«Resulta que, sin yo saberlo, mi existencia ha sido uno de los secretos mejor guardados de la Guerra Fría y que tanto mi madre como la CIA me ocultaron al mundo. Esta es la historia de cómo descubrí que mi padre era un espía».
Durante casi toda su vida, Alejandra Suárez vivió con su madre una relación tormentosa y salpicada de secretos, pues esta se negaba a revelarle ningún detalle sobre quién era su padre. Dispuesta a conocer sus orígenes, Alejandra emprendió una investigación titánica que la llevó a descubrir que era hija de Aleksandr Ogoródnik, uno de los espías más importantes durante la Guerra Fría, contactado por la CIA en Bogotá y capturado por el KGB en Moscú.
Mi padre, un espía ruso es un relato fascinante que recoge la historia de la lucha de una hija desesperada por hallar la verdad y las memorias inéditas de su padre, que suponen una crítica feroz al comunismo de la Unión Soviética, recuperadas de entre las pertenencias de su madre.
Este testimonio es un homenaje a la vida, a las raíces, a la historia y a la memoria, pero también es una voz crítica, necesaria y absolutamente actual que nos transporta a una Rusia marcada por el secretismo y el autoritarismo.
Existe una larga lista de libros que desmenuzaron los horrores de la Unión Soviética, desde el alegórico Rebelión en la granja de George Orwell hasta el visceral Archipiélago Gulag, pasando por el camino por innumerables crónicas de la crueldad comunista como las de André Gide. Otro libro que podría haber resultado palabra que se torna arma contra la opresión eran las memorias que decidió escribir el agente doble Trigon cuando pasó de trabajar para la CIA infiltrado en el2 KGB, uno más de esa lista de libros que pudieron haber sido un éxito.
Me ha gustado mucho la historia en si, y cómo está escrito; aunque me he saltado párrafos q ahondan mucho en los detalles sobre el tema de espionaje ruso-americano que me interesan menos.