La condición actual es la de estar en la mira de algo. Ver y ser visto. El ejemplo ejemplar de esta condición no parece ser otro que el teléfono portátil. Mirar, chequear, revisar, estar conectados. Mirar constantemente el telefono no porque haya entrado alguna llamada sino porque, con seguridad, hay ahi una imagen que espera por mi mirada. Una promesa que mejor se deja describir en el inconfeso deseo de verlo todo. Sin más, y a propia voluntad, nos dejamos seducir por la promesa de la conectividad. Sin duda, el capitalismo neoliberal atrapa miradas -y por ello es pornográfico-, sabe bien de suplantaciones e incoroporaciones. No abandona la utopia, sino que en su mismo trayecto y movimiento temporal se instala en ella en nombre de un mundo venidero que se puede realizar, sin embargo, siempre ya ahora. No hay espera, tampoco pasado que recordar, solo la repidez de un presente absoluto que se organiza ciclicamente por hitos de la economia de mercado que trazan la agenda y el consumo de la esfera global pública. La imagen está en el centro de la economía política, no podemos no contar con ella. La imagen activa y anestesia. Por ello, quizás, el mejor modo de nombrarla sea como "adicta imagen".
La escritura de Alejandra es deslumbrante. Sencilla, de fraseo breve y muy profunda a la vez. Este libro, en parte, es una reflexión sobre el régimen escópico que atraviesa el presente: la adicta imagen. Se refiere particularmente a los modos en que las pantallas y los algoritmos nos hacen desear ver incluso cuando no hay imágenes para mirar. La segunda mitad del libro consiste en presentar algunas políticas de la mirada que se resisten a dicho imperativo. Pone de ejemplo algunas obras de artistas latinoamericanas en que la escenificación de cuerpos disidentes rompe con el archivo cisgénero y obliga al espectador a configurar modos oblicuos de mirar y pensar.
Pienso que Alejandra, además de ser una gran escritora, hilvana un discurso filosófico muy adecuado a nuestros tiempos. Si bien no indago demasiado en las lecturas desde el género, me gusta cómo este texto entremezcla dicha enunciación con discursos vinculados a la cultura digital, un tema que me despierta mayor interés. Por esta misma razón, me habría gustado una reflexión más profunda en torno a los imperativos algorítmicos de la mirada. El concepto de 'adicta imagen' es lo suficientemente atractivo como para desarrollar más ideas y figuraciones en torno a los problemas que sucinta.