Con Las mil maravillas, Denis Fernández ha llevado el gótico rural a su límite más siniestro. Cadáveres despedazados, restos irreconocibles que se instalan en los sueños con la contundencia de la podredumbre, muertas traídas por la corriente de un río, muertas tan vivas que no hay cómo sacárselas de encima. Asco, hedor, barro del más sucio. Y, sin embargo, aquí, hay también belleza, no solo la del paisaje y su minuciosa fauna de insectos certeros e invisibles, sino la de la noche oscura del alma. La lengua literaria de la desesperación se lo juega todo en esta historia, al punto de que no sabemos si eso que se nombra existe. Durante el carnaval, una pareja visita un pueblo, lugar doblemente separado del tiempo histórico –por las máscaras y por su desazonadora anacronía–. Allí descubren –cada uno a su manera– los poderes que desafían las verdades humanas o, más bien, que revelan de tal forma la verdad ambivalente del espíritu que ya no es posible cerrar los ojos ante lo ominoso, lo familiarmente ominoso. Ramón, un misterioso gurú, es el puente entre la precariedad del presente y un terrible mito antiguo que exige sacrificios de sangre. Su extraño magnetismo se suma al misterio del monte. Y del monte cerrado nadie escapa. Las mil maravillas hace de la oscuridad un texto bello y desgarrador.
Denis Fernández nació en Lanús, en 1986. Es periodista y editor. Tiene a su cargo la editorial Marciana, que publicó a Bob Chow e Inés Acevedo, entre otros. Publicó El adiestrador de peces, Tucson, Arizona y el libro de relatos Monstruos geométricos, editado por 17 Grises, así como la novela Cero gauss (Notanpüan, 2017).
Auténtico terror rural del que me enamora. Hay un montón de situaciones incómodas, turbias y asquerosas que me pusieron los pelos de punta. Le voy a poner especial atención a futuras publicaciones de Denis Fernández, a la expectativa de más bellezas oscuras como esta.
Yo quería amar este libro. AMARLO. ¿Una novela de terror que transcurre en medio del campo? Por favor, dame quince. Empieza bien, el primer capítulo está bueno y pensás que se viene una cosa re interesante: un tipo que tiene una secta en medio del campo, con sacrificios de todo tipo. Pinta súper truculento... y llega el segundo capítulo y empieza a hacer agua. O no pasa nada, o tenés páginas y páginas de sueños y delirios. Además no termina de aparecer bien cuál es la relación con lo que habías leído antes (medio te la imaginás, pero igual). Y cuanto está por empezar la acción, cuando se está por armar la podrida... termina el libro.
Literalmente, termina el libro antes de siquiera empezar el conflicto.
Una novela que te sumerge desde la primera página. Me gusto mucho la narración, cuando suelen usar el campo como locación se tienden a exagerar rasgos y termina siendo incomodo de leer, pero en esta ocasión el autor hace un desarrollo de personajes muy justa y una descripción de la zona muy nítida. Disfrute de la oscuridad y las supersticiones, no me terminaron de encantar las visiones al inframundo de ambos personajes.
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Tenía muchas ganas de que me gustara. Tenía todo en la contratapa. Terror rural, caballos, sectas. Los elementos están y el comienzo promete, pero se va cayendo. Se sostiene a base de sueños locos pero no me alcanzó. No logré entrar, no me convenció lo de la divinidad hebrea/fenicia venerada por unos serranos de acá, no me la creí.
Igualmente a mucha gente le gustó así que prueben. Quizá soy yo, no el libro.
Terror rural, gótico rural, folk horror, llamelo como quiera llamarlo, ambientado en nuestra pampa gringa, sectas que requieren sacrificios de sangre, fantasmas, una entidad pagana -casi lovecraftiana-, cadáveres despedazados, estancias abandonadas, lo ominoso que se hace presente a través de lo onírico. Imágenes que asquean, naturaleza en su máximo esplendor pero también su contracara; la oscuridad todo lo domina, y, en el medio, el carnaval.
