Originally published in 1955, Eugene Rotwein's collection of David Hume's economic writings has become the criterion by which to measure studies of Hume's thinking on economics. Rotwein, in his extended introduction, masterfully examines the connection between Hume's various writings―economic, political, philosophical, and historical. This edition is graced with a new introduction by Margaret Schabas. Hume belonged to the same generation as that of his friend and fellow countryman Adam Smith. Hume's writings on economics, however, unlike those of Smith's, comprise a relatively small portion of his published works. They consist of nine of twelve essays in his Political Discourses , first published in 1752, and a rather small number of passages in Hume's private letters to such correspondents as Smith, Montesquieu, Turgot, and Oswald. They were all brought together here for the first time in a single volume. These writings sought to clarify the various problems of Hume's society and suggest remedies for their solution. They are still relevant for the modern reader. Included are "Of Commerce," "Of Refinement in the Arts," "Of Money," "Of Interest," "Of the Balance of Trade," "Of the Jealousy of Trade," "Of Taxes," "Of Public Credit," and "Of the Populousness of Ancient Nations," as well as the relevant extracts from Hume's letters. Long unavailable, this edition will be welcomed by students of economics, philosophy, and the Scottish Enlightenment.
David Hume was a Scottish historian, philosopher, economist, diplomat and essayist known today especially for his radical philosophical empiricism and scepticism.
In light of Hume's central role in the Scottish Enlightenment, and in the history of Western philosophy, Bryan Magee judged him as a philosopher "widely regarded as the greatest who has ever written in the English language." While Hume failed in his attempts to start a university career, he took part in various diplomatic and military missions of the time. He wrote The History of England which became a bestseller, and it became the standard history of England in its day.
His empirical approach places him with John Locke, George Berkeley, and a handful of others at the time as a British Empiricist.
Beginning with his A Treatise of Human Nature (1739), Hume strove to create a total naturalistic "science of man" that examined the psychological basis of human nature. In opposition to the rationalists who preceded him, most notably René Descartes, he concluded that desire rather than reason governed human behaviour. He also argued against the existence of innate ideas, concluding that humans have knowledge only of things they directly experience. He argued that inductive reasoning and therefore causality cannot be justified rationally. Our assumptions in favour of these result from custom and constant conjunction rather than logic. He concluded that humans have no actual conception of the self, only of a bundle of sensations associated with the self.
Hume's compatibilist theory of free will proved extremely influential on subsequent moral philosophy. He was also a sentimentalist who held that ethics are based on feelings rather than abstract moral principles, and expounded the is–ought problem.
Hume has proved extremely influential on subsequent western philosophy, especially on utilitarianism, logical positivism, William James, the philosophy of science, early analytic philosophy, cognitive philosophy, theology and other movements and thinkers. In addition, according to philosopher Jerry Fodor, Hume's Treatise is "the founding document of cognitive science". Hume engaged with contemporary intellectual luminaries such as Jean-Jacques Rousseau, James Boswell, and Adam Smith (who acknowledged Hume's influence on his economics and political philosophy). Immanuel Kant credited Hume with awakening him from "dogmatic slumbers".
Hume... sería sesgada la interpretación que daría a la claridad alcanzada por Hume sobre el mercado. Me limito a citar fragmentos como introdudcción.
Sobre el comercio
"La mayor parte de la humanidad puede ser dividida en dos clases, la formada por pensadores superficiales, que no alcanzan la verdad, y la de los pensadores abstrusos, que van más allá de ella. El último tipo es, con mucho, el más raro y —debo añadir— también el más útil y valioso. Al menos, éstos sugieren pistas y se enfrentan a dificultades para cuyo abordaje quizás carecen de habilidades, pero pueden conllevar excelentes descubrimientos cuando son manejadas por hombres que tienen mejores hábitos de pensamiento. En el peor de los casos, lo que dicen es inusual y, si cuesta algún trabajo comprenderlo, uno tiene, al menos, el placer de oír algo nuevo."
Sobre el refinamiento en las artes
"encontramos hombres de moral severa que culpan incluso al más inocente de los lujos y lo representan como la fuente de todas las corrupciones, desórdenes y motines que inciden en el gobierno civil. Deberíamos esforzarnos aquí por corregir ambas tesis extremas probando, primero, que los tiempos de refinamiento son los más felices a la vez que virtuosos; segundo, que dondequiera que un lujo cesa de ser inocente también deja de ser beneficioso y que, cuando se lleva a un grado demasiado extremo, se convierte en una cualidad perniciosa, aunque quizás no sea la más perniciosa para la sociedad."
Sobre el dinero
"El dinero no es, propiamente hablando, una mercancía, sino el instrumento con el que los hombres acuerdan facilitar el cambio de una mercancía por otra. Tampoco es una de las ruedas del intercambio: es el lubricante que vuelve más suave y fácil su movimiento."
Sobre el interés
"Cuando un pueblo se ha alejado muy poco del estado salvaje y su número se ha incrementado más allá de la multitud original, inmediatamente surge la desigualdad de la propiedad; unos poseen grandes extensiones de terreno, otros permanecen confinados dentro de límites estrechos y algunos se encuentran enteramente desprovistos de propiedad... ... Sin embargo, en un Estado donde no existe otro interés que el de la tierra, así como la frugalidad es pequeña los prestatarios deben ser numerosos y la tasa de interés encontrarse en proporción a ello. La diferencia no depende de la cantidad de moneda, sino de los hábitos y maneras que prevalecen. Por esto solo, la demanda de préstamo se incrementa o disminuye... ...en la medida en que el Estado se encuentre formado sólo por una pequeña nobleza propietaria y campesinos, los prestatarios deben ser numerosos y el interés alto. La renta por la misma granja sería más alta y voluminosa, pero la misma holgazanería del propietario, con el alto precio de las mercancías, la disiparía en breve tiempo y produciría idéntica necesidad y demanda de préstamos."
Sobre la balanza comercial
"Es fácil observar que todos los cálculos concernientes a la balanza comercial están fundados en hechos inciertos y suposiciones. Los registros de aduana son considerados como insuficiente base para el razonamiento; el tipo de cambio tampoco es mucho mejor, a menos que consideremos en relación con todas las naciones y conozcamos las proporciones de las diferentes cantidades remitidas, lo que uno debe reconocer como imposible de afirmar con certeza. Cada persona que alguna vez ha razonado sobre este tema ha probado siempre su teoría, cualquiera que fuese, a partir de hechos y cálculos, junto a una enumeración de todas las mercancías enviadas a los reinos extranjeros."
Sobre la envidia en el comercio
"Un Estado difícilmente puede llevar muy lejos su comercio e industria si todos los Estados que le rodean se encuentran sepultados en la ignorancia, la pereza y la barbarie. Es obvio que la industria doméstica de una población no puede ser dañada por la mayor prosperidad de sus vecinos y, como esta rama del comercio es indudablemente la más importante en cualquier extenso reino, debemos reconocer que carecemos de razones para la envidia. Pero voy aún más lejos y observo que donde una abierta comunicación se mantiene entre las naciones, es imposible que la industria de cada una no reciba un estímulo de las mejoras ajenas."