Un suceso real. Cuidadosamente ocultado desde la oscuridad de los años cincuenta hasta ahora. Un sacerdote al que una parte de la ciudad consideró un santo. Muchos lo tuvieron por un iluminado. Para otros no pasó de ser un depravado que utilizó la religión para cumplir los deseos más turbios. ¿El altar fue usado para su martirio o para una profanación sacrílega? Elevación espiritual, ceremonias sensuales, matrimonios eróticos, orgías. El secretismo, manejado por el régimen franquista y por la Iglesia, envolvió a este personaje, Hipólito Lucena. Un niño que ingresó en el seminario persiguiendo la sombra de san Bruno, el ascetismo, el silencio, y acabó envuelto en una leyenda de perversión. Esta es su historia. Un suceso real. Cuidadosamente ocultado desde la oscuridad de los años cincuenta hasta ahora. Un sacerdote al que una parte de la ciudad consideró un santo. Muchos lo tuvieron por un iluminado. Para otros no pasó de ser un depravado que utilizó la religión para cumplir los deseos más turbios. ¿El altar fue usado para su martirio o para una profanación sacrílega? Elevación espiritual, ceremonias sensuales, matrimonios eróticos, orgías. El secretismo, manejado por el régimen franquista y por la Iglesia, envolvió a este personaje, Hipólito Lucena. Un niño que ingresó en el seminario persiguiendo la sombra de san Bruno, el ascetismo, el silencio, y acabó envuelto en una leyenda de perversión. Esta es su historia.
Antonio Soler ha sido un escritor muy reconocido por la crítica, pero desapercibido para el público. Ganó el Premio Primavera de Novela 1999 con ‘El nombre que ahora digo’, el Herralde 1996 y el Nacional de la Crítica 1997 por ‘Las bailarinas muertas’, el Andalucía de Novela 1993 con ‘Modelo de Pasión’, el Andalucía de la Crítica 1995 con ‘Los héroes de la Frontera’, y, recientemente, el Premio Nadal 2004 por ‘El camino de los ingleses’. Mejor conocido en su tierra –donde es columnista de EL MUNDO Andalucía-, Soler se ha mostrado más preocupado por mantener el aliento y la tensión en su escritura que por las ventas.
En palabras del propio autor, una novela que ha estado fraguando más de 30 años y que en dos se ha elaborado. Una historia real, contará de la manera que sólo Antonio Soler puede relatarla. Comienza como una especie de memorias de como surgió la idea de la novela, el conocimiento de lo ocurrido con el padre Hipólito. La configuración del mapa sociológico de la época me ha parecido soberbio. La historia da escalofríos, es increíble como no se ha sabido nada de ello hasta ahora. Vivo en el mismo barrio donde ocasionaron los hechos, y aunque había transcurrido cierto tiempo, nunca se ha sabido nada. Menudo perla el "folito". Una gota más para acrecentar mi ateísmo y mi repulaa hacia la institución eclesiástica.
La lectura de su libro “Sur”, un relato coral magistral, fue la que me animó a leer “Sacramento” sin saber bien qué me iba a encontrar.
Un relato apasionante de un cura malagueño, famoso por su entrega y santidad, que ocultaba en su parroquia de Santiago y en las ruinas calcinadas de la iglesia de la Merced unas prácticas “iluministas” que se apartaban de la ortodoxia católica y en las que, parece ser, él creía e hizo que un grupo de sus feligresas creyera con él, el grupo de las hipolitinas, con las que mantenía contactos sexuales: “ama y haz lo que quieras” era uno de sus pensamientos , así como su creencia de que estaba en paz con Dios que repite a lo largo del juicio.
Antonio Soler cuenta en un primer capítulo la razón por la que escribió el libro, fue casi un encargo, por qué tardó tanto en escribirlo (supongo que, además de por la dificultad de recoger la información de un tema que la Iglesia había silenciado, por esperar a que las implicadas en el asunto ya no fueran de este mundo). Luego, en el segundo capítulo, Mapas”, hace un resumen de la España de aquella época, que chirría un poco, habría estado mejor intercalada en el relato. A partir de ahí la narración lineal de la peripecia de este cura se va haciendo adictiva como una novela de suspense.
Me ha gustado la forma de tratar el tema, en tercera persona pero poniéndose en la piel del protagonista, sin condenarlo, a veces con ironía.
