Constituye una crítica al pensamiento moderno en general y su principio antrópico, según el cual en todo hay que partir del ser humano y todo ha de remitirse a él. Hace un recuento histórico de la formación de este principio desde los presocráticos, Platón y Aristóteles, hasta el idealismo de Kant y el planteamiento de Diderot.
Analiza como los realismos surgidos posteriormente no logran superar ese principio antrópico, sino reducirlo o apaciguarlo.
Finalmente desarolla desde la evolución de lo inorgánico, lo orgánico y la vida, la importancia de la cognición, en sus diversas fases o estadios para el desenvolviemiento del ser en el mundo y por tanto en el hombre.