Frente a la imposibilidad de variar el rumbo de una locomotora cabe asumir el destino o saltar de la máquina y echar a andar solo. Andrés Ortiz Tafur eligió lo segundo, y desde la atalaya que conforma la sierra de Segura: el lugar donde lo condujeron sus pasos, nos cuenta la sinrazón que representa emplear todos los esfuerzos en llegar a fin de mes, teniendo toda una vida por delante. “Los más de 80 textos breves que componen esta obra suponen el relato o el tejido de toda una aventura personal y espiritual: la crónica, a fogonazos, de un recomienzo. De fondo, una voz, un denominador común, nos transmite la idea de que, afortunada o desgraciadamente, en este mundo, a los hallazgos y visiones sólo podemos llegar o acceder a través de un vía crucis”. Ernesto Calabuig. “Los apuntes al natural de Andrés Ortiz Tafur –concisos, poéticos y esenciales– dibujan el mundo entero desde un rincón serrano. Al final de la lectura, sientes que llevas todo el día charlando con un buen amigo en la puerta de su casa, y se os ha hecho de noche sin darte cuenta”. Sergio del Molino.
Un libro que nos relata con crudeza y un deje poético la realidad más mundana y diaria que vivimos todos, en especial los que vivimos en lugares parecidos al de Andrés, por supuesto, pero creo que todo el mundo puede ver su situación vital reflejada en algún momento.
Andrés consigue llenar de belleza poética la vida común, sin necesidad de adornarla con caprichos del lenguaje, simplemente relatando instantes de su vida, que perfectamente podría ser la vida de otro.
Encontramos un libro lleno de reflexiones crudas sobre la realidad más cercana. Se nos habla de temas como la muerte, la felicidad, los placeres o el amor, pero todo con ese toque único y especial que siempre aporta Andrés a sus escritos.
Sin duda un libro fascinante escrito por una pluma sublime a su vez. Un viaje intenso y realista por un lugar cualquiera que no es cualquier lugar.
Una recopilación de artículos que refleja sin duda el mundo en el que vivimos. El miedo, el hastío, lo bonito en lo más simple, la hipocresía, el covid, el amor, el paso del tiempo... Gracias una vez más Andrés
Las recopilaciones de artículos de prensa me despiertan ciertas suspicacias, al escribirse cada pieza sin la intención inicial de que formen un todo corren el riesgo de convertirse en variaciones de cuatro elementos tomados de dos en dos lo que, como nos enseñaron en el instituto, supone un número finito de posibilidades por lo que se termina cayendo en la repetición y en la cansinería.
En Jaén tenemos la tendencia, probablemente nos sobren los motivos, a entonar rápidamente en cualquier medio el pobre de mí y en el canto a lo bonita que es esta tierra y hay que ver el poco caso que nos hacen, como Teruel pero sin partido político propio que nos defienda. Por suerte este libro de Andrés Ortiz Tafur está lejos de incurrir en ese fallo y les aseguro que les va a encantar su lectura por mucho que suene raro que tenga casi todas las páginas pares en blanco.
Ha conseguido Andrés dotarse de una voz literaria propia y esa voz, que tan bien ha cultivado en la narrativa corta, consigue trasladarla a sus colaboraciones en prensa, sin que distorsione ni produzca cacofonías. La sierra, sus vecinos, los abrazos, sus miedos, los silencios, el amor, el sexo, las sillas en la puerta, ese proyecto de ventana, las ausencias, los deseos de lo imposible o el repartidor del butano van desfilando ante nuestros ojos, sirviendo de excusa para analizar la actualidad, con la perspectiva y con el acierto que da ver las cosas desde lejos, parafraseando a aquel himno del chunda chunda: Vaya vaya, en la Sierra de Segura no hay playa, ni Leroy Merlín, ni Media Mark, pero tampoco polución, ni prisas, ni agobios, ni gentrificación con vecinos impersonales, ni periferias. Nunca nadie antes que Andrés hizo más por popularizar a Thoreau y desde el ejemplo.
En aquellas tardes otoñales de mi infancia, cuando las tardes oscurecían cada vez más temprano, dediqué muchísimas tardes-noches a mirar un par de atlas y unos fascículos sobre sellos del mundo, aquellas tardes de flexo como ya he contado otras veces, mi madre cosiendo y mi hermana haciendo sus tareas escolares. Y todo ello lo he vuelto a recordar con "Los últimos deseos" de Andrés Ortiz Tafur, un libro lleno de buenos momentos, una mirada a lo cotidiano cómo si lo cotidiano alcanzará entre sus páginas la eternidad contenida. En otros artículos persevera el sentido común esa forma de entreveer lo que sucede a nuestro alrededor a veces avispado y muchas otras amable con la gente que le rodea. Me he sentido como en casa leyendo el libro de Andrés Ortiz Tafur , ahora además que hago mías las pertenencias de mi padre, algún pañuelo hay. Me queda buscar tiempo para ir a Santiago- Pontones, descubrir la Sierra del Segura y tomarme algunas cervezas con Andrés para contarle que de Olivero Girondo me quedo con su "Llorar a lágrima viva". Buen libro para el otoño que nos llega .
Los últimos deseos son 80 textos breves, reflexiones de un escritor que vive en una pequeña localidad - Santiago Pontones - de la hermosa Sierra de Segura. Desde allí, desde el silencio, la tranquilidad, los amaneceres tan diferentes, las conversaciones sencillas con sus vecinos, con la Mari, con los gatos o con el mismo Dios, reflexiona y nos hace reflexionar sobre la vida sencilla y el mundo en general. Sus textos son estampas vitales, retratos al natural de un modo de vida que se va perdiendo. Algún texto que incide en las diferencias entre la ciudad y el pueblo. Hay que leer el relato “El paraíso”.
Es filosofía de vida, es humor, es poesía. También hay incomprensión y enfado según qué temas trate: políticos incompetentes, capitalismo insaciable, maltrato, fascismo, homofobia, ceguera social ante los problemas reales y acuciantes para la sociedad, el amor, las redes sociales y su frialdad, la desinformación, la monarquía corrupta o los recuerdos de la infancia.
Su lectura deja un poso de tranquilidad, como si la paz de esa bendita sierra nos fuera transmitida a través de la palabra y quisiera llevarnos hasta ella para disfrutarla.
El prólogo del escritor Ernesto Calabuig es el complemento perfecto para estos 80 textos.