Qui connaît encore Philippe IV d'Espagne (1605-1665), Habsbourg lié aux Bourbons ? La souveraineté du "Roi Planète" s'étendait pourtant des royaumes de Portugal et d'Espagne aux Flandres, comme des principautés de Naples, Sicile et Sardaigne à la Franche-Comté. Et, par-delà les mers, jusqu'au Pérou, à la Nouvelle-Espagne et au Brésil. Son empire brilla des derniers feux d'un Siècle d'or dont la domination culturelle, politique et militaire s'imposait à l'Europe tout entière depuis le XVIe siècle. Il fut celui de la première mondialisation, à un moment où ses galions revenaient, les cales chargées des richesses des ports asiatiques, des mines d'Amérique et des comptoirs d'Afrique noire. Pour conserver cette hégémonie, Philippe IV dut guerroyer sans relâche, y compris contre la France de son neveu et gendre, Louis XIV. Si son règne de près d'un demi-siècle rencontra bien des échecs, il sut, avec l'aide de son autoritaire Premier ministre, le comte-duc d'Olivares, jeter les bases de cette "monarchie absolue" qui définira le Grand Siècle français. La gloire de ce mécène passionné à la cour fastueuse et aux fêtes baroques s'est vue toutefois éclipsée par celle de son peintre officiel, Diego Vélasquez. Huit des oeuvres les plus connues de cet agent génial de la propagande royale, qui vécut plus de trente ans à ses côtés à l'Alcazar de Madrid, servent de fil rouge à une approche originale et convaincante.
Dice el historiador Alain Hugon que al escribir esta biografía no intentar ser el redentor de Felipe IV, pero en realidad utiliza toda la información de la que dispone para intentar quitarle esa carga de inútil y vago, que podría identificar prácticamente a cualquier rey.
Hugon cree que Felipe IV trabajaba al menos seis horas diarias, y su principal fuente es ¡el propio monarca! que ya se inventa esa teoría de ser un trabajador incansable que luego repetirían otros como Napoleón y, por supuesto, Franquito con su eterna luz en el Pardo. Es de creer que se pasase horas sentado frente a un escritorio (Napoleón también lo hacía, Franco no), pero no trabajando, sino escribiendo cartas, porque solamente a su monja de confianza, María de Agreda, le escribió 644.
Al igual que a su padre, Felipe III, le encantaban las fiestas y la caza, y al igual que su abuelo Felipe II y su bisabuelo Carlos I, Felipe IV fue un auténtico putero, que no reparaba en gastos para darse un revolcón con sus múltiples amantes.
Tuvo dos mujeres que tuvieron muchos hijos, pero la consanguinidad de las dos hizo que prácticamente todos murieran de niños o con pocos años. De hecho, su único heredero, Carlos, a quien el autor tilda directamente de atrasado, reinaría poco tiempo y con su muerte se acabaría la estirpe de los Austria en España.
Todo su reinado estuvo ocupado en guerras de las que sacó poco más que traer la ruina económica a sus territorios y perder Portugal y, definitivamente, las Provincias Unidas que darían lugar a los Países Bajos. En España se dedicó a subir los impuestos descaradamente, para gastárselos en sus cosas, y en enfrentarse a movimientos secesionistas, o al menos rebeldes, provocados precisamente por ese ahogo de la población, en Andalucía y, sobre todo, en Aragón.
Hugon nos lo cuenta todo con mucho detalle, al tiempo que interrelaciona la interesante vida de Velázquez con la de Felipe IV, aunque se calla cosas o las cuenta en las notas al final del libro, como por ejemplo, que cuando hubo que recortar gastos para mantener su nivel de vida se hizo a base de eliminar las escuelas que había en los pueblos, para que así los chavales no pensasen y sólo produjesen.
A la sombra del conde duque de Olivares, Felipe IV fue un rey mediocre que veía a sus súbditos como simples odres a los que estrujar para poder montar sus fiestas. Hubo momentos de su reinado en que hasta el 10% del presupuesto de Castilla era para la Casa Real, una auténtica barbaridad.