Gracias a la ciencia , la actual es la época histórica en la que, a pesar de los pesares, la gente vive en mejores condiciones . Pero, al igual que organismos vivos y entes sociales están expuestos, a la vez, a amenazas procedentes del interior y peligros del exterior, la ciencia, como empresa colectiva , se encuentra sometida a riesgos externos e internos . Los internos son los más insidiosos . Conciernen a quienes formamos parte del sistema; por eso nos interpelan de forma directa. Este libro trata de identificar los males de la ciencia para ponerlos de relieve, advertir del riesgo que representan y señalar la necesidad de ponerles remedio . Comienza con una descripción somera de la ciencia y sus valores . El repaso de los males que la aquejan se inicia con la desigualdad de oportunidades para su disfrute y ejercicio . Continúa con sus problemas de funcionamiento y, en particular, del sistema de publicaciones . Vienen después las malas prácticas , la falta de integridad y sus consecuencias : la mala ciencia. Analizamos a continuación las implicaciones éticas de la actividad científica . El repaso de los males termina con su relación con la política y la comunicación . En el último capítulo nos ocupamos de los remedios que tienen los males de la ciencia.
Yo pensaba que los autores, a los que puedo llamar amigos, hubieran escrito Ciencia, con C mayúscula.
Juan Ignacio y Joaquín han redactado una obra compendio de varios aspectos por los que la Ciencia no funciona. Tal es el compendio, y tal suele ser el acuerdo entre los científicos respecto a estos temas, que yo lo llamaría Tratado sobre los males de la Ciencia.
El sistema está pervertido, la Ciencia se vuelto una loca carrera de productividad de baja calidad, de escasos recursos, de personas que se pueden permitir dedicarse a la Ciencia, y otras que no. Los avances científicos no llegan a todas las esquinas del globo. Además, existe una actitud dilapidaria de solo publicar y llevar a la luz los experimentos exitosos, no está bien visto publicar 'he probado este experimento, y me ha salido mal, no es el camino', lo cual ahorraría millones a todo el mundo. La ley de Goodhart, reformulada por la antropóloga Marilyn Strathern, lo deja claro:
Cuando una medida se convierte en un objetivo, deja de ser una buena medida
Este tema a menudo me lleva a cavilaciones interminables sobre el Sistema, ese enemigo imaginario formado por instituciones reales. A pesar de mi familiaridad con todas estas evaluaciones de la Ciencia -probablemente uno de los mayores logros como especie- el libro me ha gustado mucho, se lee fácil, y he subrayado multitud de datos. Un libro para consultar y releer de vez en cuando.
"Los males de la ciencia" analiza de manera rigurosa y exhaustiva los sesgos y amenazas que deterioran el sistema de la ciencia en España, y que a menudo afligen también al sistema científico global. La desigualdad, los sesgos cognitivos, el sistema editorial, la burocracia, la presión por publicar... son algunos de esos "males", pequeñas piedras en el zapato que entorpecen la tarea de los científicos y se alinean pobremente con los valores y objetivos de la ciencia.
El libro está escrito con claridad, con un lenguaje muy medido y preciso (es una de las muchas cualidades por las que admiro de sus autores, que además son amigos míos). La estructura y la edición ayudan asimismo a pensar. En ese sentido "Los males" funciona como un excelente catálogo, limpio de paja y polvo, una mirada nítida y sin adornos a la situación actual.
Podría parecer entonces que un compendio de males no es una lectura como alegrarle a uno una mañana de domingo. Pero sus autores no se limitan a cortar con bisturí y lavarse las manos. Su análisis pormenorizado ayuda a identificar y entender mejor estos "males", sin duda, pero sobre todo hace más fácil imaginar la solución y más deseable perseguirla.
El foco principal de "Los males", no son los "males", por tanto. Su objetivo más bien es proponer un marco desde el que mejorar, revitalizar y fortalecer el sistema que hace posible la ciencia. Y lo hace desde el optimismo, desde la convicción de que la ciencia es una gran empresa cultural y colectiva, una herramienta necesaria para afrontar los retos que amenazan a nuestro tiempo.
Una "autocrítica" hecha explícita muy necesaria para cualquiera que se acerque al mundo de la ciencia, no sólo para quienes se dediquen a ella. Desde fuera "LA CIENCIA", así con mayúsculas, puede parecer una torre de marfil donde hay un@s sabi@s que lo saben todo y cuando se descubre algo es inamovible o un tejemaneje de "ciencia oficial" (el malentendido consenso) donde lo que sale está pactado, medido y pagado por la industria.
Este libro pone de relieve que la ciencia la hacen personas con sesgos, ideologías y culturas, y que se hace en un medio propio con pros y contras.