Bueno, bueno, bueno... ¿Qué tenemos aquí? Una historia que se lee más rápido que un gato persiguiendo una pelota de lana. Solo 115 páginas, pero no te dejes engañar por su tamaño. Es una aventura contada por un gato, nada menos que Raknar, un felino fanático de Harry Potter.
Ágata, es una bruja poderosa. No de las que hacen pociones de amor, sino de las que te pueden convertir en un sapo en un abrir y cerrar de ojos. La dueña del gato parlante. Porque, ¿qué bruja no necesita un compañero peludo que le hable?
La narración en primera persona y con un toque de humor que me ha hecho reír. Raknar nos cuenta su vida junto a Ágata, y todo va sobre ruedas hasta que una noche, ¡zas!, aparece un bebé en la ecuación. Sí, un bebé. No uno cualquiera, sino uno que pone todo patas arriba.
Pero espera, hay más. Resulta que una serie de sucesos paranormales amenazan a nuestros peculiares personajes y a su mundo. Así que, ¿qué hacen? Formar equipo, claro. La bruja, el rey del infierno y el gato de lengua viperina se unen para salvar el mismísimo infierno.
En resumen, es como un hechizo. Te atrapa, te hace reír y te deja con ganas de más. Totalmente recomendable para los amantes de la fantasía con un toque de humor.
Tuve el placer de colaborar con Celia y me gustó mucho tanto su forma de escribir como su imaginación, así que no podía dejar pasar esta historia.