Un homenaje a la musa angelina del pop Lana Del Rey, pero también una originalísima aproximación, a través de su figura, a distintas cuestiones culturales contemporáneas.
Este libro es una indagación libre sobre el POP y lo contemporáneo, una brújula para recorrer la América Imaginada en tiempos crepusculares y un compendio (relativo) de todo lo que siempre quiso saber sobre el kitsch y lo camp pero nunca se atrevió a preguntar a Sontag o Kundera. Una reflexión sobre el canto como tecnología primera y última y la ampliación de la realidad a través del arte. Un viaje iniciático que reverbera en las orillas múltiples del mito. Y una crepitante carta de amor a Lana Del Rey.
Luis Boullosa (Madrid, 1975) es escritor, periodista y músico. Ha colaborado con medios como Ruta 66, El Confidencial, Perfect Sound Forever, La Razón o Arraianos, publicación cultural, esta última, en la que aparecieron algunos de sus poemas de juventud. Edita su propia revista, Karate Press. Ha sido miembro de un número no determinado de bandas de rock underground, y actualmente compone y toca el bajo en la banda Gog y Las Hienas Telepáticas. Tras El Puño y la Letra, Santos y Francotiradores es su segundo libro.
Si tardé tanto fue porque no me atreví a leer el capítulo final, no quería que acabase, hoy a sucedido. Sublime. El mejor escrito que he leído sobre Lana del Rey, con la naturalidad pertinente y la elegancia necesaria para traer reflexiones chulísimas sin salirse de la oniria que caracteriza a Lana. Un sueño de libro de principio a fin.
Análisis socio cultural que envuelve las obras de Lana, muy interesante y bien ejecutado. Lo único, no sé por qué deja las críticas negativas hacia ella para el final, como la de su amigo que dice: «yo si tengo que escuchar a una mujer cantando, de Bessie Smith para arriba» en mi opinión eso sobra.
No quiero ser Lana Del Rey. No quiero usar pestañas postizas ni que James Franco haga un libro sobre mí. No quiero enamorarme de un idiota que se pasa el día jugando a videojuegos, sentarme a su lado en el sofá y pensar que no hay nada que me pueda hacer más feliz. No quiero engordar y cada vez que salga en shorts a la calle darle carnaza a los buitres para que puedan hacer titulares tan brillantes como «la nueva Lana Del Rey se está convirtiendo en la antigua Adele». No quiero cantar en la boda de Kim Kardashian. No quiero que me adoren los hipsters ni que me tengan que defender los intelectuales. No quiero quedar con mis amigas un domingo de verano, vestir de amarillo y hacer muffins. No quiero amar como una mujer. No quiero ser Lana Del Rey pero lo soy. Me cuesta reconocerme sin maquillaje y también tengo una guerra en mi cabeza. En la tierra de Dioses y monstruos, yo soy un ángel, y en el invierno de mi vida los hombres que conocí fueron mi único verano. Lana cruza la calle por el camino más largo. Yo también. Sueño con ponerme unos blue jeans, un top bien corto y una chaqueta de cuero con flecos, dirigirme a la gasolinera con el mejor anochecer y esperar a una banda de moteros cincuentones para rodar con ellos hasta el amanecer. Quiero follármelos a todos y que cada uno de ellos me adore y tenga un trato muy paternalista conmigo. Quiero saber cuáles son sus hamburguesas favoritas, salvarles de la mugre con un baño caliente y una esponja exfoliante y desenredarles el cabello. Ay, Dios, quiero que me enseñen fotos de sus barbacoas en el patio trasero de las casas que perdieron, de sus perros, y que lloren en mi pecho. Red flag. Red flag. Red flag. Soy una mala feminista y ya me da igual. Tengo derecho a fallar. Tenemos derecho a fallar y que nos dejen querer a nuestra puta manera.
Además del homenaje fanático (obviamente subjetivo, pero no por eso menos válido) propone lecturas súper interesantes, categorías y mitologías que ahora no puedo dejar de buscar. Me gustó mucho (y aguante Lana)