Si te interesa leer un libro de terror que esté ambientado en Argentina, con su idiosincracia y sus modismos (al punto de que vas a encontrar un monstruo que toma mate mientas perturba al protagonista) pero que, también, te presente realidades paralelas y personajes bestiales, grotescos y muy sinestros, Salmató. La ciudad de los malditos es un libro que te va a atrapar desde la primera hasta la última página.
Esta historia llegó hasta mí gracias a una convocatoria en redes de la editorial y el autor, que, muy amablemente, me enviaron el libro digital para que yo, hoy, pueda estar realizando esta reseña.
En Salmató seguimos a Cornelio Hoffman, un psiquiatra que debe enfrentarse lo que él cree que es una epidemia: una especie de histeria colectiva que hace alucinar a muchas personas con demonios y que solo genera locura y violencia.
En esas alucinaciones se habla de demonios como deidades y de una ciudad donde supuestamente estarían estos demonios: Salmató.
Él empieza a involucrarse cada vez más con este asunto y ve que todo se va conectando, que esta gente cree estar como en una realidad paralela y que, en todo esto, algo tiene que ver su hermano, con quien él ya no se lleva y que sabe que es un hombre complicado.
A medida que avanza la historia, el protagonista se va dando cuenta con lo que va viviendo que, la única explicación, va por el lado de lo paranormal. Hasta que él mismo tiene que emprender el viaje a Salmató en busca de una chica perdida y de da cuenta que, las peores pesadillas, salidas de lo más oscuro de la mente más retorcida, puede hacerse realidad… ¿o no?
Es un texto que todo el tiempo nos está haciendo dudar y nos pone en cuestión sobre lo que estamos leyendo. Al igual que el protagonista, nos preguntamos qué es real, qué no lo es y no logramos tener la seguridad de que eso que se presenta como tan oscuro pueda llegar a ser verdadero.
Hacia el final, a los lectores se nos permite ser áun más partícipes de la historia gracias a una especie de "elige tu propia aventura": vos elegís si leés un final u otro, si no leés uno de los dos, si te quedás con uno o con otro. Me gustan esos libros que te hacen sentir partícipe, que te invitan a jugar con el destino de los personajes, cuando el autor te presta un poquito de ese poder de decisión. Le agregan un plus a tu experiencia lectora.
Será por estas características que la narrativa del libro me resultó similar a la de un videojuego. Y el estilo de las ilustraciones que acompañan al texto, también siguen esa estética.
También me gustaron las referencias al escritor Horacio Quiroga -se nota que el autor debe ser admirador de este escritor porque se nota en su estilo sangriento y perturbador - y a Alicia en el País de las Maravillas. Aunque en este último caso, se aleja del estilo más delicado del texto de Lewis Carrol.
Fue una buena experiencia de lectura. Muy diferente a lo que venía leyendo últimamente. Si te gusta el terror, te recomiendo esta lectura que, por momentos impacta y, por otros, te atrapa.