Este libro, organizado en tres partes, da cuenta de los debates que han rodeado la producción musical en la modernidad. En la primera parte el autor analiza el sentido del progreso y el particular sentimiento histórico que caracteriza el desarrollo de la música; en la segunda, expone las principales líneas del debate sobre forma y estructura; en la tercera, la posible dimensión representativa de la música. Así, el autor revisa las corrientes más significativas de la estética musical desde el siglo XIX hasta la actualidad.
Esperaba algo distinto, pero después de darle una oportunidad me empecé a adentrar en su particular estilo. Se nota que el libro nació de artículos escritos para medios especializados porque son bastante técnicos, y a pesar de conocer los rudimentos de la música hubo momentos en los cuales sentí que iba a tener que hacer un curso de armonía y contrapunto antes para poder seguirle el ritmo.
Lo que más me gusta es cómo intercala intelectuales que pensaron la música con otras artes y el abordaje desde la ficción. De esa manera -parado fundamentalmente sobre Adorno- desarrolla ideas atractivas y por las páginas van desfilando músicos como Stockhauser, Schoenberg, Cage, pensadores como Kant, Ruskin, Benjamin, Kuhn, pintores como Turner o los impresionistas y escritores como Proust y Bernhard por los motivos musicales de sus obras. La ilustración con partituras no me aportó tanto pero imagino que al especialista sí. Por momentos tanto rizo se vuelve medio árido y cuesta mantener el hilo.
En esta primera lectura rápid varios libros y artículos que menciona me llamaron la atención porque parecen fundamentales para esta mirada más filosófica y técnica de la música en la que no tengo tanto recorrido (en general me interesé más por la historia). Y también se mencionan como ejemplo varias obras que espero encontrar para escuchar mientras leo los comentarios del autor.