Tropecé con este libro por estar trabajando temas vinculados a la Cancillería. Es raro encontrar publicado un libro que se ajuste mejor a la calificación de libelo. Leído casi 30 años después de su publicación, resulta llamativo la homofobia y la pacatería del autor. En ese aspecto, parece escrito en la década del '50. Aún para los estándares de la transición democrática chilena, el libro supura maledicencia. Todos los personajes son u homosexuales encubiertos (pareciera que Martorell lo equipara con un delito) o desenfrenados drogadictos y juerguistas. En definitiva, el libro parece escrito por un/a "chusma" de barrio y sus "revelaciones" sirven la misma utilidad pública: ninguna. Lo que intenta hacer pasar por periodismo de investigación, no son más que una colección de rumores que circulan por todas las cancillerías del mundo; formas en las que los espíritus menores ventean su resentimiento hacia quienes han sido más afortunados. Martorell llega hasta el extremo de hacer una lista de presuntos funcionarios de la Cancillería chilena muertos por complicaciones vinculadas con VIH-SIDA, haciendo una equivalencia cargada de ignorancia entre la enfermedad y la homosexualidad. Este listado, en caso de ser cierto, es claramente un delito contra la privacidad de pobres víctimas de ese flagelo que azota a la humanidad desde hace por lo menos 40 años; en caso de ser falso, es un ejemplo del mal gusto y de la liviandad con que Martorell trata a la verdad y los datos concretos. Para el momento en que llega a describir los delitos de chantaje de su biografiado, los únicos delitos serios que se presentan en el libro, la credibilidad del autor está tan comprometida que resulta dificil creer en algo de lo que nos informa. Si uno no conociera mejor lo hechos, la torpeza conque trata de mostrar las acciones de Spinoza Melo, mueven al lector a una inmediata simpatía... por el presunto delincuente. Se trata de una obra (me da grima tratar este libelo de libro) que se ha visto inmensamente beneficiada por la censura . Basta dejar que el público lea las diatribas oscurantistas y mojigatas de Martorell, para descartar la obra sin la más mínima consideración ni miramientos, a un olvido sin culpas. Sin embargo, la censura (sirva este ejemplo de un innecesario recordatorio de lo estúpido que es el acto de censurar) le dio a este trabajo una sobrevida, totalmente innecesaria. Un libro innecesario. Un intento de escandalizar gratuito y sin sentido. Si lo encuentran en alguna mesa de saldos, o en una librería de usados, mejor dejarlo pasar.
Un libro que empecé a buscar en cuanto supe que había sido censurado. Drogas, sexo, orgías, famosas, políticos, maldad… y todos los ingredientes que seguro aún existen en esos círculos de poder. Terminas de leerlo y te sientes una persona buena, decente y casi santa. De verdad.