En aquel tiempo el país de la mujer es un teatro de la muerte. La mujer encuentra, una mañana eslava de los años cuarenta, a su familia muerta, como en un carbón de Orozco o de Siqueiros.
Cumplirá de manera clandestina con los ritos del entierro.
No se sabe dónde descansan las víctimas.
Decidirá desde ese día vestir siempre de negro. Decidirá también abandonar, como pueda, para toda su vida, ese teatro.