¿Qué relación existía entre la Monarquía Española, las repúblicas de Venecia y Génova y los Estados Pontificios? ¿Cómo y porqué se pusieron de acuerdo tras las rivalidades y conflictos anteriores? ¿Era simplemente la otomana una amenaza geopolítica o la posibilidad del fin de la cultura europea? ¿Pretendía el Imperio Otomano adueñarse de todo el Mediterráneo?
La batalla de Lepanto es la fascinante historia de la guerra más decisiva del siglo XVI, cuyas consecuencias han llegado hasta nuestros días. Una batalla que fue mucho más allá de la lucha por el control del Mediterráneo entre algunas potencias católicas y el Imperio Otomano. El autor vuelve a mostrar su profundo conocimiento de la historia. Describe, de forma clara y amena, la caída de Constantinopla y el evidente declive de los otomanos tras Lepanto, especialmente en el terreno naval, factor entonces determinante por ser el barco el medio de transporte más capaz, eficaz y rápido. Los barcos fueron el instrumento fundamental de la expansión ultramarina europea, lo que convirtió a Lepanto en la batalla determinante que salvó a Europa, y cambió el futuro del mundo entero. Agustín R. Rodríguez ofrece una descripción general de los personajes clave, los hombres –y alguna mujer– que allí lucharon, sus buques, las armas y tácticas de la guerra naval de la época, así como el desarrollo de las largas y complejas campañas que antecedieron y siguieron a la crucial batalla. Los escenarios van desde las costas españolas, italianas, del Adriático y del Egeo a las del norte de África y Oriente Medio, sin olvidar los Balcanes, cuya suerte posterior pudo haber sido la de buena parte de Europa, con consecuencias incalculables en la historia de la humanidad.
El autor de este libro es un historiador experto en batallas navales, así que su opinión de que Lepanto fue una batalla decisiva me parece totalmente válida, sobre todo porque respalda su argumentación con un bagaje documental que nos retrotrae a las primeras conquistas de los reyes católicos en el Mediterráneo hasta la disolución del imperio otomano muchísimo tiempo después de Lepanto.
Rodríguez González alaba la tarea de don Juan de Austria, propuesto por el papa Pío V para comandar la flota de la Liga Santa, y quien luego tuvo grandes ideas (o si no fueron suyas al menos las mandó aplicar él) como quitar los espolones de las galeras para poder llevar más y más efectiva artillería, así como conseguir un mando único en una flota bastante heterogénea. Además, tras la batalla de Lepanto, don Juan de Austria repartió el botín de manera proporcional entre todos, poniendo parte de su dinero para que no hubiera desigualdades, liberó a los esclavos cristianos de los barcos enemigos y también a los penados de la flota hispana.
Eso sí, no cuenta demasiado el autor de cómo Felipe II se desentiende de su hermano cuando pide apoyo naval para defender la conquistada Túnez ni cuando don Juan de Austria sueña con ser el rey de dicha ciudad. Por el contrario Felipe II le envía a una Flandes que era un infierno por culpa de su querido Duque de Alba.
El principal error del autor sea quizás amar a ese Felipe II, a quien considera que tuvo una gran política naval, lo que quizás es cierto comparado con su padre, Carlos I, que fue un auténtico desastre en todo, incluso en el mar. De todos modos, como todo buen libro, los argumentos de amor del autor por Felipe se ven siempre chafados por los propios datos, tanto por su apoyo constante a los Doria, a los que él mismo critica constantemente; por su defensa de Sancho de Leyva (inútil hasta para no poder ni siquiera conquistar el peñón de Vélez de la Gomera); por su satisfacción total por los asesinatos masivos de la Noche de San Bartolomé en Francia; por su indecisión absoluta para ser resolutivo (de hecho él no tuvo nada que ver con Lepanto, fue iniciativa propia de don Juan de Austria); por su intento de no dejar hueco en la Historia para su hermano, lo que no consiguió realmente, o por la simplemente apuntada Armada Invencible, que fue todo un fiasco desde su origen a su planificación.
En cuanto a la propia batalla de Lepanto, el autor la explica de manera magistral y casi podemos vivir esa batalla naval, que él mismo considera la tercera mayor de la Historia, tras Salamina y Actum, tanto por las naves y tropas involucradas como por sus consecuencias. De acuerdo con Rodríguez González, los turcos perdieron el 65% de sus buques, lo que no era demasiado preocupante en lo material porque podían construir otros, y de hecho lo hicieron, pero sí en lo humano y en lo psicológico. En lo humano, porque murieron los marinos y los soldados más experimentados, lo que ya no les fue posible recuperar jamás, y en lo psicológico porque hasta ese momento se pensaba que los otomanos eran imbatibles en el mar.
Repasa el autor todas las batallas navales posteriores a Lepanto que implicaron a los dos bandos, y quitando la reconquista de Túnez, por la desidia de Felipe II, ya no tuvieron más batallas victoriosas, más allá de los corsarios y piratas que siguieron siendo muy pesados durante unos siglos más.
Al libro le faltan, al menos en esta edición y no sé si hay otra, mapas y dibujos que apoyen gráficamente todo lo que se cuenta con mucho detalle, como los diferentes tipos de barcos y ejércitos que se utilizaban en aquella época. Eso le aportaría una quinta estrella, sin duda.
Sin duda el clímax del libro llega en su parte final en la que el autor hace gala de su talento para mostrarnos lo que sucede en la batalla en cada uno de los sectores en que se dividió la lucha -el ala izquierda, el centro y el ala derecha- de una manera brillante. RESEÑA COMPLETA: https://atrapadaenunashojasdepapel.bl...
Genial. Completísimo, con todo lo que necesitas saber, pero además hace un análisis sensato y huyendo de lo convenido con los años sobre la batalla. Se nota la capacidad del mejor historiador naval de nuestra época.