Recomano la lectura de l'entrevista que l'escriptor Juan Cruz fa a l'autor a EL PAÍS 20/10/2021 de la que solament en faig aquest apunt: " (...) Es el libro que más me ha costado(...) He escrito una historia real y increíble sobre un cura insòlito (...)"
Aquest capellà Hipolito Lucena Morales (1907-1985) li serveix a l'autor per fer un recorregut biogràfic que, contextualitzant els diferent moments històrics, expliquen un temps, un espai i les seves convulsions ideològiques, humanes. Antonio Soler és personatge de la novel.la que està impregnada de realitat i noms propis. En l'inici del llibre hi trobem el suggeriment d'un projecte, un article, que s'havia d'escriure farà uns trenta-cinc anys. Llavors, es convidava l'autor a posar-s'hi, donar-ne notícia, buscar testimonis. Era un temps canviant on Antonio Soler buscava la seva veu en la seva escriptura : " (...)Debía reconocerme plenamente en la escritura, como cuando corría. Escribir debía ser lo mismo, siempre que corriese en la dirección que yo quería, no por caminos que podían servir para otros pero nunca para mí (...)" (pàg 44)
D'aquesta reconstrucció històrica n'acabem vivint una novel.la de suspens on volem conèixer el desenllaç. Per convidar a llegir-la, aquest paràgraf:
"(...) La orden de los predicadores había tenido fama de ser la plolicía secreta de la Iglesia. Y, según muchos entendidos, y muchos de quienes padecieron sus agudas investigaciones, no debían su etimología coloquial de DOMINICOS al nombre del fundador de la orden , Domingo de Guzmán, allá en los tiempos de la Cruzada albigense, sino al derivado de DOMINI CANES. Los perros de Dios. Aquellos que habían olfateado, rastreado y mordido a quienes desde dentro o desde fuera de la iglesia osaban transgredir sus preceptos. El dogma (...)" (pàg 334)
El padre Hipólito de Lucena fue un cura de la época de Franco que, escudándose en una obra social aparentemente intachable, se montó una especie de harén de feligresas a las que no se sabe bien cómo (aunque el libro trate de eso) convencía a partir de la confesión para que se le entregasen en cuerpo y alma en rituales erótico-litúrgicos de lo más turbio.
No pretendo ser más papista que el Papa en materia de feminismo, pero en este libro, por lo demás magnífico, me falta el punto de vista de ellas, la hipolitinas. Puedo seguir los procesos mentales de Hipólito y la predisposición social que santificaba sus desmanes -el autor ha puesto la mejor de las artes en fabricar ese decorado-, pero no se acaba de entender la entrega sensual de las acolitas (368 «El confesionario era un tálamo al que sus concubinas no dejaban de acudir, de incendiar, un babel de deseo, perversión y desatino . «Toda yo soy una llaga si usted me falta, padre» ). Además, faltan datos: ¿cómo se montaba la estructura jerárquica y organizativa que posibilitará tal sumisión? ¿Era una secta? ¿Una orden?
El texto está plagado de multitud de imágenes bíblicas pervertidas por el enfoque lascivo con el que Hipólito tergiversa la doctrina (269 «el rebaño apacentando en el buen pasto» ) y con las que el autor se esfuerza por ponernos en situación y construir la escenografía. Y repito que, a pesar de el gran esfuerzo que pone en esta sugestión, en la contextualización, cuesta mucho de entender cómo es posible que ellas accedan a las descaradas pretensiones del cura, y más aún que lo hagan con agrado, con pasión libidinosa (273 «él da un paso atrás y la deja vencida, avergonzada y extasiada al mismo tiempo» ), que no les cause repulsión un tipo «meditabundo, lechoso, ligeramente porcino» como parece ser Hipólito. Supongo que hay que imaginarlo como imponente, carismático y muy convincente, persistente, metódico y maquiavélico (275 «Y él, don Hipólito, sigue la pautada liturgia que se ha marcado, sigue el ceremonial que debe impedir que aquello se convierta en una coyunda vulgar, en el desahogo de un rijoso y una atolondrada» ) y por supuesto en un entorno de represión y oscurantismo que favorecía sus excesos. Pero aún así…
En cierto modo veo que el objetivo de la novela, que sería hacernos comprender esos hechos turbulentos, no se ha alcanzado (tal vez sí consigue hacernos participar, de alguna manera), lo que no impide que me parezca una obra muy potente a nivel literario.
