Una profunda reflexión acerca del modo de funcionamiento del rumor en la cárcel y de cómo esos discursos precarios y fragmentarios –llamados bembas- responden a la indefinición de las condiciones de comunicación, es el punto de partida de este conjunto de ensayos en los que el autor reflexiona sobre el estatus específico de lo discursivo en el universo social contemporáneo. En “La Bemba”, Emilio de Ípola, preso político durante la dictadura militar, toma distancia de su experiencia vivida y examina con rigor la producción, circulación y recepción de esta experiencia comunicativa excepcional cuya denominación se remonta a las “radios-bembas”, rumores que circulaban de boca en boca antes de la revolución cubana. Al analizar el conjunto de estudios sobre el terrorismo de Estado, Beatriz Sarlo rescata como ejemplar este trabajo: “No resulta extraño que haya sido olvidado como texto que presenta la experiencia carcelaria durante la dictadura. Sus cualidades son singularmente ajenas a la masa testimonial y las historias personales y grupales sobre el período, porque se oponen a un modelo de reconstrucción y denuncia que es el que se ha impuesto en las últimas dos décadas”. En el artículo “Populismo e ideología” el autor discute el concepto de populismo utilizado por Ernesto Laclau mientras que en “Sociedad, ideología y comunicación” analiza los procesos de producción, circulación y recepción de las significaciones como elementos esenciales de toda teoría viable de las ideologías. Los tres ensayos que integran este volumen expresan una misma preocupación teórico-metodológica del autor: pensar el estatus específico de lo discursivo en el mundo contemporáneo
«Las técnicas son variadas (y dependen en buena medida de las características de cada establecimiento penal): utilización del lenguaje de los sordomudos para comunicarse entre pabellones vecinos; empleo de las cañerías de las letrinas, previamente lavadas y desagotadas, para hablar o enviar mensajes escritos a los pabellones superiores e inferiores; de los lavabos, para entrar en contacto con las celdas contiguas. Los jarros de aluminio para el desayuno, utilizados como una suerte de "teléfonos", permiten, en ausencia de los lavabos, comunicarse a través de la pared medianera de las celdas. Se envían mensajes en el interior de cigarrillos, de tarros de dulce, de paquetes de yerba mate. Aunque está prohibida la correspondencia entre familiares alojados en distintas cárceles (caso frecuente entre parejas de militantes), una hábil redacción, y la colaboración de los allegados en libertad, hace posible la comunicación epistolar entre ellos e incluso la correspondencia —igualmente prohibida— con cualquier persona fuera de la cárcel. Los golpes en las paredes, previamente concertados a base del código morse, sirven asimismo como medio de comunicación».
LA BEMBA. ACERCA DEL RUMOR CARCELARIO de Emilio de Ípola.