con su enorme rostro. Así pues, allí, alejados del mundo moscovita, perdidos en Tula, se dedican a su misión. Pero dedicarse a su misión también es un decir, porque realmente no hacen nada. Nada de nada, más que intentar conseguir algo de dinero del laberinto de instancias y personalidades que andan tras esas misión.
Y como es bien sabido que con la verdad uno no va a ninguna parte y también que trabajar cansa, uno por el otro acaban por dar a su público lo que su público esperaba: una bonita conspiración a lo Dostoyevski allá donde solo había relatos chejovianos. Y para eso ni hace falta verle la cara a Tolstói ni pisar su casa, está claro.
Bulat Okudzhava, escritor, tuvo una vida intensa. Cantante, en las fotografías al respecto tiene una aire a lo Georges Brassens, y algo de eso debió haber. Llegó a ser tan conocido que un pequeño planeta lleva su nombre, y también un sello de correos. Aquí en España, en palabras de su traductor y prologuista, Ricardo San Vicente, algo se tradujo, y, cómo no, Automática nos lo ha devuelto. Y digo cómo no porque hay mucho en Bulat Okudzhava que nos remite a otros autores de esta editorial (pongamos Vladímir Voinóvich o Yordán Radíchkov), o simplemente a ese humor punzante que toma la realidad para llevarla a un punto en el que el absurdo es lo normal, y las cosas no pueden haber sido de otra manera, por muy locas que estas parezcan. Okudzhava de hecho escribió varias novelas más partiendo de hechos históricos (aquí la investigación sobre Tolstoi) para crear sus propias ficciones. Eso y su construcción del héroe, no entendido como alguien admirable por sus hazañas, sino más bien como hombre con recursos entregado a su propia salvación.
Las andanzas del agente secreto Shípov se convierte así en un libro trepidante, entregado a un personaje inaudito, un personaje que vive su vida con tanta convicción (frente a las dudas, dimes y diretes de los demás), que acaba por ser, en su más completa falsedad, lo único auténtico que puebla aquellos años rusos. Es un hombre justo porque lo justo es sobrevivir y es un idiota porque solos los idiotas pueden enfrentarse, ciegamente, a la idiotez que nos gobierna y mueve nuestros destinos. Shípov es la vida. O vivir. Es lo mismo. Tal vez.