El estilo de la novela es difícil, exigente; es a la vez su logro y su tara, mérito y obstáculo. Un estilo poco complaciente, opaco, encriptado, deliberadamente intrincado, torrencial, con gran fuerza expresiva. Una forma de escribir que parece poesía (@entrepaginas_chani). Sintaxis quebrada, interrumpida, exacerbando lo coloquial, pesadilla del traductor.
Durante su lectura me iba recordando bastante al gran “El cordero carnívoro” , intuición que he visto confirmada más tarde de manera explícita (181 «Mal tiempo para el sacerdocio, Hipólito. Mal tiempo para llegar con el báculo a pastorear el rebaño salvaje. El campo andaba revuelto. Los corderos se habían hecho carnívoros y se habían aficionado a morder la sotana, a poner en la parrilla carne de cura» ).
Reflexión: por un lado, curas buenos los hay. Pongo la mano en el fuego. Por otro: para mí el problema de la religión es que me parece… estúpida. ¿Cómo vamos a tragarnos todos esos rollos? Aún peor, el uso que se ha hecho de ella desde y para el poder. Y definitivamente, el celibato me parece una bomba de relojería.
📚RESEÑA📚 “SACRAMENTO”, Antonio Soler (2021). ESTRELLAS: 3.5 ⭐⭐⭐✨
¿DE QUÉ VA? 👀 Un suceso real. Cuidadosamente ocultado desde la oscuridad de los años cincuenta hasta ahora. Un sacerdote al que una parte de la ciudad consideró un santo. Muchos lo tuvieron por un iluminado. Para otro no pasó de ser un depravado que utilizó la religión para cumplir los deseos más turbios. ¿El altar fue usado para su martirio o para una profanación sacrílega?
✨OPINIÓN✨ “Agridulce” me parece que es la mejor palabra para describir mi experiencia con este libro. Empezando por lo positivo. He de admitir que estoy fascinado con el atrevimiento de Antonio Soler, el libro es una representación de lo más oscuro de la religiosidad proyectado en un personaje polémico como lo es Hipólito Lucena, no es fácil cargar con todo lo que implica escribir sobre un tema como este. Y es el propio personaje el pilar más fuerte de la novela, sacerdote aparentemente entregado a sus ideales es descrito con maestría, la pelea entre luz y oscuridad es vista en cada uno de sus actos. Su historia la he disfrutado bastante, analizar sus matices emocionales, aquellas debilidades de un hombre santo o las fortalezas del peor de los pecadores. ¿Es fácil vivir bajo la máscara de la moral? Pasando a lo negativo. La pluma del autor es caótica, los hechos alrededor de la historia del sacerdote Lucena no me gustaron en lo absoluto, cuesta mucho trabajo tener ganas de leer las primeras cien páginas, es como si no se hubiera pensado para el lector promedio, puntos que de manera personal me ha molestado bastante. No puedo decir que es un mal libro, confronta la historia, a las instituciones espirituales, visibiliza las vulnerabilidades del ser humano y eso es sorprendente. Pero es una lástima que su ambición también sea su peor defecto.
Me ha gustado bastante. Más que el tema o la historia, he disfrutado mucho la forma de narrar y la estructura. Juega totalmente con las distintas voces y lo hace de forma magistral. Además el manejo de la lengua que hace es maravilloso. De lo más cultivado a lo más vulgar en ciertos pasajes, pero sin perder ningún valor
Si el objetivo de la literatura es no dejar indiferente, lo logra, pero a base de provocar repulsión y rechazo. Que nadie espere crítica de la institución eclesiástica, aquí sólo aparece la historia de una manzana podrida.
Interesante, quizás una literatura demasiado barroca, pero describe unos hechos luctuosos sin condenar a los sujetos implicados. Una época de España donde se ocultaban las tentaciones o se disfrazaban de misticismo e iluminismo.
Narración situada entre el ensayo y la novela de la vida y obra del controvertido sacerdote Hipólito Lucena. Es un gran estudio de personaje ambientado en la posguerra española, en su sociedad anclada en traumas sexuales y religiosos. Por desgracia le sobra bastante grasa.