¿Dónde se encuentra la línea quesepara Asia de Europa? ¿Dónde comienza Oriente entendido como geografía y como sentimiento?
Javier Reverte escogió esa frontera vaporosa y vulnerable, la más antigua del mundo, para realizar su último viaje. Eligió como puerta de entrada Estambul y su magnífico estrecho del Bósforo para después adentrarse en tren hasta remotas tierras iraníes. El resultado es un recorrido hermoso y nostálgico que se detiene tanto en las páginas de la historia antigua -tras la fulgurante estela de Alejandro Magno- como de la contemporánea -las guerras y revoluciones que marcaron el convulso siglo XX-, y que nos recuerda por qué Javier Reverte fue el mejor escritor de literatura de viajes en lengua castellana.
Quería ir a Oriente Próximo, una región cuyo nombre resuena a inmensidad, ancianos imperios, guerras estremecedoras, ejércitos perdidos, ciudades enterradas, religiones muertas, viejas lenguas enmudecidas; también a pogromos y genocidios, sanguinarios sultanes, guerreros feroces y reyes belicosos, y junto a todo ello, a sensualidad, aventura y poesía.
Is it weird to say I am in love with the mind of this 75 year old man? I want to see the world like he does and experience the belief he has in cultural understanding and simple conversation with anyone!!!!!
Antes de su "último viaje" Javier Reverte pudo aún realizar uno que enseñar a sus lectores. Todos los que amamos viajar, ya sea a la aventura con mochila al hombro, ya sea con planes hechos y cerrados de antemano, tenemos en mente siempre Oriente como destino añorado y soñado, mítico prácticamente. En la mente de todos tenemos ecos de nombres y lugares como Alejandro Magno, Persia, Mesopotamia, Constantinopla, turcos, árabes, persas... Las mil y una leyendas y maravillas de las cunas de las civilizaciones occidentales cuya frontera con ese mal llamado "occidente" no existe.
Javier Reverte nos presenta en las páginas de este libro el último gran viaje que emprendió en vida y que le llevó desde Constantinopla hasta Persépolis. Lugares, tierras, gentes, historias míticas y legendarias, de esas que nos suenan por haberlas leído en los libros de historia del instituto, o por verlas reflejadas en la gran pantalla por adaptaciones torticeras de Holywood. Reverte nos entrega un libro como los que tan bien ha sabido hacer durante muchos años, donde se combina tanto las anécdotas y descripciones de sus viajes, como pequeñas píldoras de historia y menciones a otros viajeros históricos y sus impresiones sobre los lugares que él mismo va visitando. El Reverte de siempre, el Reverte que, más temprano de lo que a sus fans nos hubiera gustado, ya no volverá a hacernos viajar o a despertar en nosotros las ganas de ver el mundo.
El último viaje de Javier Reverte nos lleva a Turquía e Irán, tratando (en vano) de encontrar la frontera entre Asia y Europa, entre Oriente y occidente. Pese a la melancolía y la tristeza que te produce el saber que se trata de su último periplo, resulta un libro magnífico.
Se trata del primer libro que leo de este autor a pesar de ser tan conocido. Se lee con soltura, resultando entretenido y aprendiendo múltiples aspectos históricos de Turquía e Irán. Como el mismo autor afirma: se viaja para sentir comprender a los otros y encontrarse uno mismo. La principal deficiencia desde mi punto de vista es la falta de atrevimiento para poder disfrutar de un país tan intenso y hospitalario cómo es Irán. Se comporta como un turista más, sin aceptar las múltiples invitaciones de los hospitalarios iraníes. Estás le habrían hecho descubrir unirán diferente y le habrían hecho reconocer que la gastronomía iraní es muy diferente a la pobre gastronomía del turista que él representa
Acostumbrado a leerle mucho este libro es algo más flojo. Teniendo en cuenta las condiciones en las que lo escribió (contra su propio reloj) hay que quitarse el sombrero. Echo de menos algo más de descripción de Omán, país precioso. Sobre Irán es muy completo.
