Los poemas de Las ceremonias, de Andrea Franco, nos presentan hechos presuntamente reales - ¿qué es lo Real, o mejor, qué es lo real aquí?, pero de esas imágenes se desprende algo que excede la realidad, de manera que el sentido hace un pivot hacia lo mágico, lo fantástico, lo siniestro. Los sujetos son niños, niñas - ¿o quién? - que cuentan, con total naturalidad, ritos, visiones, hechos de la experiencia más cercana, pero esa naturalidad no alcanza, o es un guiño para firmar el contrato elemental que nos llevará de la mano, entregados, a ese lugar donde la infancia y lo ominoso conversan juntando migas del mantel, retirándose el pelo de la frente, probándose joyas en un cuarto desconocido y secreto. Es un libro lúcido y hermoso. Sombrío. Perturbador. Festejemos esta lectura. Lentamente.
Poesía cruda, imágenes que no se quedan simplemente en las palabras, terceras personas que parecen mutar de infancias a ideas de un dolor pasado. La autora no se resguarda detrás de nada, escribe lo que visualiza y lo logra, después de todo eso es la poesía.
Me llamó la atención el título, que parece evocar a Pablo Neruda con su frase "Todo es ceremonia en el jardín salvaje de la infancia". Algunos poemas van de recuerdos inocentes y en otros, se asoma la crudeza y el peligro. La realidad deformada con la inexperiencia. Muy hermoso, me gustó.