— EL SILENCIO SÓLO PUEDE ROMPERSE SI UNO VA A DELIRAR —
Unas semanas después de la muerte de Franco, un grupo de personas vinculadas al régimen, temerosas ante unas hipotéticas represalias, deciden huir del país. Al mando de la expedición se encuentra Camilo García Ruidarbo, miembro importante de la Falange, violento y paranoico aficionado a la literatura de quiosco.
Huyen a un balneario en ruinas del Algarve que, poco a poco, bajo la dirección de Camilo, se va transformando en un castillo medieval, un delirio repleto de anacronismos, y él, en el monarca francés Luis XVI.
Para protegerse crean una tapadera, una piscifactoría que se convierte en la fortaleza del castillo y, con el tiempo, en uno de los negocios más importantes del sur de Portugal.
Tres años después de la huida la corona necesita un heredero, y Richelieu, mano derecha del monarca, se dirige a Granada para recoger a Amadeo, sobrino del rey que trabaja allí como camarero. El infante descubrirá un siniestro juego de simulación, un mundo de tramas palaciegas alimentado por la imaginación perversa de su tío.
— INSPIRADO EN LA RESEÑA DEL LIBRO FICTICIO «GRUPPENFÜHRER LOUIS XVI» ESCRITA POR STANISŁAW LEM — ---------------------------------------------- Damián Cordones (Arjonilla, Jaén, 1980) es profesor de Filosofía y reside en Benalmádena (Málaga). Autor de los libros «Submania» (Autoedición, 2016), «La era del espíritu baldío» (Ediciones El Transbordador, 2017), «La hemorragia de Constanza» (Piedra papel libros, 2017), «Descenso al oasis» (Ediciones El Transbordador, 2018), «Metafísica del bosque. Informe de lectura» (Autoedición, 2019) y «El codo de la torcaz» (Ediciones El Transbordador, 2020). ---------------------------------------------- Prólogo: Pablo Batalla Cueto Ilustración de cubierta: José David Morales
Escribir ficción es inventar, mentir, arrasar el mundo para erigir uno nuevo, con sus propias normas y leyes, con su propio monarca. Escribir ficción implica buscar en los lugares más recónditos y extraños para recoger lo que en la realidad, esa realidad triste y gris en la que nos movemos diariamente, no nos sirve, y convertirlo en la moneda que hace latir ese universo con columnas de papel. Si hay un autor que en los últimos tiempos me ha subyugado por su manera de arrugar la realidad y alisarla bajo su particular yugo, ese es Damián Cordones. En Parisia vuelve a hacerlo, aunque posiblemente nos encontremos con una de sus obras más asequibles hasta la fecha.
En esta novela, Cordones realiza un impagable esfuerzo por crear una ucronía, o más bien una anomalía, que escapa de los actuales vaivenes de la literatura nacional. Jugando con elementos culturales bien conocidos, el autor nos traslada a un mundo imaginario dominado por Luis XVI, un trasunto del rey francés que en realidad se llama Camilo García Ruidarbo y que establece un reino llamado Parisia en un pueblo de Portugal. Allí, se produce una de esas mentiras que todo el mundo acepta y que, como suele suceder, se convierte en verdad para todo el que pisa el reino: Parisia es un hecho incontrovertible, un viaje a la corte de Luis XVI en el que todo el mundo interpreta un papel sin cuestionarse nada. Un mundo que es tan ficticio como real. Pero, ¿hasta dónde se puede mantener una farsa? ¿Cuánto tiempo puede durar una obra de teatro en la que los actores se limitan a improvisar?
Esta premisa la extrajo el autor de Vacío perfecto de Stanislaw Lem, una colección de reseñas ficticias en la que aparecía Gruppenführer Louis XVI, el texto que sirvió de inspiración a Damián Cordones, y que en Parisia es exprimido hasta la última gota. De lo que se nos habla aquí es de esa incomunicación tan característica de Lem. Este Luis XVI bien pudiera ser uno de los imposibles extraterrestres que pueblan la obra del polaco, mientras que el reino de Parisia no es más que un planeta que gira bajo unas leyes inaprensibles para nosotros. Más que falta de comunicación, se hace hincapié en la incomprensión, en la imposibilidad de un diálogo que transite en dos direcciones.