Este libro está narrado en dos líneas de tiempo diferentes. En el presente, Alberto Rodríguez reconoce en una tienda a una mujer, a la que vincula con el asesinato de su padre. La última vez que Alberto vio a su padre, fue llorando y empapado en sangre, discutiendo con su madre. Pero esa mujer de la tienda había vivido en casa de los Rodríguez pocos días antes del asesinato, y suponía saber detalles para explicar los motivos de su muerte. Quizás era que el padre era catedrático en la universidad pública de Guatemala durante la época del conflicto armado, cuando muchos docentes desaparecían por estar vinculados a la guerrilla, pero Alberto sospecha que hay algo más, y que esa mujer sabe la verdad. Obsesionado, Alberto la sigue clandestinamente hasta su casa, y así comienza a hilar pistas del pasado y a cruzar caminos con la historia de su padre.
La segunda voz que alterna con la de Alberto, es la de Daniel, el padre, que narra su propia historia veinte años atrás y describe su involucramiento con la mujer, Mercedes Lima, quien resulta ser un puente vital entre el presente y el pasado, y entre Alberto y su padre.
Pasé en suspenso y entretenida a través de este libro, que fue ganador del Premio BAM Letras, tanto así que ya compré otro libro del mismo autor: Los Jueces, ganador a su vez del Premio Mario Monteforte Toledo.