Las ballenas cantan jazz. Y el cosmos es un oscuro café. Y todos los plátanos son el mismo… El planeta Tierra es un lugar extraño y fascinante que se puede explicar a través de titulares como estos. En 1977 la humanidad lanzó su primera tarjeta de presentación al universo a través de las sondas Voyager. Desde entonces, un disco viaja por el espacio interestelar con sonidos e imágenes de nuestro mundo, dirigidos a una supuesta civilización extraterrestre. Sin embargo, aquel mensaje en una botella es difícil de descifrar, entre otras cosas porque no deja entrever algo que sí hacen las narraciones: las pasiones, los sentimientos, los miedos… En definitiva, las emociones.
Las ballenas cantan jazz es una explicación de nuestra singular existencia a Alice, una entidad hipotética y extraterrestre. Una explicación escrita por Bob, otro hipotético portavoz humano, dispuesto a compartir el extrañamiento de un mundo que, aunque nos es habitual, no deja de ser formidablemente asombroso.
La portada no puede ser más bonita, casi tanto como evocador es el título. La premisa es interesante. Unas cartas enviadas a la extraterrestre Alice para explicarle nuestro mundo y como son los seres humanos. Sin embargo, la forma en que está escrito lo hace difícil de seguir. Mucha información, con una estructura que no acaba de enganchar.
"E insisto en la idea de que estas 28 cartas con sus 28 fascinaciones son un retrato parcial de la humanidad, pues o hay titular que alcance el interés de quien vive inmerso en sus particulares preocupaciones existenciales. Es decir, todo el mundo."
"La historia sucede casi siempre sin adorno, en silencio, como la explosión de una supernova."
"Somos los animales que mejor nos autoengañamos para manejar la percepción."
"La ensoñación, como un descanso del peso de la consciencia. ¿Será, acaso, una especie de premio de consolación ante el castigo que supone el pecado original de nuestra existencia auto percibida?"