En ese contexto -muy bien creado y descripto- una pareja llega al pueblo, para luego, por situaciones un tanto extrañas, desencontrarse. Desde allí, todo buceará entre la realidad y la pesadilla.
"El horror se encuentra en todos los rincones de ese pueblo maldito, cuentan los que alguna vez pisaron esta tierra. Y el alcance de ese horror, inevitablemente, es muy difícil de calcular."
Como puntos positivos: el ambiente está muy bien creado, el autor sabe como utilizar los recursos del campo, de las sectas, lo rural y pagano para generar una atmósfera sombría y que se presta a confusión -algo muy común en ese contexto- y tiene todos los condimentos para no fallar.
Sin embargo, así como la historia empieza con todo, se va desinflando hacia el final, el cual me dejó gusto a inconcluso.
Pese a ello no deja de ser una historia que atrapa y que invita a seguir leyendo al autor.
"[...] los que llegan sin memoria ni pasado, esos que no tienen identidad, son los condenados. Y los bichos malos ostentan un lema inquebrantable: 'Aunque la luminosidad intente salvarlos, los condenados siempre serán condenados."
"Yo de acá no me voy más, ni siquiera muerta: mis restos van a quedar sepultados bajo esta misma tierra, la misma donde están los que me tuvieron. Para nosotros, esta es la tierra de las mil maravillas. ¿Sabe por qué le decimos así? [...] Por las maravillas que nuestro Dios nos dio, patrón. Todo esto que ve, la vida y la muerte, la naturaleza, la longevidad, el alimento, el esplendor de nuestro pueblo, la riqueza, los hijos, las montañas... esas son nuestras maravillas."
Compré este libro porque su título y tapa me llamaron la atención. No me esperaba que fuese tan bizarro. Pero disfrueté adentrarme en una novela tan siniestra.
Me siento identificada con Emilia, cuando Ezequiel la describe “Con la mirada perdida,abstraída en sus divagues” y que “Prefiere caminar y juntar flores por el camino”.
También, observé cómo relación de Ezequiel y Emilia es ambigua, un poco desinteresada. Siento que están juntos por costumbre y cotidianidad; pero igualmente siguen teniendo piel, y se quieren mucho.
Me encanta como el autor describe a la perfección el ambiente, y las sensaciones de los personajes, te hace sentir parte de la novela. Me fascinó que sea tan bizarro, que haya sueños inusitados que se mezclen con la realidad.
El final me decepcionó un poco. Me dejó un aftertaste amargo. Me faltó un cierre más potente, que me deje recalculando.
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Esta novela corta de Fernández contiene elementos muy atractivos que Giovanna Rivero, en la contratapa, enmarca dentro del gótico rural. Oscuridad, la referencia a un dios antiguo, un lugar de sacrificio, el enigma del campo, huesos y cuerpos mutilados. La ejecución narrativa se me hizo apresurada, como si le faltara desarrollo, y el final tiene un dejo a crónica explicativa para conectar los hilos abiertos. Hay una prosa bien lograda y una composición de imágenes y elementos literarios muy destacables. Me deja mucha curiosidad por leer otros textos de Denis.
Una joyita poco conocida. Terror rural y folk horror puro. Me encanta encontrarme con historias extrañas, cargadas de elementos mágicos y tradiciones oscuras.
Un libro que por momentos me recordaba a Temporada de huracanes de Fernanda Melchor. La esencia y la estructura son similares. Una prosa exquisita que, a través de la simplicidad, te transporta a paisajes llenos de misterios y creencias paganas.
Me alegra haberle dado una oportunidad a este autor. Lo tendré muy presente
Un rompecabezas de folk horror argentino, trabajado con mucha dedicación y talento. No es para leer en el subte, requiere de una atención especial porque tienen muchos detalles que pueden perderse. El espíritu de El sueno de los héroes, con sus bucles de tiempo está presente y se nombra varias veces. El resultado es una pieza de ingeniería del horror y el misterio escrita con maestría. 9/10
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