Un grupo de treintañeras se reúne asiduamente en un parque para seguir el ritual de una centenaria dama: narrar las historias que se esconden tras las imágenes de un viejo álbum. Con esta invocación a trascender lo familiar y lo remoto de las vidas ajenas, se abre Retratos de la orilla, una colección de nueve historias cargadas de presente y bañadas en un realismo punzante, pero con una ironía y una potencia lírica capaz de desatar pequeños incendios. En ellas conviven fantasmas y redes wifi; cartas manuscritas y hashtags; hogares ignotos y finales llenos de horizonte, junto al mar. Protagonizadas por mujeres que viven en la frontera entre el pasado y el futuro, conscientes de que sus decisiones son tan extremas como universales; cuyas certezas se nos revelan aquí con la nitidez y el brillo de una imagen fotográfica.
Recientemente seleccionada por GRANTA como una de las mejores narradoras jóvenes en español, la cubana Dainerys Machado Vento nos asalta con una prosa afilada, potente y actual; una mirada tan despiadada como tierna, capaz de cartografiar todo un territorio, que no se circunscribe solo a La Habana, sino también al entorno rural y a ese pedazo de isla trasplantado a Miami.
Leí este libro en la edición de Palíndroma y quedé encantado. Cosas que amé: que algunos relatos incluyen personajes que se conectan con otros cuentos; el humor negro; la complejidad de las protagonistas; que las tramas nunca sabes cómo van a terminar; los excelentes diálogos, entre otros aspectos. Se me hizo un libro redondo, que entre más avanzas en las páginas más entiendes a las protagonistas de los relatos anteriores porque de alguna manera la autora va iluminando cada vez más la atmósfera de una manera genial. Tienen que leer este libro.
"[...]que ojalá le gustara la fresa a Soledad, porqué hacía años que en Matanzas todos los chupas chupas que se vendían en las tiendas eran de fresa, y ellas no entendían por qué, pero suponían que tenía que ver con eso de que los americanos querían construir un muro alrededor de la isla, como repetían todas las noches en el noticiero y como ellas mismas tendrían que anunciar otra vez, en el matutino del dia siguiente." (pàg. 110)
«Obdulia simplemente puso un pie delante del otro, un pie delante del otro y avanzó rumbo al mar, siguiendo la dirección que le indicaba ahora el fluir de Emi. En el pueblo nadie supo con certeza cuántos días estuvo caminando. Algunos aseguran que aún recorre el sendero de los arroyos, otros dicen que sí llegó enseguida a la costa y que allí vive, a la orilla de la playa, sin tener que usar zapatos en todo el día.» 🐚 Hacía tiempo que no leía un libro de relatos tan bueno. Algunos están conectados entre sí, otros destilan ironía en cada palabra, y otros son 💣. Libro recomendable al 100%. 🐚 «Su madre la miraba y decía «Qué fea eres, Soledad, no puedo creer que siendo tan fea hayas nacido de mí». Se lo decía siempre, de la nada, en cualquier momento: «Refea, Soledad, refea».»
Mis amigos me regalaron el libro para mi cumple y al ver la portada preciosa ya me tenía interesada. Me gustó que el formato del libro y lo lei super rápido como son anécdotas bastante cortas. Algunas me hicieron reírme y otras llorar. El libro examina lo que realmente significa ser mujer en una sociedad patriarcal. Habla de lo que el mundo espera de las mujeres y cómo podemos llegar a sentirnos si no cumplimos con lo que espera de nosotras. Aunque no he vivido todo lo que ellas han vivido, he podido identificarme con cada narradora y eso es lo más bonito del libro.
Qué maravilla de libro. En estos cuentos encontré las vidas reflejadas de una comunidad cubana y su diáspora, personajes que seguirán presentes mucho después de haber acabado el libro. Machado Vento demuestra un rango impresionante de perspectiva, humor y seriedad, como la vida misma. Cada cuento es una gema que brilla con la luz de la escritora, una voz y un talento importante en la literatura. ¡Muy recomendable esta obra!
Parecería que dos contextos tan distintos como lo es la vida en Cuba y la vida en Miami no tendrían espacio para converger en distintas historias, pero Dainerys lo hace de una forma tan natural. Además lo compartí en un círculo de lectura y al final tuvimos la oportunidad de hacerle preguntas a la autora lo que le dio un plus a esta lectura.
Las emociones que genera esta lectura son diversas, al rato te estás riendo y luego te enojas y luego lloras.
Como me ha pasado en otros libros, llegue a este por un artículo publicado en “Literal” por la poeta cubana Kelly Martínez-Grandal, artículo que iniciaba con la siguiente pregunta: “¿Qué pasa cuando una escritora abiertamente feminista se rebela contra la idea simplista de la mujer empoderada y escribe un libro sobre mujeres rotas?” Creo que lo que sucede es que, por las rendijas de esa fractura, se cuela la luz de una perspectiva distinta y poderosa.
El mismo artículo establece la contradicción a la manera de “Simone de Beauvoir ̶ cuyas protagonistas parecieran despertar de golpe a la conciencia de su herida ̶ “ y no puedo estar más de acuerdo, las treintañeras de estas historias se sumergen en ellas mismas para trabajar desde su perspectiva y dolor; en este libro vas a encontrar la historia de una mujer regresa de la Habana a Miami solo para toparse con que su novio fue captado en un hotel con otro hombre; otra mujer cuida de su madre moribunda que toda la vida se ocupó de llamarla fea; está también la mujer que buscando embarazarse va a un gender reveal party.
Este libro, que han llamado nómada, alterna entre Cuba y Miami las historias de sus protagonistas, alterna la realidad con la fantasía y el yugo con la libertad, explora con humor, crueldad y resiliencia los claroscuros de sus protagonistas, que son variados y sumamente humanos, con una narrativa sutil, va hilando las historias in crescendo, porque lo admito, estuve a punto de abandonarlo y me terminó encantando. Son nueve cuentos de mujeres que perdieron la inocencia de la primera juventud y vieron los ojos del lobo que habita en todos los bosques, ellas, como todas, merecen un monumento; Obdulia arrasada, Julia que trata de hacer lo correcto, la fea Soledad; Magdalena, una mujer trans o Leonor, la madre adolescente, son ejemplo de dignidad y fortaleza.
“Pienso en orillero, esa palabra despectiva que muchos cubanos usan para referirse a la gente de lugares marginales y que, sin embargo, bien puede convertirse en elogio cuando se piensa en la fuerza de lo excluido; en lo fronterizo y lo paria como espacio discursivo y creativo. Orillero, este libro se erige como rebelión porque empoderarse es también no cumplir, no responder sino a la propia voluntad y a todo aquello capaz de pregunta. Detrás de toda su dureza, Retratos de la orilla es, sobre todo, un acto de amor hacia las mujeres. No solo hacia su capacidad de recuperarse, sino también hacia el polvo, la sal de sus caminos.”