Una mujer induce al sueño a su marido para verse con su amante en una noche violenta; un niño juega una partida de ajedrez con su padre muerto; un hombre, en su periplo por varios hoteles, hace balance de su vida durante el desayuno, mientras observa a un grupo de adolescentes molestos; una prostituta cuenta la historia de su vida y se reafirma en la defensa de su oficio; un hombre es transportado hacia un destino incierto por un conductor que no admite demasiadas preguntas; un muchacho recapitula lo acontecido la noche en que la suerte le permitió evadir el peligro de una mujer demasiado generosa; un hombre debe realizarse un examen médico, del que al parecer depende su matrimonio; un padre es el culpable de la tragedia de su hijo y ahora debe prepararse para hablar. Son algunas de las historias contenidas en este primer libro de cuentos de Mario Amaya, que abordan, de manera realista, temas que, por su carácter íntimo, requieren de un acercamiento sutil, como el amor, la infidelidad, el matrimonio, el sexo, la tragedia o la nostalgia.
El libro abre, sin embargo, de manera distinta, con una historia que contiene otras historias -y todas construyéndose simultáneamente-, una especie de “prólogo narrativo”, una declaración de intenciones en toda regla. Desayuno en Capitán Beach despliega, a lo largo de sus 18 cuentos, una amplia gama de recursos y de formas narrativas como la metaficción, la autoficción, el monólogo e incluso el relato policial, y constituye una excelente primera apuesta de un autor joven que no parece conformarse con “contar” y que entiende la literatura como un territorio de experimentación constante.
“Desayuno en Capitán Beach” es una colección de dieciocho cuentos cortos escritos por el escritor hondureño Mario Amaya que me dejó sorprendida y divertida. ¿Quiénes son los personajes? Aquellos que atraviesan duelos, que sufren de insomnio, que tienen conflictos de pareja; escritores buscando su voz, un hombre que se jubila, un niño en crecimiento. ¿Qué les sucede? Nunca lo sabes, o en realidad sí, solo que lo que creías que era importante, ya no lo es. Con mucha habilidad, el autor crea historias circulares o utiliza una narración enmarcada y te cuenta lo que te quiere contar, claro. Porque el foco no está en cómo llegan los personajes a cada situación ni en por qué, eso aquí es prescindible. De a poco, Mario Amaya va tejiendo la trama y ese es el momento cuando crees que sabes de qué trata la historia, sin embargo, ahí es también cuando de pronto tenes que mirar para otro lado y eso ya no es importante. Lo importante es la tensión del momento, los climas sofocantes, la angustia del niño. ¿Qué sucede alrededor? ¿Importa? Detrás de bambalinas, con su participación, aunque no directa, aparece el mundo exterior: conflictos políticos en Centroamérica, la importancia de la familia, la violencia doméstica y el hermoso horizonte plateado hondureño. Leer los cuentos de la colección “Desayuno en Capitán Beach” es sumergirte por unos minutos en las páginas, conectar, intrigarte, no saber qué es lo que realmente pasa, confundirte, tensionarte y, al final del cuento, te espera Mario Amaya y te dice: “¿Respiras y seguimos?”.