Ver cine con los hijos es una experiencia reseñable para cualquier mortal. Pero si eres crítico y das clase de historia del cine, el reto es mayúsculo. A través de estas páginas, de capítulos que transitan del cine animado al de aventuras, del terror a la ciencia ficción, Javier Ocaña acompaña a sus hijos –y a los lectores– en un viaje que nos lleva desde Blancanieves a Kurosawa, desde la infancia a la madurez, emocional e intelectual. Un libro en el que alta y baja cultura se entremezclan dejando espacio solo a la curiosidad y a la intuición, y que nos transmite la emoción de volver a ver nuestras películas favoritas como si las estuviéramos viendo por primera vez.
No puedo estar más de acuerdo con el axioma fundamental de este entrañable libro del periodista cultural Javier Ocaña, que no sólo se disfruta leyendo sino sobre todo poniéndolo en práctica. No debemos proteger a nuestros hijos, culturalmente hablando, de todo aquello de lo que pensemos que no estén preparados para afrontar y/o entender. Ni debemos buscar que cada obra que caiga en sus manos (ya sea una película, un libro, una serie,...) le aporte unos determinados valores y tenga un mensaje moralista de objetivo incierto. Tampoco es necesario que un niño tenga que entender el 100% del argumento de una película para divertirse con ella. Una buena película (y las que comenta en su libro Javier lo son) calará en los niños divirtiéndolos e involucrándolos en los conflictos que planteen sus personajes y si lo consigue, sin duda hará recapacitar al niño sobre las cosas más importantes de la vida.
El recorrido cinematográfico de Javier Ocaña con sus hijos comienza muy bien en sus primeros capítulos, con reflexiones interesantísimas sobre el propio medio y la costumbre de ver películas con sus hijos. El autor organiza el libro por temáticas, pero según va avanzando el texto, al cuarto o quinto capítulo procedemos a que la obra se convierta simplemente en una recopilación de, digamos, reseñas sobre cada película y se olvide absolutamente de esas reflexiones de la experiencia del visionado con las que tan bien empezó. Que yo entiendo que no todas las películas van a ofrecer una disertación sobre el acto de ver una película con un niño, pero es que al final ese encuentro entre padre e hijos acaba reducido a la mera anécdota de cuándo o cómo la vieron o alguna pregunta curiosa que le realizan. Ocaña es muy bueno hablando sobre cada película, no lo niego, pero al final su Blancanieves a Kurosawa ha acabado siendo, como siempre ocurre con las expectativas, otra cosa que no era lo que yo buscaba: una guía de títulos, una obra de referencias a las que volver de cuando en vez.
De target especifiquísimo, no que abofé me inclúo. Alimenta a ilusión de que a miña descendencia flipará cos mesmos títulos cos que flipara tres décadas antes. A selección é bastante clasicota, e enche os comentarios de adendas didácticas (o cine como escola de vida, como educación sentimental) e de anécdotas familiares honestas.
A Ocaña ás veces nótaselle certa tendencia por moralismos e pola presenza da relixión católica, como se estivese no polo oposto a McCausland & Salgado, e iso a min chéirame.
O mellor é que che dá unha lista comentada e non tes que andar a escudriñar entre a túa memoria e FilmAffinity cando queres rescatar un anaco do teu pasado para regalarllo á bicharada (ou é un autoregalo?).
Un recorrido por la infancia y la vida a través de los diferentes géneros de cine en un momento de mi vida donde literatura, deporte y pantalla funcionan como el único parapeto frente a la incertidumbre y el miedo al cambio y a la madurez.