Debo confesar que no conocía el estilo de la autora y me he enamorado de la simplicidad y sencillez de su pluma. También de sus personajes. También que lo he leído a la velocidad de la luz, porque no llegaba (acabé el epílogo con la charla ya iniciada), y que lo volveré a leer con calma porque quiero degustarlo como merece. Quiero captar todas las sutilezas.
Elena es una chica trans que ha empezado su transición. En su vida está rodeada de personas maravillosas que la aceptan tal y como es, que la quieren y la apoyan. Un cuento de hadas que, en un día como hoy en que se trata de dar visibilidad a la comunidad trans, debería dejar de ser un cuento de hadas que introduce su título para ser la realidad.
Este libro es un canto a la solidaridad, a la empatía, al amor, a la familia muy bien escrito. Quizás es un tema con el que estoy muy sensibilizada porque me toca de cerca.
Carlos y Cristina, dos hermanos gallegos, serán los anfitriones de la chica en esta su nueva vida, hijos de una antigua amistad de su padre.
Elena, como ya he comentado, es una adolescente que empieza el bachillerato en un internado inglés en el que hará nuevas amistades. Las personalidades de los personajes secundarios están muy bien definidas, no solo los protagonistas son importantes en esta novela.
Margot y Michael son una pareja que se adora desde las primeras líneas, en cuanto aparecen en la narración. Los padres de Elena, entregados y valientes, no dudan un segundo en acompañar a su hija en este viaje, emocional que es la transición, y físico, que es la mudanza a otro país para seguir con su formación. Una metáfora magnífica, por otra parte.
Un gran trabajo.