Cuatro expediciones realizó el padre Martín Gusinde entre los años 1918 y 1923 efectuando los más serios y rigurosos estudios arqueológicos y etnológicos sobre los aborígenes del sur y extremo sur de Chile y onas, yámanas (o yaganes) y alacalufes. En un lenguaje claro y ameno el autor nos proporciona observaciones rigurosas y únicas en la etnología del extremo sur de América. Estudia las características físicas, las costumbres, las creencias y los dialectos de estos que fueron “legítimos hijos del país”. Con gran valor moral denuncia, también, las “despiadadas persecuciones e inauditas crueldades” que sufrieron estos seres humanos a quienes nuestro país debió proteger y cuidar.
Este libro recopila los cuatro sucintos informes que Gusinde escribió sobre sendos viajes a Tierra del Fuego encargados por el museo de etnología en el que se desempeñaba en Santiago (análisis más detallados aparecieron posteriormente en "Los indios de la tierra del fuego", aún inédito en Chile). Si bien para nuestros ojos modernos hay ciertas declaraciones y actitudes que son anticuadas: que las culturas más antiguas serían todas monoteístas, hablar de culturas como "superiores" a otras y su actitud a veces rayana a los saqueadores de tumbas; no se puede negar que este es un trabajo monumental de un extraordinario humanismo y amor por el conocimiento. Gusinde fue un tesoro nacional. Gracias a él los pueblos fueguinos entraron al imaginario colectivo, tal vez mundial. La triste historia de la desaparición de estas culturas debe servirnos para entender y proteger las otras culturas indígenas que aún sobreviven entre nosotros.
Muy interesante libro sobre el sabio sacerdote del Verbo Divino que vino a Chile a los 25 años y era una persona muy preparada y de una mirada científica y a la vez es muy claro sobre el futuro de los pueblos originales de la Patagonia y canales del Sur . Parte sus estudios en el pueblo mapuche para después iniciar los estudios de los Yamanas, Selknam , Kaweskar y algo los Haush . Muy interesante todo lo que describe de sus contumbres y además participa en vivo en ceremonias que nunca habían sido vistas por el hombre blanco