Empezaré esta reseña por el final, es decir, por las conclusiones. Y lo haré en forma de preguntas y respuestas.
¿Me ha encantado el libro? No.
¿Me ha decepcionado? No.
¿Me ha cautivado desde el primer momento? No.
¿Me he planteado abandonar su lectura? No.
¿La historia es insulsa? No.
¿Está mal escrito? No.
¿Los personajes no son creíbles? No.
¿Es incoherente? No.
¿…? No.
¿Entonces? Recomiendo leerlo.
Antes de argumentar estas y otras cuestiones creo necesario abrir un paréntesis.
Abro paréntesis. Cuando empiezo a leer y ya en las primeras línea me encuentro con un error ortotipográfico en el uso de la cursiva me digo: «mal empezamos. Cuando al seguir leyendo y, a lo largo de todo el libro, compruebo que de manera reiterada hay un uso incorrecto del uso de la cursiva; cuando a ello se une el error reiterado del uso de las comillas; cuando en ocasiones la cursiva y las comillas se usan correctamente y cuando, ante situaciones similares, se usan de modo incorrecto, me da que pensar que la correctora no tenía claro los criterios ortotipográficos establecidos en la norma Ortografía 2010 de la Real Academia Española de la Lengua. Por otra parte es habitual que en cualquier publicación se cuelen ciertos errores, pero si esos errores se repiten de manera reiterada la conclusión es la misma que la anterior. Es una lástima que un buen texto se vea ensombrecido por estos errores, cuyo autor no es responsable de los mismos pero que, lamentablemente, suelen darse con frecuencia en editoriales de auto publicación por la laxitud con que acometen las correcciones. Cierro paréntesis.
Como suelo acostumbrar no comento la trama de la novela dado que esta puede ser leída en la propia sinopsis, en sitios donde se ofrezca o en otras reseñas. Por tanto no seré reiterativo con esto.
Ni que decir tiene que lo que recojo en esta reseña es mi opinión personal como lector; para nada pretendo sentar cátedra.
He podido distinguir tres momentos narrativos en la novela. Cada uno de ellos responde a momentos distintos en el desarrollo de la trama.
El primer momento –me di cuenta del cambio– lo percibo hasta la página 173 (más o menos). Hasta ese momento el texto se centra en la descripción detallada y pormenorizada del entorno en el que se va a desarrollar la historia así como cada uno de sus personajes. Frases cortas, precisas, en ocasiones casi telegráficas. Muchos detalles y circunstancias que abundan en demasía y cuya contribución al entorno o al personaje resultan es más que cuestionable. Reiteración de un mismo aspecto desde distintos puntos de vista. Se percibe que el autor se explaya en la escritura, con una autocomplacencia quizás excesiva pues el ritmo de avance de la lectura resulta lento y en ocasiones tedioso, pues en esas 173 páginas… no sucede nada. Cuanto antecede no significa que está mal escrito, para nada. Más adelante comentaré este aspecto, pero si resulta un poco excesivo.
El segundo momento narrativo, a partir de la mencionada página 173, el capítulo IMPRESIONES EXTRAÑAS (o algunas anteriores), se caracteriza por, en contraposición con el momento anterior, en una fluidez del texto y del avance de la trama. Manteniendo el mismo uso del lenguaje este se hace más ágil, enlazando unas ideas con otras de manera lógica, adquiriendo un ritmo de lectura más vivo. También en este momento se producen descripciones detalladas, pero no se le da tantas vueltas a la misma idea, lo cual contribuye a la concreción y comprensión en la mente del lector. Muy importante resulta en esta parte la definición de los distintos personajes, que se consigue más con la actitud de cada uno, de sus maneras de pensar, de actuar, de dialogar, más que con las descripciones realizadas en la primera parte. Es una parte en la que, a diferencia de la primera, provoca en el lector muchas sensaciones de todo tipo con cada uno de los personajes, muy bien construidos, con sus personalidades bien definidas por sus propias circunstancias, con los claroscuros propios de cualquier ser humano. Personalmente es la parte que más he disfrutado del libro.
El tercer momento puedo situarlo a partir de la página 415 (o incluso algunas antes) en el capítulo EL CLUB, en el que sucede lo que, desde hace muchas páginas, ya se preveía. La trama adquiere mayor tensión, los personajes se muestran dubitativos, temerosos, agresivos. El ritmo de lectura se acelera, incluso en uno de los capítulos hasta ser frenético. Los acontecimientos, por ser previsibles, no por ello dejan de generar interés y cierta ansiedad en el lector, produciéndose, en ocasiones, algún hecho que va más allá de toda lógica, aunque como dice Pérez Reverte, en una novela la única lógica que vale es la del autor.
En otro orden de cosas encuentro la novela perfectamente estructurada. Los capítulos no son excesivamente largos. En ellos se van intercalando algunos que no siguen la línea principal de la trama pero que son necesarios para su completa comprensión, y lo hacen en el momento adecuado para mantener un interés y un ritmo. La novela empieza por el final y el final vuelve al principio. Esta es una fórmula de novela redonda en la que no quedan cabos sueltos y todo encaja a la perfección.
Uno de los atractivos de la novela son los personajes. Personajes perfectamente construidos, más por sus pensamientos, por sus actitudes, actuaciones y diálogos que por las descripciones que se le dedican en la primera parte de la novela. Entrar en sus mentes, en sus dudas, en sus miedos, sentir con ellos, comprenderlos, a cada uno con su propia idiosincrasia, es un logro que hay que reconocerle al autor para deleite de los lectores.
Otro de los atractivos es el uso del lenguaje. Claro, preciso, comunicativo. La función principal del lenguaje es la comunicación: dar un mensaje y que se entienda. Esto se consigue a lo largo de todo el texto; es comprensible línea a línea. Pero además, con una gran soltura, el autor es capaz de destilar con delicadeza matices que provocarán en el lector sensaciones de todo tipo. Indiscutiblemente, el dominio del la semántica y el léxico, le permiten desarrollar un estilo personal consolidado presente a lo largo de toda la obra.
La novela tiene buenas dosis de imaginación e inteligencia. El tratamiento de la violencia es un buen ejemplo de ello, si bien resulta dura, descarnada y excesiva, si bien el lenguaje usado no resulta escabroso y sórdido. El final también es un buen ejemplo, con giros inesperados pero perfectamente engranados en la historia. Por otra parte, en la novela hay descripciones detalladas, delicadas y emotivas de hechos y actitudes de los personajes hacen intuir que el autor ha recurrido a experiencias íntimas personales.
He leído la novela a un ritmo tranquilo. He tomado muchas notas durante la lectura y con frecuencia hacía un alto para reflexionar sobre algo que acababa de leer. Un libro que te hace pensar, además de pasar un buen rato, es sin duda un buen libro. Por tanto, a pesar de los peros que he manifestado, es un libro que recomiendo su lectura con la seguridad de que no va a defraudar a un lector con gusto por la buena narrativa.
Una vez finalizado una cuestión surge de sus páginas: ¿Quiénes son los monstruos?