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Hiperstición

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Una vez removida la nívea nieve no encontrará uno una cristalina losa en que ver su rostro reflejado, sino un totum revolutum de anonimatos, egos desmembrados, una pasmosa ausencia de nombres propios o, por decirlo con palabras de "Hiperstición", una inquietante inexistencia de irrupciones edípicas. De esta manera, el presente volumen se aproxima tanto al escrutinio filosófico de vanguardia como a la experiencia religiosa.

194 pages, Paperback

First published September 1, 2021

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About the author

CCRU

9 books77 followers
The Cybernetic Culture Research Unit (CCRU, or Ccru) was an experimental cultural theorist collective formed in late 1995 at Warwick University, England and gradually separated from academia until it dissolved in 2003.

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Profile Image for Ypres.
136 reviews16 followers
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June 2, 2025
La primera vez que oí hablar de la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética (CCRU, por sus siglas en inglés) fue a través de esta imagen. Esa noche de julio de 2022 se abrió un agujero de conejo bajo mis pies y entré en una espiral de hiperfijación y búsquedas por áreas de internet cercanas a la deep web. Acabé más confuso que otra cosa, pero había partes de mi cerebro que habían sido rascadas justo donde les gusta; mi atracción por los cultos secretos de internet como QAnon, los animes de la Heisei-era Internet Anxiety, Lovecraft y la ciencia ficción habían encontrado un vórtice alrededor del cual aglomerarse. Encontrar memes oscuros (en el sentido de obscure, incomprensible o poco conocido) fue un subproducto gracioso de esta investigación.

A lo largo de estos años he ido leyendo superficialmente algunos textos del CCRU, intentando crear un mapa mental de qué demonios hablaba esta gente. Conceptos como la guerra temporal lemuriana o la demonología islámica no casaban con mi idea de lo que supuestamente es la filosofía, si es que se puede dar una definición. Más bien parecía una performance filosófica, una antifilosofía, una broma o una forma de pasar el rato. Podría haberlo ignorado y enterrado en mi memoria, considerando que no era nada más que un grupo de locos aburridos que habían malinterpretado libros de divulgación sobre física cuántica y la habían querido mezclar con numerología cabalística... pero, pese a los intentos fundacionales de anonimidad del colectivo, lo que más me llamaba la atención es que aparecían nombres "respetables" y famosos en el mundo de la filosofía contemporánea, personas como Mark Fisher, Sadie Plant y Nick Land. Teóricos/as marxistas, ciberfeministas y aceleracionistas. Algo no casaba y mi interés crecía.

Entonces, ¿de qué va este libro? Pues, sinceramente, aún no lo tengo claro. Pero lo considero mucho más importante de lo que podría parecer, porque siento que es a la vez una explicación, un síntoma, una autopsia y un manual de instrucciones de la política actual. La hiperstición es, según la definición del CCRU, un "elemento de cultura efectiva que se hace real a sí misma". No es tanto una superstición o una profecía autocumplida sino una evolución de estas dos, en tanto que la distribución de este elemento cultural es intencional y anónimo. Esto puede ir desde el mito fundacional de una nación hasta un meme o un bulo. Es el vehículo de la erosión intencionada de la confianza y la credibilidad. "Una dimensión crucial de la hiperstición es el reconocimiento del proceso hipersticional mismo"
No es tan importante quién diga algo, sino deteriorar la misma pregunta; "esto lo dice X" debe evolucionar naturalmente hacia "¿quién dice esto?".

La proliferación de "portadores" ("¿quién dice esto?")—multiplicando las perspectivas y los fragmentos narrativos—produce toda una serie de mitos hipersticionales coherentes pero inherentemente desintegrados, al tiempo que efectúa una destrucción positiva de la identidad, la autoridad y la credibilidad.

Todo esto empieza a sonar parecido al estado actual de internet y su rol en el golpe final que están recibiendo las decrépitas instituciones occidentales. Y creo sinceramente que podemos trazar este desarrollo político-histórico hasta Nick Land y su Ilustración Oscura (Dark Enlightenment), que junto con an-caps como Curtis Yarvin han servido como nexo de las bases filosóficas de la Ola Reaccionaria moderna. Personas como Steve Bannon o corporaciones como Breitbart News han empleado este tipo de ideas (de ahí lo de "manual de instrucciones") para saltar de la marginalidad política al centro de la mesa (Steve Bannon fue el director de campaña de Trump en 2016 y vicepresidente de Cambridge Analytica).

En ese sentido, los escritos del CCRU y los escritos aceleracionistas de Nick Land me parecen claves ocultas para entender a la ultraderecha moderna. No tanto porque tenga sentido lo que escriban, sino por su método hipersticional y su concepción de la realidad como una entidad deshecha, propicia para ser manipulada por ultraseres y viajeros temporales... o por tu granja de bots más barata.

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El otro día estuve en un concierto de King Gizzard & the Lizard Wizard. Tocaron varias canciones de su disco PetroDragonic Apocalypse; or, Dawn of Eternal Night: An Annihilation of Planet Earth and the Beginning of Merciless Damnation, en el que narran cómo un conjunto de brujas realizan un conjuro que invoca a un dragón que, con su fuego, trae el fin del mundo y la destrucción de Todas Las Cosas. La portada representa a un dragón (con cara de ser bastante majo) con unas antorchas quemando gas natural, muy típicas de las explotaciones petroleras y refinerías. Entre las canciones que tocaron se encontraba Witchcraft, que narra justo esos hechos. Un conjuro mágico que buscaba producir un cambio en lo real, invocando un dragón que con su fuego alimentase a los espíritus máquina de los motores (como en Warhammer 40.000, un culto al Dios Máquina/Omnissiah, que en la teología del Adeptus Mechanicus habita toda máquina y tecnología y es lo que la hace funcionar. La técnica y el conocimiento quedan sustituidos por una espiritualidad, la reparación pasa a ser una liturgia ritualizada, un conjunto de "pasos" que deben seguirse para despertar de nuevo al espíritu máquina herido. De nuevo, un conjuro mágico para producir un cambio en lo real).
De esta forma, podemos entender el dragón como el petrocapitalismo, y al propio capitalismo financiero como un mito hipersticional, un conjunto de creencias mágicas en números que suben y bajan y de cuyo humor dependen nuestras vidas.

