Escritas entre fines de la década del '80 y mediados de los '90. Son historias de vida, amores y desamores, siempre entrañables, contadas con humor y atravesadas por la violencia, con la mirada única de Hebe Uhart. Estas novelas quedaron a la espera de un tiempo que tal vez sea el nuestro. Beni es la historia de amor de Luisa, un "alter ego" frecuente de Hebe Uhart, con el hombre que da título al relato, en la Buenos Aires de la última dictadura; Leonilda es la historia de una inmigrante del Chaco en Buenos Aires, desde su infancia hasta su madurez; El tren que nos lleva nos acerca otras experiencias de la adolescente y joven suburbana entre los años sesenta y setenta, el personaje entrañable que ya conocemos en otras ficciones de la autora.
Hebe Uhart was an Argentine author born in 1936. She majored in Philosophy at the University of Buenos Aires and worked both as a teacher and a professor. She also taught in literary workshops.
Uhart published six short novels, among which we find "Camilo asciende" and "Mudanzas", and a number of short stories, collected in the books "Dios, San Pedro y las almas" (1962), "Eli, Eli, lamma sabacthani?" (1963), "La gente de la casa rosa" (1970), "El budín esponjoso" (1977), "La luz de un nuevo día" (1983), "Leonor" (1986), "Guiando la hiedra" (1997), "Del cielo a casa" (2003), "Camilo asciende y otros relatos" (2004), "Turistas" (2008) and "Un día cualquiera" (2013). During her last years she wrote the travelling chronicles "Viajera crónica" (2011), "Visto y oído" (2012), "De la Patagonia a México" (2015), "De aquí para allá" (2017) and "Animales" (2018).
Espectacular Hebe! Beni y El tren que nos lleva son como dos cuentos largos que acompañan a la perfección a la joya del libro, Leonilda, está buenísima esa novela, es entretenida, interesante, tiene ese agarre de las narraciones en primera persona que vas viviendo las andanzas de Leonilda y te vas entusiasmando o entristeciendo con ella. Es una novela muy tierna, y muy bien escrita! Beni me gustó mucho, creo que un poco más que El tren que nos lleva que también está muy bueno pero que me aburrió un poco más
Me ha encantado conocer a Hebe Uhart en este conjunto de tres novelas breves. Beni, genial con sus matices y su sutileza, despliega un gran poder de sugerencia en la construcción del conflicto amoroso y es, a mi juicio, la joya de este libro. El diálogo entre la protagonista y el taxista se ha convertido en un chiste familiar y lo menciono cada vez que se habla de alguien que tiene plata o un tractor. Leonilda, mucho más larga que las demás novelas, recrea la coloquialidad del Chaco a través de una mujer que narra una vida con numerosos tropiezos y frustraciones. La autora pone en práctica lo que sugiere en su propio taller (descrito en Las clases de Hebe Ubart) sobre la necesidad de fijarse en cómo habla la gente para escribir con más autenticidad. El tren que nos lleva pone sobre la mesa ingredientes muy apetitosos (una protagonista empática como pez fuera del agua, personajes excéntricos y un ambiente peculiar), pero siento que se queda como aperitivo y nos deja con hambre. A pesar de sus cualidades, se nota que estos tres materiales no fueron concebidos como trilogía y sus estructuras narrativas difieren mucho entre sí.
Linda experiencia la de mi primera Hebe. De las 3 novelitas me quedo por la que compré el libro: Leonilda. Fui en busca de palabras y raices: una mujer del Chaco profundo, sus hombres, sus hijos, el trabajo doméstico con otras familias, el futuro, el hastío, la promesa de Buenos Aires que siempre promete más y aunque da, siempre siempre es otra cosa. La voz de Leonilda es única porque es la de un montón de Leonildas que pocas veces figuran en primera en los libros argentinos que leen las chicas porteñas. Hebe, gracias ♡
Había vencido el feroz escepticismo de los treinta, feroz y cruel por tanta vida por delante sin sentido. Ese estado de ánimo era una prolongación de la juventud.
Mi amiga del pueblo me dijo que se podría hacer teatro en la casa de las monjas, un teatro que reflejara las necesidades y conflictos de esa comunidad.[...] lo mejor que les salía a los chicos era lo que ellos inventaban por su cuenta. Las mejores actuaciones fueron las que representaban el robo de fruta, la borrachera y la discusión con los padres por el permiso para ir a bailar. En las dramatizaciones los chicos hablaban constantemente por teléfono --en el barrio no los había--, pedían whisky --sus padres no lo tomaban--, y yo me preguntaba: ¿refleja la realidad que pidan whisky y hablen por teléfono? ¿Y qué sería la realidad? ¿Acaso yo no sé que la realidad es un invento, que la realidad incluye los deseos? ¿La realidad incluye los deseos? ¿Las monjas verían con buenos ojos dramatizaciones de borrachos, de chicas que se están maquillando todo el tiempo mientras insultan un poco a los padres? Se suponía que yo haría el libreto, pero yo estaba tan imantada por las actuaciones particulares --como los viejos del barrio por los incidentes particulares-- que no me podía hacer ninguna visión de conjunto, ni sabía adónde apuntaba todo eso.