Es perfecto que el último libre de viajes de Javier Reverte oscile entre dos mundos. Una parte de él sabe que se despide. Y antes de empezar a leer ya le estás echando de menos.
Llevo siguiendo la obra de Javier Reverte desde que publicó su magnífico libro "El sueño de África" en 1996. Al principio, tanto en este como en los otros dos que componen su trilogía africana, o en su maravillosa biografía del jesuita Pedro Páez, me parecía que Javier era un tipo vitalista, profundamente apasionado por los viajes, y a la vez capaz de transmitir al lector su pasión por la aventura. Sin embargo, con el paso de los años, fui detectando en sus otros libros lo que me parecía un cierto desencanto melancólico que aumentaba paulatinamente. Creo que esta decepción se debía a la constatación de las transformaciones que ha ido experimentando el mundo como consecuencia de la globalización. Javier sentía, me parece a mí, que la actividad viajera como forma de aventura perdía sentido a marchas forzadas. Porque, cada vez importaba e importa menos lo lejos que uno se vaya: siempre aparecerán los mismos comercios, los mismos restaurantes y, por supuesto, los mismos turistas. Y es que estas razones, unidas al auge del transporte aéreo y sobre todo de internet –todo cómodamente accesible a golpe de click–, han ido haciendo de los viajes una experiencia cada vez más predecible, donde el espacio para el asombro y la aventura son más y más reducidos.
En este libro Javier nos cuenta su periplo por Turquía e Irán. Nos habla, tan bien como solo él sabía hacer, de las anécdotas que le ocurren y las compagina con pequeñas píldoras de información sobre los lugares que visita y sobre los personajes históricos que los habitaron. El estrecho del Bósforo, Bizancio (Constantinopla, Estambul), Ankara, Teherán, Isfahán, Persépolis, Shiraz, Bandar Abbas, Ormuz, Mascate, Alejandro Magno, los cruzados, los sultanes otomanos, Kemal Atatürk, el Sha de Persia o Jomeini van desfilando por sus páginas, junto con taxistas, transeúntes y demás compañeros ocasionales.
Tengo entendido que cuando emprendió este viaje, Javier padecía ya la grave enfermedad que terminaría acabando con su vida, por lo que seguramente era consciente de que este iba a ser su último libro, el que pondría el broche final a su formidable vida viajera. Tal vez por eso y por el desencanto al que me he referido antes, "La frontera invisible" sea una de sus crónicas más melancólicas, aunque también de las más necesarias para entender la manera de ser del mejor escritor viajero en lengua española de todos los tiempos. Termino con el hermoso párrafo que cierra su libro, su obra y su vida:
“Miré hacia lo alto, hacia el cielo de Oriente. Las estrellas parecían tiritar en un inmenso espacio sin luna. Una perturbadora negrura se vislumbraba al fondo de la campana que rodeaba la tierra. El vacío y el infinito gravitaban de pronto sobre mi cabeza y me sentí el habitante de una mayestática desolación. ¿Eso era Asia? ¿El silencio y la paz antiguas, los viejos ríos secos, las cordilleras de piedra, la inmovilidad del tiempo, los nómadas sin patria, los reyes asesinos, las ciudades enterradas, la libertad herida, la guerra, el principio y el fin del hombre...? Nada muy distinto de Occidente”.
Muy bueno. Es un escritor excelente que te lleva de la mano a sitios que automáticamente quieres visitar. Una gran, gran, gran perdida la suya. Le echaré de menos!
El autor dedica demasiadas páginas en explicar la historia de las ciudades que visita, por lo que se convierte más en un texto sobre historia que de viajes.
Lo puntúo con **** por ser la obra póstuma de un autor que he seguido los últimos decenios. Esperaba más de Estambul, donde abusa de las citas de otros autores. El resto, bien. Requiescat.