(…) Bush se equivocaba cuando consideró la "economía vudú" un tipo aberrante de economía. En su lugar, es mejor decir que la economía es esencialmente vudú, esto es, una práctica de brujería para producir cambios en lo real. Toda la posmodernidad baudrilleriana cae bajo la égida de la hiperstición. Una inspección superficial de la economía capitalista revela que las creencias, miedos, esperanzas, anticipaciones, y sus potenciales, son inmediatamente efectivos. El término "alucinación consensuada", de Gibson, es tan apropiado para el capitalismo, como lo fue para el ciberespacio para el que se acuñó el término. De modo semejante, el evocador término "cantidades ficcionales" de Deleuze y Guattari, nos da valiosas pistas sobre el carácter esencialmente hipersticional del capital. (…)
Algunos elementos aleatorios sobre la relación entre capital e hiperstición:
(1) Los creditos iniciales de En la boca del miedo, de Carpenter, donde presenciamos torrentes de novelas de horror pulp que van desde las imprentas hacia el mundo con el objetivo de enloquecerlo. Esta imagen captura un nexo hipersticional esencial, una abominación arcaica reanimada a través de la producción en masa tecnocapitalista y el marketing.
(2) Cuando Deleuze y Guattari describen el capitalismo como La Cosa (de nuevo, Carpenter), lo que hacen es precisamente delinear su mecanismo (la toma anorgánica por parte de un alien infiltrado).
(3) El síndrome tecnocapitalista funciona como un sistema mega-armamentístico que invita a la insurgencia shoggótica.
(4) La hiperstición emerge espontáneamente durante la fase del capital en que la economía autónoma comienza a rastrear de manera reflexiva sus propios mecanismos de estimulación (descubrimiento del determinismo neomarxista).
(5) El "'ciberespacio" designa la fase del capitalismo en que la hiperstición devora la economía.
(…) Comenzamos con una cita de Grant Morrison que nos ha invitado a la reflexión: "He estado obsesionado con este mundo corporativo y toda esta cuestión de la magia. Me he hinchado leyendo sobre lo oculto, como decís, en toda su envergadura, y después me he quedado pensando, ¿quién usa realmente la magia? Son las corporaciones, lo hacen todo el tiempo. Los seminarios de programación neurolingüística y todo eso, ¿habéis escuchado esas cintas para practicar la dirección y administración de empresas? ¡Son jodidamente raras! Y están usando logos, están usando esos increíblemente poderosos sigilos para colonizar el espacio imaginario y mediático. Esos tíos usan de verdad la magia a plena luz del día, ¡y nadie sabe lo que están haciendo! Están usando magia a gran escala, de la que cambia el mundo, y pensé que yo debía meterme en eso también. He estado haciendo rituales para dos corporaciones últimamente, y tratando de ver qué podía conseguir con ello, viendo cómo contactarlos y tratar con ellos, qué clase de tratos puedes hacer con ellos...".


En definitiva, el CCRU representa una mezcla muy extraña de filosofías esotéricas y ciencia ficción lovecraftiana, difuminando los límites de la realidad para facilitar la abstracción de los mecanismos sociales y contemplarlos en toda su absurdez. La Hiper-Guerra Fino-Coreana ocurrió y no ocurrió a la vez, depende de quien escriba la historia, y si quien la escribe puede viajar en el tiempo, la puede modificar a placer, porque el tiempo es control social.
Profile Image for David Feneis.
33 reviews
March 14, 2024
El pensamiento vivo, que antaño pretendía ejecutar un movimiento autónomo y libre, más allá de los catalizadores de mortal carne que son los filósofos, fue acrisolándose en una doxografía tediosa y sin vida, la moneda de cambio que circula en el templo. Si Cristo logró expulsar a los mercaderes a latigazos en su época, ahora hace falta un fuego griego que lo reduzca todo a cenizas. A día de hoy no hay acto más filosófico que el terrorismo académico.

(...)

Arponeando a lo que más preciado tienen, su egoidad, la hiperstición no solo se chifla de su rígido sistema de creencia hegemónica, sino que además les muestra que ellos, que se creen las probetas de la verdad y el saber, en realidad ni siquiera son necesarios, porque la verdad, que es eminentemente ficcional, logra escorarse, como el agua, entre las grietas y oquedades de su secta universitaria.

El problema para la hiperstición no es que ellos existan, sino que den caza a todo lo que se pretenda emancipar de la academia; para ellos el problema es que la hiperstición exista. Ciertamente, esta es una guerra más antigua que el propio tiempo, y ganaron en su día, erigiéndose como los únicos portadores de la verdad, que a sus ojos es única, ingénita, imperecedera y simple; solo queda correr el tupido velo que cubre la estatua, o poner dinamita en las puertas del templo de Jerusalén para que se descubra, como descubrieron los romanos, que dentro no hay nada.
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